sábado, 23 de mayo de 2015

MANOLETE... su tauromaquia ( Capítulo II )



Con pocos años pasa a vivir en la Plaza de la Lagunilla nº 49, corazón del Barrio de Santa Marina, y a pocos metros del Barrio de la Merced.
Estos dos barrios vieron nacer a toda la torería cordobesa. En aquella casa de la Lagunilla, de fachada color salmón y con el zócalo de gris, se conservaban dos trofeos, que con ansia miraba el niño.
Estos trofeos eran las cabezas disecadas de dos toros. Uno era de " Salinero " de la ganadería de Veragua, con el que tomó la alternativa, el 16 de septiembre de 1900, Rafael Molina Lagartijo, primer esposo de Dª Angustias Sánchez, madre de Manolete.
La otra cabeza era de " Yegüerizo ", perteneciente a la ganadería de don Estaban Hernández, lidiado el 15 de septiembre de 1907, día de su alternativa, por Manuel Rodríguez Sánchez " Manolete ", segundo esposo de Dª Angustias Sánchez y padre del Califa de Córdoba que también llevaría el mismo nombre, apellidos y apodo.
Dª Angustias Sánchez estaba casada con Rafael Molina " Lagartijo Chico " el 25 de marzo de 1903, del que pronto quedaría viuda, el 8 de abril de 1910.
El 3 de noviembre de 1912 contraería de nuevo matrimonio con Manuel Rodríguez Sánchez " Manolete ", con aquella larga dinastía de toreros, bajo el cielo de aquel ambiente taurino, cuna de toreros, como fue el Barrio de Santa Marina y el Campo de la Merced, dentro de una Córdoba sultana, en la que todavía se paseaban por sus calles dos " Califas " de la torería como fueron  Guerrita y Machaquito ; aquel chiquillo no podía ser otra cosa que torero.
Aquel niño pronto vive su primera tragedia, aunque tiene poca edad ; la pérdida de su padre también le marcaría, tenía entonces 5 años.
Su madre doña Angustias Sánchez Martínez, nació en Albacete, el día 5 de abril de 1881, en la calle de la Cruz número 16 y fue bautizada en la Parroquia de San Julián.
Los padres marcharon a Córdoba cuando tenía 4 años, por eso ella se consideraba cordobesa.
Del primer matrimonio nacieron dos hijas : Dolores y Angustias, y del segundo, Teresa, Angela,, Soledad y Manuel, que con el paso del tiempo haría célebre el apodo de su padre " Manolete ".
Cuando quedó viuda por segunda vez, doña Angustias tenía a su cargo a seis hijos, todos de temprana edad.
Doña Angustias consigue con más o menos fatigas, sacar adelante a los pequeños ; siente predilección por uno, el único varón y el menor de todos; este al cabo de los años, se convertiría en el timón del hogar.
Tampoco Manolete fue un inculto, y hasta de medio pensionista, en el colegio cordobés de los Padres Salesianos.
Fue estudiante aplicado. Le agradaban más las Letras que las Ciencias ; prueba de ello es que por la historia tuvo una enorme afición.
Escueto en el hablar, escucho mucho más que conversó. Rasgo tipico suyo fue el practicar silencios profundos.
Todos coinciden en opinar que desde muy niño transmitió y encarnó un permanente mensaje de melancolía, de tristeza infinita, de timidez reiterada.
Asumió desde chiquillo cuantos sacrificios fueron necesarios para alcanzar la meta de su propio destino, que a sí mismo se señalo como objetivo de su vida.
Manuel, no gozó de eso que llaman una infancia feliz. Una pulmonía puso en peligro su vida, siendo aún muy chiquitito. Su madre temió perderlo.
Pulmonía de la que salvó la vida, pero que le dejó secuelas para el resto de su existencia. Como el padre, no disfrutó de salud abundante.
Siempre le agradó la buena mesa, y los dulces, le encantaban los postres cordobeses, e incluso uno que se hace con hojaldres y cabello de ángel le pusieron el nombre de " manoletes ", en recuerdo de lo mucho que le gustaban.
En el álbum familiar las fotos de la primera comunión. Vestía traje azul de pantalón corto.
Se guarda como oro en paño una del día que debuta en Córdoba Domingo Ortega. Era de las primeras veces que fue a los toros. No es cierto que el maestro de Borox lo colara en la plaza. Estuvo en el tendido con uno de sus primos, pudo comprar la entrada con unas perras que le dió su padrino de pila, su tió.
Si, es cierto que un día le riñó el Guerra. Se lo contó Manolete a K-hito. Esto lo publicó en Digamé, el 4 de enero de 1944 :
" Yo - dice Manolete - solo hable una vez con el Guerra. Habíamos entrado varios chicos en una finca suya a coger bellotas.
Yo estaba sentado en el suelo comiendo una bellota, cuando ante mi las manos de un caballo que frena. Alce temeroso mis ojos. ¡ El Guerra !
- ¿ Qué " jases " tú ahí ?
- ¿ Yo ?..... Pue......., comiendo una bellota.
- ¿ No sabes que no son tuyas ?
- ¿ No, señó, no.
- Pues vete de aquí.
- Si, señó, si.
- Y no  güervas má "
- No señó, no.
Este curioso diálogo fue el único sostenido entre las dos grandes figuras del toreo.
¿ Verdad que hubiera sido oportuno el haber fotografiado tan senequista coloquio ?
Algunas fotos muestran al zagalillo poco fuerte. El mismo Manolete dijo a K-hito en la misma entrevista.
" Yo sólo veía un bocadillo de jamón en los bautizos. En la época de mi crecimiento no pude alimentarme en la forma debida. Y ahora no consigo nada con comer lo que como. En algunos sitios para molestarle, me llaman tisico, Me han examinado muy afamados doctores en medicina, y yo no tengo nada de pecho. Pero sí una atonía instestinal, producida por alimentación escasa cuando mi organismo requería otra más abundante.
En la entrevista contaba a K-hito :
Del colegio salí a los doce años. Había ingresado a los nueve. Yo fuí siempre un chiquillo muy pegado a las faldas de mi madre. Tenga usted presente que el único varón de la casa era yo. Entonces volví a juntarme con mis parientes, chicos de mi edad o algo mayores : Curro Camará, que no sé porqué le llamabamos Curro, pues su nombre es Rafael ; Manolito Rodríguez, mi primo, hijo de Bebe Chico ; Guillermo que ahora es mi mozo de " espás " y otros.
Ellos sufrían la manía perturbadora del toreo. Yo iba a enfrentarme con la vida dura. En mi casa continuaban, ¡ cómo no habían de continuar ! las estrecheces, aunque no en el grado que dicen por ahí. Estrecheces de la clase media cuando no hay un jefe abastecedor. Porque ¡ hay que ver la delgadez mía ! ¿ Cómo podía yo pensar en ser torero con mis pocas fuerzas y aquella cara tan triste ? ¡ Si me salía por el cuello de la camisa ! Hablaban los otros de tentaderos y yo los oía hablar como quien oye llover.
( Continuará )







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