jueves, 12 de abril de 2018

DOÑANA LA MARISMA (CAPÍTULO II) )




Estamos en la Puebla del Río.... en la puebla de Morante.
Una calle con el nombre de los Hermanos Peralta, la peña Bética, la peña cultural sevillista, la asociación de los amigos del Sáhara, y justo enfrente del Ateneo Libertario, el bar " El Burladero ". Y un poco más arriba, pasada la ermita de San Sebastián, la sede de la peña de Morante.
¿ Qué queda en la memoria de los cigarreros sobre su construcción identitaria donde el espíritu libertario desempeñó un papel predominante ?
¿ Qué representa para los cigarreros su torero predilecto ?
La familia de Morante vivía en la parte baja del pueblo. Era de las más humildes de la Puebla. Rafael, el padre, trabajaba en una fábrica de arroz. En septiembre de 1988, cuando José Antonio tiene que torear por primera vez en público con apenas diez años, el alcalde de entonces quiso colaborar. Prestó la banda de música al empresario de Villamanrique de la Condesa. Y puso a disposición de los vecinos que quisieran ir en autobús gratuito. Morante estuvo enorme y eclipsó a los chavales que alternaban con él. El viernes siguiente, mientras la banda de la Puebla ensayaban, vieron llegar el Renault 9 del padre de Morante. El padre y el hijo bajaron y sacaron del maletero una merienda para todos los músicos : papas cocidas y cinco botellas de plástico con vino tinto. Rafael se excusó por no poder traer más : es todo lo que puedo hacer para daros las gracias, dijo.
A partir de esa día, todo el pueblo siguió los esfuerzos de esta familia.
El padre recorría las calles con un altavoz para anunciar las novilladas. Luego, con José Antonio, pegaban carteles mientras que la madre iba de puerta en puerta para vender las entradas de los festejos y del autobúa. Y como José Antonio posee el don del toreo, el fenómeno aumentó.... Años más tarde, después de haber lidiado de forma benéfica seis toros en un festival organizado en la plaza portátil de la Puebla. Morante invitó a todos los vecinos a comer. Se le quiere, pero también él a nosotros. Lo demostró. " Ver a esta familia, tan modesta, pelear para permitir que su hijo se elevara por encima de su condición, emocionó a todo el pueblo ". Del barrio de arriba al barrio de abajo. Morante encarnó entonces una causa, un ejemplo de ascenso social a traves del toreo, igual que lo hizo Belmonte o El Cordobés cada uno en su época. Si Morante consiguió movilizar a su pueblo y goza allí de una auténtica veneración es también, y sobre todo, por la calidad de su toreo. Ismael Terriza Angulo no tiene dudus sobre ello.
Procedente de Castilla León hace cuatro generaciones, su familia aportó a la Puebla la artesanía que hoy representa la fuente de su gloria : sillas vaqueras y zahones hechos a mano por los que, tanto jinetes como toreros, riñen. Los zahones fueron inventados para los pastores de la zona de León. que los ponían para protegerse de las zarzas. Los jinetes los adoptaron más adelante y su abuelo bajó a la Puebla a causa de la demanda.....El caballo era el único medio de transporte en la marisma, la silla de montar y los zahones, las primeras herramientas de los jinetes. Para coser los zahones, sólo sirve el hilo fabricado con piel de gato, que ha demostrado ser indestructible.
El abuelo de Ismael se ganó un sobrenombre " Matagato ".
Después, las diversas ramas de la familia " Matagato " se repartieron la tarea, fabricando los zahones en un taller donde hasta el Rey de España acudió para que le tomaran medida.
El taller se encuentra decorado con cuadros de Rafael " El Gallo ", Joselito, Belmonte, Manolete, Paula.... y Curro, por supuesto todos clientes de la casa. " Mi padre tuvo a Curro como torero de su generación..... yo heredé a Morante.
Desde pequeño José Antonio siempre fue raro..... No asocial. Raro. Es lo normal de los grandes artistas. Morante nació torero.Esa manera de ir y salir del toro, de bailar con él, de estar en la plaza.... El hecho de haberse convertido en un torero grandioso no le ha cambiado.
Conserva amigos de sus comienzos, las mismas costumbres. A menudo viene aquí a mirar cómo trabajo, incluso si al día siguiente torea en Sevilla..... Viene por las mañanas a escuchar a mi padre, que le habla de los toreros de su juventud.
¿ Mi padre siempre fur partidario de Pepe Luis Vázquez y Currista con carné ! Y ahora lo es de Morante. José Antonio le escucha sin decir nada y luego se marcha. Es un genio. Todos los genios son un poco raros. Por otra parte, un detalle no engaña. " Su depresión es la mayor prueba " Esto aquí no sosprendió a nadie. Sólo esperábamos que mejorase. Y cuando, unos meses después se supo que había toreado una vaca en el Rancho El Rocío, la noticia voló como un reguero de pólvora hasta el pueblo....¡ Morante vuelve a torear ! Tras un año conteniendo el aliento, La Puebla empezaba a respirar.
La primera visita de Morante al taller, recuerdo a un crío tímido. No me pidió zahones hasta después de tomar la alternativa. De las paredes del taller, las numerosas episodios de la vida de Morante cuelgan cogidos por alfileres : carteles, fotos, recortes de prensa. Rememora los comienzos de José Antonio : " Fue Leonardo Muñoz, el padre de Emilio Muñoz, quien lo descubrió al verlo torear en la calle con otro crío de su misma edad. Le preguntó a su padre si su hijo quería ser torero y así empezó la cosa. Y, como no había dinero en su casa, todo se hizo a base de sorteos, de fiestas.... El pueblo entero se implicó en la causa.
Por todas partes donde toreaba, dos o tres autobuses del pueblo, le seguían ¡ Y si era cerca de aquí, el pueblo entero !
Rico y famoso como es, habría podido irse a vivir a Sevilla. Pero no. Está siempre aquí con nosotros, continúa paseando a su perro, camina por las calles comiendo un helado, se para a charlar con los jubilados.
A dos calles de donde nació, en el barrio bajo de la Puebla, Morante ha construido una casa de dos pisos donde vive ahora, con piscina, patio sombreado, gimnasio en el que practica toreo de salón. " La gente le recomendó construir su casa en la parte alta del pueblo, allá donde viven los más afortunados del pueblo. Pero no quiso.
Que quede claro : Morante no es sevillano. Es de la Puebla, tierra orgullosa de sus heridas, donde el torero extrae la universalidad de un canto profundo, triste y glorioso.
El padre de José Antonio iba a las novilladas de la Maestranza y lo ponía encima de sus rodillas.....Cuando se hizo un poco mayor le pedía que se acurrucara para parecer más pequeño.Pero un día los porteros dijeron que había que comprarle una entrada. Pero al niño le encantaba acariciar el traje de los toreros. Y un día le pidió a su padre uno. Tenía tres años. Si tu hijo quiere ser torero, hay que ayudarle como el que quiere estudiar. El padre lo intentó cuando era joven. Vivían en una choza en la marisma y había escondido una vieja muleta en un matorral. Su padre le dio tal paliza al padre de Morante que renunció pronto.Entonces prometió que, si tenía un hijo, no se lo impediría. Nadie sabe hasta dónde puede llegar un crío.Cuando vi su afición, le construí un carretón para que pusiera banderillas.
Entonces Leonardo Muñoz le dejaba paquetes de entradas y tenía que venderlas..... Todo empezó así... Le dió un infarto en plena calle a las tres de la mañana a fuerza de pegar carteles y de vender entradas puerta en puerta.
Al Puerto llevó nueve autobuses, llenos hasta las trancas cuando hizo falta, no le dio vergüenza pedirle un traje a Valderrama.
La alternativa lluviosa tomada el 29 de junio de 1997 en Burgos, firmada por Miguel Flores, taurino madrileño que había reemplazado al padre de Emilio Muñoz. Sin embargo, con apenas 12 corridas al final de esa temporada, la suerte del apoderado madrileño quedaba sellada. el 21 de abril de 1998, para su presentación de matador Morante fue anunciado en Sevilla, corta dos orejas a un toro de Gavira. Algunos meses más tarde, Morante acaba la temporada con 68 corridas y 94 orejas en el esportón. Su carrera despegaba. El 17 de octubre, para agradecerle a la Puebla su apoyo, lidió seis toros durante un festival benéfico cortando ocho orejas y tres rabos y sus vecinos le llevaron a hombros hasta su casa.
" El toreo es sentimiento, profundidad, verdad..... Procuro enganchar al toro alante y conducirlo, con la muleta abajo y en redondo, lo más lento posible. Lo que intentó es la pureza absoluta. Grabar en la retina de los aficionados imágenes inolvidables.
Portador de la gracia andaluza y seguro de su pureza, el único espejo que le sirve a Morante es el mismo : Se nace torero, pero después se aprende a torear... a encontrar el toreo propio.... Al principio, con becerras, resulta difícil. Éstas van muy rápido.... no se siente.... no se controla nada. Pero, poco a poco, uno se va percatando del ritmo, aprende a dominar los elementos y se comprende que el toreo es mucho más importante, el toro se vuelve una prolongación de tu cuerpo. Te entregas a tus sentimientos.
Sentirte triunfador a través de tu cuerpo y tus sentidos te regala una satisfacción total.
( Continuará )




martes, 20 de marzo de 2018

DOÑANA LA MARISMA ( CAPÍTULO I )




En el siglo XVIII, el Consejo de Sevilla vende a Fernando Sierra La Abundancia, Rincón de los Lirios, Vuelta del Cojo y Poco Abrigo. Allí fundará la ganadería de Pérez de la Concha. El resto de la Isla se vende al Marqués de Casa Riera con el compromiso de canalizar y desecar el terreno para comenzar a cultivar. En 1797, el Coto de Doñana es propiedad de Cayetana de Silva, Duquesa de Alba, gracias a su matrimonio con el duque titular de Medina Sidonia y enviudar en junio de 1796. Durante la primavera de 1797, la Duquesa recibe en su palacio de Sanlúcar la visita de Goya, y ambos viajan hasta Doñana, donde se hospedan. Diecisiete años antes Goya había pintado su   "novillada ", y veinte años más tarde grabará su Tauromaquia. No obstante, en Doñana, rodeado por los toros de la Duquesa, que pastan en la marisma y se lidian en las distintas plazas, Goya pinta a Cayetana vistiendo de duelo.
En el siglo XIX, surgen en la marisma las ganaderías de Miura, Saltillo, Pablo Romero, Ibarra, Parladé, Santa Coloma, Concha y Sierra, Anastasio Martín y algunas más. Los vazqueños de los tatarasobrinos de don Vicente José Vázquez en Hato Blanco y los gallardos de Pablo Romero al lado, en Partido de Resina. Ambas propiedades contaban con miles de hectáreas entre marisma y monte bajo, donde llevaban el ganado cuando el agua cubre las tierras bajas.
Un estilo de vida, bello y duro a la vez, une a los hombre marismeños en una misma cultura y, cuando acompañan a sus toros a las ferias, los tenaces conocedores de las ganaderías merecen la admiración de los ciudadanos.
En 1927, sin haber podido llevar a cabo sus proyectos las tierras que compró el Marqués de Casa Riera las venden a la Isla del Guadalquivir, S.A., que comienzan a sembrar arroz y a colonizar la zona antes de quebrar
En plena Guerra Civil, Franco encarga a Queipo de Llano que desarrolle este cultivo del arroz con el fin de abastecer a la zona nacional, ya que los arrozales valencianos han quedado en la parte contraria.
Los Escobar y los Campos son los pioneros en esta iniciativa y, al cabo de los años, también se convertirán en ganaderías de bravo, mientras que los históricos se arruinan o se marchan.
La marisma del Guadalquivir desde Sevilla discurre por Sanlúcar la Mayor, Gelves, Coria del Río, La Puebla del Río, Trebujena y Sanlúcar de Barrameda.
En 1963, se materializa la compra de las 6700 hectáreas de Doñana, con el propósito de hacer un Parque Nacional.
El Parque, nacido en estos mismos latifundios, desarrolló un plan de conservación selectivo que dejaba de lado sus tradiciones más bellas, entre ellas los toros.
La huerta del Algarrobo, urbanizada hoy en su totalidad, en el número 2 de la antigua calle de la Fuente, en Gelves, fue el primer escenario donde se coció la Edad de Oro del Toreo.
Allí a seis kilómetros de Sevilla y a unos doce de la Puebla del Río, vivió la familia de Fernando " El Gallo ", a quien la casa de Alba le había concedido un puesto de guarda para que pudiera mantener a los suyos. Se le consideraba uno de los primeros toreros con sello artístico de mucho repertorio y grandes conocimientos, y tuvo en su cuadrilla, nada menos, que a Rafael Guerra " Guerrita ".
Pero, una vez retirado de su profesión de torero, la economía familiar no estaba para tirar cohetes. Cuando su hijo mayor Rafael, cumplió seis años, don Fernando mandó construir una placita de toros, a la vera de su casa para enseñarle todo lo que él sabía. Y mientras crecía Rafael, fueron uniéndose a las clases su hermano Fernando y hasta el pequeño José, que con dos añitos ya estoqueaba a sus hermanos bajo la mirada del padre, que falleció ese mismo año. Con trece años Rafael encabezó una cuadrilla de niños toreros donde ingresó un muchacho cordobés anunciado como " Reondo ", el futuro " Machaquito ".
Para la gitanería de la huerta de Gelves, Rafael tenía un destino marcado : sacar a todos los Gallos de la penuria donde sobrevivían. Justo antes de fallecer, Fernando llamó a una de sus hijas, le pidió papel y pluma, y trazó las siguientes lineas : " A mi compadre " Guerrita ". En la hora de mi muerte que no deje sin pan a mis hijos. Se lo pide moribundo su compadre ". Y el Guerra atendió esta petición ayudando en lo que pudo - y podía mucho - a Rafael.
En una entrevista que le realizaron años más tarde, Rafael habló así sobre su familia en los tiempos de la huerta de Gelves : " Mi madre se llamaba Gabriela Ortega. Hablaba de toros mejor que un hombre y eso que no fue nunca a ninguna corrida ; pero tuvo tres hijos toreros. Y su marido también lo fue. Fernado " El Gallo " mi padre. Aqui en Sevilla, la conoció. Ella bailaba y fue una bailadora muy buena. Mi madre no era gitana. Su padre sí. Mi abuelo era gitano hermano del célebre banderillero " El Cuco ", que estuvo colocado con El Tato y con Frascuelo. También tuvo otros dos hermanos banderilleros
Mi padre Fernando fue veinticuatro años matador de toros y tomó la alternativa en Sevilla. Pero la perdió al meterse a banderillero. Después volvió a tomarla, de nuevo en Sevilla. Mi padre llegó a torear 82 corridas en aquella época y toreó diez años en el abono de Madrid. Cuando se retiró tenía una Escuela de Tauromaquia en la plácita de la huerta de Gelves, chiquita, pero a la que no le faltaba detalle. Mi padre ha sido el mejor aficionado que he conocido yo. A Rafael le tocó mantener a los suyos, proeza que consiguió gracias a su evidente talento. En una de las visitas que recibió en la huerta para admirar al joven torero de quien ya se hablaba, se fijó en su hermano menor, Joselito, que con 4 años " ejecutaba " con una destreza impropia varias suertes del toreo.
Los escritores que contaron la infancia del futuro coloso, en su manifiesto deseo por contraponer las figuras de José y Juan, pintaron al primero como el niño mimado de una dinastía torera, y al segundo como un medio maleante harapiento y hambriento. Lo cierto es que Juan iba de furtivo a los tentaderos de la marisma, y José de invitado.
En aquella época la familia Gómez ya no vivía en Gelves, sino en Sevilla. Sin embargo, fue en Gelves, a las puertas de la marisma, donde le construyeron a José el monumento que todavía Sevilla le niega. Un siglo después de su muerte, en la ciudad aún recuerdan que tuvo la oisadía de construir una plaza Monumental en el barrio de San Bernardo para que el pueblo pudiera verle en masa sin necesidad de aumentar el precio de las entradas. Y esto, a los Maestrantes, no les sentó nada bien.
Con la expansión de Doñana y la creación de la reserva biológica del Guadiamar, los marismeños han tenido que reciclarse. Su modo de vida ancestral ha desaparecido, y la Venta de Cruces, antaño punto de encuentro entre vaqueros, jinetes, ganaderos, conocedores y toreros, ahora acoge a los ciclistas ecologistas que vienen a fotografiar a los patos. Esta lamentable evolución está a punto de arruinar el alma de la marisma.
La salida de las ganaderías de la marisma es un conjunto de circunstancias distintas en cada caso, pero en la mayoría de ellas otras razones influyeron más que la transformación del paisaje. Aunque hay que reconocer que producir arroz sale más rentable que criar ganado bravo.. Cazar, pescar, y pastorear son actividades hoy prohibidas. El único que puede cazar a su antojo es el lince ibérico.
Pasado Coria, La Puebla del Río y la Venta del Cruce, el camino se hunde hacia las tierras del arroz. El cortijo de los Peralta, El Rancho El Rocio se situá a la izquierda, las ruinas de los Pérez de la Concha más allá a la derecha. Cinco mínutos más y aparece Isla Mínima, con su imponente cortijo blanco de los Escobar, donde Mauricio Soler Escobar cría sus Gracilianos
La Venta del Cruce como un puesto fronterizo, marca el principio de la marsma. Por encima de la barra, se elevan los dos tótems de la comarca : Los Peralta y Morante, estamos en la Puebla del Río.
( Continuará )







martes, 6 de marzo de 2018

GÓMEZ CARDEÑA




Gómez Cardeña, cortijo típicamente andaluz donde la cal-sazonada con el ocre de los poyetes domina todos y cada uno de los edificios que se distribuyen a lo largo de su extensión, conservando, eso sí, ese aire que le imprimió uno de los grandes toreros, Juan Belmonte, exponente máximo junto con Joselito " El Gallo " de la " Edad de Oro del Toreo ".
La campiña de Utrera, manantial y cuna del toro bravo está a tiro de piedra de Sevilla.
En 1934 Francisco de Borja de Silva y Fernández de Henestrosa, marqués de Zahara, se la vendió a Juan Belmonte. Tiene una extensión de 1341 hectáreas.
El porche de arcos precede a la entrada a unos de los salones principales. Hay que franquear una imponente reja - traída de otra de sus fincas, " La Capitana " . - Copiosamente forjada que, desde dentro, deja entrar los rayos de sol describiendo, curiosas figuras en la solería gastada de color rojizo.
El dibujante y pintor andaluz de Coria del Río, Andrés Martínez de León, y magistral captor con su lápiz de la figura de su amigo Belmonte, expuso en una sala de la calle Sierpes, de Sevilla, una pintura de ese campo andaluz, inspirada en una sugerente composición, ante la que el maestro Juan Belmonte paró largo rato como ausente y sin mediar palabra.
En el centro de esa composición titulada : " Cielo anubárrado y lleno de presagios, con luces precursoras de tormenta "........ se encontraba un jinete caído, inerte en el suelo - al parecer muerto -, contemplado desde muy cerca por el toro causante de la caída presto a arrancarse de nuevo, y, desde otro angulo, por su propio caballo en una actitud más que nerviosa, de desesperación, ante la nula posibilidad de defenderle. Y el autor del cuadro, al percatarse del interés que había suscitado esta dramática escena en Belmonte, le pregunta : "¿ Qué te parece el cuadro Juan.... ? ". Al no recibir contestación alguna por parte del maestro, insiste....
- ¿ Me estás escuchando, Juan... ?
- Sí, sí. te escucho.... Pero dime. ¿ de dónde has sacao esa idea, Andrés.....?
- No sé.... Las ideas a veces vienen solas, Juan, ¿ acaso no te gusta.... ?
- Sí, hombre, claro que me gusta. Precisamente has plasmao en el lienzo un deseo que siempre tuve.
- Explícate un poco mejor, Juan....
- Olvida eso.... Pero te voy a confesar una cosa que ha de quedar aquí entre tú y yo.
- Descuida, Juan.
- Ya que no se me concedió la gracia de morir en el ruedo como José, hubiera querio hacerlo como ese jinete en el campo de Gómez Cardeña : a caballo, y a garrocha en mano.
- No desearía otra muerte, Andrés. Pero sé que esto es mucho pedí......
El cuadro, este de Martínez de León, en el que están representados los cuatro elementos soñados por Belmonte : el campo, el caballo, el toro y la muerte súbita de un jinete. No es extraño que subyugara tan profundamente el maestro... Lo raro, es que esa pintura, no se la quedara Belmonte.
Visitando Gómez Cardeña sin querer la mirada se fija en esa puerta que cruzó tantísimas veces el maestro.
Un poema - muy sentido - se viene preguntando si la tremenda decisión del maestro no sería más que una huida.... ¿ Acaso del " toro marrajo de la vejez ", ¿ del manso de la melancolía ?  "del negro y largo de la soledad del torero ".
El de aquella noche que, abandonado en el pescante de un coche, sintió por primera vez la angustia de la soledad.
El de la cara de aquel desdichado que, colgado de una soga en la tapia del Convento de Santa Clara, puso a prueba su valor.
El de la impotencia y frustración cuando, apartado en un rincón de su casa, no le dejaron acercarse al cadáver de su madre antes de que se la llevaran para siempre.
El de aquella noche que, a la luz de una vela, pasó cosiendo un traje de luces con el convencimiento pleno de que al día siguiente iba a morir.
El de la mirada perdida de su caballo, agonizando al pie de un muro.
El de haber incumplido la promesa de su vida, hecha a don Ramón.
O ¿ por qué no ? el del jinete del cuadro tendido en el campo con las espuelas puestas y mirando hacia arriba con los brazos abiertos, como si quisiera abrazarse a las estrellas justo en el instante que su alma emprendiera camino a la eternidad.
Juan Belmonte llegó al toreo y lo hizo con un viejo principio rondeño de quietud - fundamental, aunque por muchos motivos quedara hasta entonces inédito.
Pronto se percató de que ese nuevo instrumento que aportaba a la tauromaquia era el mejor hilo conductor de esa energía espiritual que descubrió en su interior bajo el cielo de Tablada, y el medio ideal para implantar aquel toreo que nació en sus cerrados.
Para fijar un toro primero hay que verle, y así, entendiendo su embestida, poder absorberla para que quede tendida en el engaño. De esta forma, Belmonte conseguía lo que no conseguían los demás toreros : fijar el toro desde el principio hasta el final de la suerte, e incluso que esta fijación no se rompiera en el remate final de la misma, lo que le permitía " recoger " al toro y continuar toreando sin interrupción.
Pasados los años, cuando en aquella última tarde abrileña la luz iniciaba su inexorable declive, Juan Belmonte, desde su sillón de Gómez Cardeña, escucha largos clarines.... Y al levantar su mirada con cierto aire de escepticismo, se percata de que su " último toro ", mostrenco y de extrañas hechuras, ya está en la " arena " del salón.
Su casta torera le mantiene tranquilo, y recuerda entonces " que casi todos sus triunfos los había logrado con ese " último toro " que sale del chiquero cuando ya va cayendo la tarde, y el sol se sale del anillo para perderse en los gallardetes.
Es justo la hora de sus triunfos..... Pasan unos angustiosos instantes, y no sabe ver ese toro de tan distinta condición. De pronto, le parece oír la voz de Calderón que, empujándolo con disimulo por detrás, le dice : ¡ hay que pararlo ya, Juan !
Pero el maestro duda.... Y sin moverse de su sillón, se preguntaba : ¿ me quedará, acaso, tan sólo un ápice de temple en el corazón que me ayude a intentarlo ?
El maestro, con el alma abandonada ya a su suerte, como la tarde en su inexorable caída, se pregunta : ¿ es preciso parar este último toro en el atardecer de mi vida ? ¿ vale la pena malgastar el poco temple que me queda intentándolo ? ¿ no sería mejor emplearlo para que no me tiemble la mano cuando levante este maldito " juguete "
Por eso, esa hora del atardecer era la hora de Juan Belmonte. Una hora, en la que el obligado traspaso de umbral que separa la luz de la sombra despertaba en su alma el deseo de cumplir con el sino común de todos los hombres, traspasando otro umbral más transcendente : el que separa la vida de la muerte.
En esa tarde abrileña, llegada esa hora solemne, su hora, Juan traspasó ese umbral en el salón de Gómez Cardeña, de donde decía al hablar de ella, que era un sitio como para morirse allí.....
Con lo que el maestro trianero ganó en una sola temporada, compró Gómez Cardeña.
A su muerte, el caserío de Gómez Cardeña quedó dividido en dos partes : la que corresponde al salón y placita de tientas quedó en manos de su hija mayor, Yolanda, y la otra, la que da al patio de caballos a su hija menor Blanca.
El hijo mayor de Juan, Juan Belmonte Campoy, no tuvo participación en esta finca, heredó " El Chorreadero ", un hermoso cortijo en Zahara de la Sierra.
El día antes de su muerte estando con su amigo Andrés Martínez de León, se la anunció, sin que Andrés se diera cuenta, estaban sentados en " Los Candiles ". Casualmente pasó por allí el periodista López Grosso, quien dirigiéndose a Juan, dijo " A ver cuándo me da usted una buena noticia taurina pa La Hoja del Lunes. ¡ Pero una noticia bomba, que yo me luzca...! ¡ Y Juan, encogido en su asiento, le contestó : " Pue quizá mañana..... o pasao.....le de una completamente bomba.
¿ Quiso despedirse de la vida enfrentándose a un toro de verdad ?
¿ Quería que el toro le matara ? ¿ Desistió ante el temor que solo le lastismara y pasara por loco ante sus empleados del cortijo.
¿ Una vez más, el crepúsculo, tuvo mucho que ver en la soledad del torero ?