lunes, 2 de julio de 2018

LA CASA DE " LOS GALLOS "




En un ABC, de noviembre de 1916, me encontré un reportaje que realizaban a la casa de " Los
Gallos " :
Sentía una viva curiosidad por conocer al torero más allá de la plaza de toros, en su casa, en su ambiente, entre sus amigos ; algo más intimo, menos teatral que las tardes de corrida, en las que todo es falso, desde el traje de relumbrón hasta la alegre sonrisa, desde la gallardía de una figura estudiada compuesta hasta el valor no menos estudiado y afectado.
Quise además conocer al torero en las faenas de campo, en el acoso y derribo de las reses, complemento de la vida del lidiador. Y vine a Sevilla, aprovechando una ocasión en la que todo esto se me ofrecía.
He visitado la casa de " Los Gallos ", Joselito nos servía de cicerone.
- Éste es el despacho de Rafael y éste es el mío.
Son las dos primeras estancias con que tropieza el visitante, después de trasponer la escalinata y antes de llegar al patio.
Joselito tiene en su despacho una enorme caja de caudales ; Rafael, no . Rafael tiene una caja de reloj sin reloj. Además de los retratos familiares, comunes, en ambas estancias, hay en la de Rafael un cuadro de Roberto Domingo, en el que se copia una tarde de desastre taurino. Es una plaza de toros. El público, en actitud airada, trata de arrojarse del tendido al ruedo, y en éste, el Gallo pincha desesperadamente en el cuello de un toro que sangra por todas partes ; al fondo se ven los cabestros, que salen para llevarse al toro al corral. Es un cuadro graciosísimo, que revela el humor de Rafael que lo exhibe en su despacho.
Entre los objetos taurinos que decoran la estancia hay una hermosa cabeza de toro con las dos orejas cortadas. Fue del primero que mató en Valencia después de la grave cogida de Algeciras ; un buen ejemplar de Pablo Romero
El despacho de Joselito es moderno, es el despacho de un torero, predomina la nota taurina, tiene toda la afición que su dueño. Encima del sillón hay un documento del año 1881 en el que se reconoce previlegio de alternativa a las plazas de Maestranza de Ronda y Sevilla. Firman el acuerdo Antonio Carmona, Manuel Domínguez, Lagartijo y el Tato. En la pared hay tres cabezas de toros la del centro tiene una oreja cortada, la primera que se cortó en La Maestranza, es del toro Cantinero, de Santa Coloma. Las dos extremas son de los toros de Miura que mató Joselito el 29 de septiembre de 1915, la tarde anterior de los seis toros de Santa Coloma.
- Ésos son los dos toros que he matado más a mi gusto - dijo Joselito - ; como usted ve, eran dos buenos mozos, y además tenían mucho que matar, particularmente el colorado. Fueron los que me prepararon el triunfo de la oreja ; por eso tienen esa colocación.
Y siguió José refiriéndonos la historia que tenían el resto de todas aquellas cabezas disecadas.
Llegamos a un caso curioso.
- En este toro estuve fatal.
- ¡ Cómo !
- Como usted lo oye, fatal ; corté la cabeza por curiosidad.
Era del Duque de Tovar. Viendo un día la ganadería con el duque le llamé la atención sobre un toro que sobresalía de todos por su enorme tamaño. " Duque, al que le toque ese mozo, ya va servido. ¿ Para dónde lo destina usted ? " Para ninguna parte - dijo Tovar _, porque desiguala mucho ".
Y en una de las ferias que toreó José estaba el toro en cuestión, lo dejan de sobrero y al inutilizarse uno del lote de José, sale el toro grande, era enorme con un poder como José había visto pocos y con siete gatos en la barriga. Como le he dicho estuve fatal, y me la gané. Conservo la cabeza por la serie de circunstancias que concurrieron desde que le vi en la finca hasta que le arrastraron.
La capilla donde reza la madre las tardes de corrida. En ella se venera la imagen de la virgen de la Macarena.. El manto que luce se lo regaló Joselito por aquella cogida de San Sebastián en la que gracias a una medalla de la Virgen, que llevaba colgada en el pecho, le libro de una cornada.
Cuando salimos al patio contiguo a los despachos paraba en la puerta de la casa un coche de corte andaluz, tirado por cuatro mulas con cascabeles.
- Ahí está Rafael - dice José al oir los cascabeles.
Aún tarde un rato Rafael en entrar en la casa. Le han detenido una gitana que le pide dinero, otra le entrega una carta al pasar.
Los necesitados que vigilan la casa se agolpan alrededor del torero.
Pino Montano, la finca de Rafael, es el juguete de un torero. Es un trozo de tierra sevillana, que sirvió de pretexto para hacer una miniatura de la plaza de toros de Sevilla.
Este recuerdo de la Maestranza es el orgullo de Rafael El Gallo.
El ruedo es semejante. Hasta la arena rojiza, esa arena que parece un amasijo de sangre y oro, que deslumbra como la gloria y ciega como la pasión ; esa arena la vemos también en la placita de Pino Montano, y es el detalle que el torero hace observar al visitante.
- ¿ Verdad usted que es igual que el ruedo de la Maestranza ?
- Igual, Rafael.
Y con esa contestación ya os habeís ganado su voluntad.
Esta plaza la ha hecho Rafael por romanticismo ; apenas si torea en ella, pues, aunque se lidia más en Pino Montano que en la mitad de las plazas de España, quien torea es Joselito.
Rafael en Pino Montano se nos antoja un maestro de ceremonias ; pero un maestro de ceremonias que imprime a su misión todo el gracejo y la picardía que le salvan de la ira del público en las tardes difíciles.
Desde que adquirió Rafael la finca, no salieron de ella los albañiles, y aún no ha podido construir una acondicionada estancia para pasar la noche. Todavía no se ha podido saber si lo que quiere el propietario es edificar o buscar un pretexto para dar unos jornales.
Adosada a la plaza está la noria, con su gran alberca coronada por varias macetas de claveles, que son estas flores uno de los mayores cuidados del torero. Después el establo de vacas de leche, y aquí sale otra vez la característica de abandono y liberalidad de Rafael.
El negocio de la leche lo tiene planeado para ganar cinco duros diarios, y, a pesar de tener buenos ejemplares de ganado y una buena producción, los cinco duros de ganancia no aparecen por ningún lado. Un día es una pobre mujer que ha dado a luz y no puede criar al niño ; otro un compadre enfermo ; y repartida la leche entre los clientes necesitados, ésta es la hora que Rafael no ha podido vender ni un cuartillo.
Por esto le gente adora a Rafael. Por esto se explica que se preparara un banquete para celebrar la estupenda campaña taurina de Joselito y en realidad el homenaje fuera para Rafael. Si yo no lo hubiera presenciado, no lo creería ; pero lo visto no admite dudas. Los brindis más aplaudidos fueron aquellos en que más hablaba Rafael, y cuando se tocaba el tema del toreo del calvo, con verdadera ansiedad y expectación se imponía silencio, diciendo : " Callarse, que va a hablar Rafael ". Lo mismo ocurrió con la sesión del cinematógrafo. La parte de película que reproducía las faenas de Rafael fueron las más jaleadas, y cuidado que una de las faenas de Joselito fue a base de seis pases naturales seguidos, de los que uno valía por todos lo de Rafael. Pero la vida de este torero está hecha para comprobarlo asomarse a la verja de su casa, verle caminar por las calles de Sevilla, seguido de elogios, cortado el paso por el afecto y el cariño. Aquí el partido de Rafael es un partido de fanáticos ; pero fanáticos intransigentes, que no sólo no admiten discusión acerca del ídolo, que ni siquiera reconocen ni dan cuartel a los partidarios que Rafael se granjeara en el curso de los años taurinos.
Rafael es el hombre de los propósitos, de los negocios soñados sin realidad, y uno de estos sueños es Pino Montano. Como planeó el negocio de la leche, con la misma ingenuidad que lo planeara la lechera de la fábula, también me habló del negocio de la naranja.
_ Aquí está mi porvenir - decía, y lo decía en serio - No hace falta saber de números. Tengo unos 700 pies de naranjos ; puedo plantar hasta 2000 ; cada pie, por poco, deja una media ; cada media vale dos duros ; luego son 4000 duros.
¿ No es eso ?
Exacto.
- Ponga usted otro 4000 de maíz y otro 2000 de leche.
Todavía hace cuentas con la leche.
Esta tarde, mientras Rafael hace los honores y deja correr su fantasía de negociante, su hermano José y su cuñado Martín Vázquez han matado en la plaza de Pino Montano dos toros de Benjumea.





jueves, 21 de junio de 2018

LOS CABESTROS




Los cabestros, también denominados bueyes o mansos, podrían definirse como machos castrados que, formando paradas, acompañan al ganado por dehesas y corrales, conduciéndolos en los encierros, apartados y enchiqueramientos, arropándolos, rodeando las reses y obligándolas a seguirlos, evitando de esta forma que algún animal salga de la manada y se desmande.
Antiguamente los propios toros que resultaban mansos en la tienta eran castrados y convertidos en bueyes. Esto, como pueden imaginarse, tenía un grave inconveniente, y era que, de alguna forma, desprestigiaba a la ganadería en cuestión, y tanto más si el número de ellos era considerable y, sobre todo, si los bueyes resultaban buenos, ya que se catalogaba a la misma como " buena productora de cabestros ". Por otro lado se daba la frecuente y desagradable circunstancia de que estos animales solían arrancarse y embestir ante el más mínimo acoso a todo lo que se moviera, llegando a producir heridos e incluso muertos.
Los cabestros han supuesto uno de los principales objetivos del oído del toro bravo, y no es este, precisamente, su sentido principal, ya que le es de escaso uso. Prácticamente sólo lo utiliza para distinguir aquellos ruidos que le interesa conocer, como pueden ser los cencerros de los cabestros en la oscuridad.
El cabestro es utilizado en las ganaderías para aprovechar la característica del toro bravo de vivir en manada, que también les sirve para su cría y explotación. El manso es imitado y seguido por el de lidia hasta el punto de convertirse en su auténtico conductor, lo que le pone de manifiesto la timidez de este, su instinto social de manada y, por supuesto, la aceptación de su defensa  en cuando se separa de ella, ataca y se violenta con todo lo que le entorpece o impide su querencia. Ese seguir los movimientos de los cabestros permite al mayoral y al resto del personal de la ganadería realizar todas las maniobras dentro de la dehesa sin cuyo concurso serían, si no imposibles, sí muy difíciles de ejecutar.
La doma se produce a los catorce o quince meses de edad, una vez que han sido castrados, si bien hay cabestreros que consideran la edad ideal entre los dos y tres años.
Estos animales no tienen por qué proceder de la raza de lidia, es más habitualmente tienen su ascendencia en razas de retintas de Andalucía y Extremadura, la morucha salmantina, y por supuesto en los berrendos que tan frecuentemente comtemplamos en las dehesas de bravo y en las plazas de toros.
El tipico ejemplar de cabestro de la raza morucha es de cabeza huesada, con cuernos largos y retorcidos, dirigidos hacia arriba y hacia atrás ( cornivueltos ), duros de patas y rústicos, grandes, vastos y feos de hechuras. Tienen los ojos saltones y de gran vivacidad, como corresponde a su temperamento marcadamente nervioso.
Los berrendos en negro, jaboneros, castaños y colorados, no son moruños puros, pues proceden de antiguos cruces; son resistentes y duros de pata, ofrecen gran rendimiento en el manejo de bravo, a la vez que vistosidad.
La denominación de berrendo se hace aludiendo al color que se alterna con el blanco de la pinta, suelen ser berrendo en negro, berrendo en colorado o berrendo en castaño.
Cuando la procedencia del cabestro es del ganado de lidia, esa pequeña dosis de bravura que les queda tras la castración puede ser interesante, hasta el punto en que llegan a erigirse como guías de la parada y pueden manejar los animales más difíciles de la manada. Pero lo habitual es escoger animales de capas berrendas, en negro o en colorado para distinguirlos bien en el campo, y, por lo general, todos del mismo color.
La castración produce unos efectos secundarios muy significativos. En primer lugar la tendencia al engorde y al volúmen, con un significativo cambio de temperamento, volviéndose los animales apacibles, dóciles y tranquilos. La piel se torna más gruesa y los cuernos experimentan un aparatoso desarrollo.
Se utilizan dos técnicas para la castración. La castración a testículo abierto corte en corona o longitudinal, y a testículo cerrado, utilizando las pinzas Burdizzo o el lastrador.
El primer método es, hoy en día, el más utilizado.
C. Sanz Egaña decía el profesor veterinario en su libro, el toro imita al cabestro. Este instinto de obediencia que tan determinante e imprescindible fue tiempos atrás, cuando los traslados de reses e incluso ganaderías enteras habían de hacerse " al paso ", por cañas reales y cercados, aprovechando generalmente la templez de la noche, continúa siendo necesario hoy en día.
Que bonito es ver trabajar a una parada de cabestros bien adriestados cuando el cabestrero les demanda, con la única orden de una voz o un simple silbido, como nos deleita Florito tantas tardes mayoral de la Plaza de Toros de Las Ventas.
Qué duda cabe de que se precisa mucho tiempo y dedicación para adiestrar bien a una parada de cabestros, pero los mayorales saben que vale la pena esa inversión de tiempo por los resultados que va a obtener.
No todos los cabestreros poseen las mismas características. Estas diferencias son decisivas a la hora de clasificarlos para que ocupen la posición adecuada dentro de la parada.
Los más nerviosos y ligeros serán los encargados de abrir el camino acompañando al caballo del mayoral. Estos serán domados en este menester durante varios días, teniendo la precaución de que no sean maltratados ni hostigados bajo ningún concepto, aunque al principio realicen mal las operaciones encomendadas, pues, para su correcto adiestramiento, los cabestros deben ser acariciados.mimados y llamados por su nombre, de tal forma que se sientan seguros y disfruten con la compañía del caballo y el jinete.
A los bueyes de estribo se les enseña a acudir a las puertas de los cercados y los encerraderos, así, un par de veces por semana, los cabestros los sitúan en la plaza para que aprendan a obedecer las voces que deben relacionar con las puertas.
Es importante la correcta colocacíon de los cencerros. No todos los cabestros llevan el mismo tipo. Los de estribo, por ejemplo, más que un cencerro, lo que llevan es una campanilla colocada en un ancho collar de cuero. Los de caballo y tropa portarán cencerros pequeños y los de zaga son a los que se les colocan los más grandes y de sonidos más broncos, siendo los animales de más peso, más lentos, y destinados a recoger los toros que pretenden volverse. Al conjunto de cencerros se les denomina en algunas zonas el alambre. El mayoral aprovecha el momento en que se coloca el cencerro para bautizar al buey que aún no tiene nombre concreto, y lo hace utilizando palabras llanas, de fácil pronunciación, generalmente cuatro sílabas.
Los cabestros sufren en su vida infinidad de accidentes de trabajo ; a muchos de ellos se les sale el fémur al entrar al galope en los corrales, victimas de los empujones tremendos, o de los toros que los lanzan contra las esquinas de las puertas, cuando no los cornean. A otros hay que matarlos porque se resabian, no obedecen, no guardan la disciplina. Por lo general, al cumplir los quince años se llevan al matadero y se sustituyen por aquellos más jóvenes, que irán aprendiendo junto a los viejos sus quehaceres, siempre procurando su repetido pelaje en berrendos, mucho blanco, para que desde lejos el ganadero, vaquero, cabestrero, sepan, de un golpe de vista, donde están.
Sólo para algunos cabestros buenísimos, superiores, a los que se les reserva un final de lujo ; pasar al servicio de los corrales de las grandes plazas. Cerrajero, un cabestro de Santa Coloma fue vendido a los veinte años para la plaza de Valencia. Se sabía quedar atrás como nadie.




sábado, 2 de junio de 2018

EL SUEÑO DEL ABUELO




Abuelo, llévame mañana a los toros. Nunca me llevas. Veremos a ver si hay entradas. La corrida de mañana es la del Domingo de Resurrección en la Maestranza y se suele poner el cartel de " no hay boletos ". Y yo voy a los toros mucho pero sin pagar reventa. Para el abuelo fue una auténtica satisfacción que su nieto le pidiera que lo llevara a los toros. Además, si lo conseguía aficionar, ya tendría compañía asegurada en muchos años, ya que con sus hijos no había conseguido inculcarles ni un ápice de afición a los toros, a pesar de sus innumerables intentos.
Antes de las diez de la mañana, ya iban abuelo y nieto camino de la calle Adriano, a las taquillas de la Maestranza. A lo largo del Paseo de Colón fueron numerosos los reventas que les ofrecieron : " para esta tarde, sombra, tendidos bajos, que no hay en taquilla ". Al pasar por la Puerta del Príncipe, se detuvieron : -¡ Cuántas ilusiones ha suscitado esta puerta ! - dijo el abuelo. Salir por ella, en volandas, es el sueño permanente de todos los toreros.
- Abuelo, ¿ por qué se llama la Puerta del Príncipe ?
- No lo sé exactamente. Luego lo miramos en casa en los libros que hay en la biblioteca. Lo que sí te puedo decir es que los que han salido por esa puerta me han deparado las mayores emociones de mi vida. He visto salir en hombros a tantos : a Antonio Ordóñez, a Manolo Vázquez, a Curro Romero, a tantos y tantos - añadió con infinita nostalgia el abuelo.
En la Maestranza para salir por la Puerta del Prncipe hay que cortar, por lo menos tres orejas en la misma corrida. En el resto de las plazas, la costumbre es salir por la puerta grande con dos orejas. En Sevilla también existe la llamada puerta principal, por la que pueden salir a hombros habiendo cortado dos orejas.
Ya estaban frente a la taquilla. Todavía no habían abierto. En la cola más de cincuenta personas. - Parece ser que hay baile de corrales - dijo uno de los de la cola -. Ayer, en el previo los veterinarios echaron tres para atrás, y están trayendo más toros del campo.
Abuelo, ¿ y por qué los echan para atrás ?
- Dos por falta de trapío, y otro parece que tenía un pajazo en un ojo - contesto el señor de la cola.
- Y qué es un pajazo - preguntó el niño.
- Es una mancha a modo de cicatriz, en la córnea transparente del ojo de los toros producida al rozar con las cañas de los pastos de la dehesa - respondió el abuelo.
- Niño, ¿ sabes lo que es el trapío ? - preguntó el señor de la cola metiéndose en la conversación.
- Pues que el toro es grande - respondió.
- No es exactamente eso - puntualizó el abuelo -. El trapío es más bien, cómo te diría yo para que me entiendas, pues mira.... como la buena planta. Un hombre puede tener buena planta y no ser grande. Armonía, proporción en todos sus miembros. Eso es un toro con trapío.
Les llegó el turno en la taquilla, el abuelo pidió dos gradas del 3 o del 5.
- No señor . respondió el taquillero. La sombra está casi toda abonada. Tengo dos tendidos de sol y sombra.
- Buenas son. Total, ahora en abril, un par de toros al sol se aguantan bien.
Abuelo y nieto salieron andando hacia la Puerta del Arenal.
- Vamos a llevarle a la abuela churros calentitos para desayunar.
Encaminaron sus pasos hacia la churrería de Juana y se llevaron una rosca.
- Hay que ver que caros son los toros en Sevilla. En Madrid son mucho más baratos.
Cuando llegaron a casa, antes incluso de desayunar, fueron a la biblioteca a consultar el tema de la Puerta del Príncipe. El abuelo tenía un libro sobre la Maestranza. De la consulta dedujeron que la Puerta del Príncipe se integraba en el conjunto arquitectónico con el Palco del Príncipe, y servía de acceso a éste. Se construyó para el primer hermano mayor que tuvo la Maestranza, el infante Don Felipe de Borbón, hijo de Felipe V.
Los churros ya se habían enfriado y la abuela hubo de calentar hasta tres veces la leche para el   "colacao " del nieto y el café de su marido.
Cuando llegaron a los corrales de la plaza, todavía no había terminado el reconocimiento.
- Abuelo, ¿ no me dijiste que el apartado empezaba a las doce. Son las doce y media y todavía no ha empezado.
Estan terminado de dar el visto bueno a los sobreros.
- ¿ Los sobreros para qué sirven ? - preguntó el niño.
- Los sobreros están destinados a sustituir a algún toro que pueda inutilizarse en la lidia.
- Y los toros que devuelven a los corrales, ¿ puede curarlos y utilizarlos otro día ?
- No, en absoluto, una vez han salido al ruedo y devueltos, es obligatorio apuntillarlos.
Ven - dijo el abuelo -, vamos a acercarnos a ese grupo de banderilleros, que están haciendo los lotes.
- Yo creo que el 57, es el más terciado, debe ir con el 14, que es el más descarado de la corrida.
- De acuerdo, - terció el apoderado.
El mayoral de la ganadería se quitó el sombrero y se lo ofreció al presidente para realizar el sorteo.
Una vez sacaron del sombrero las papeletas con el lote de cada matador iniciaron la operación del apartado y enchiqueramiento de los toros.
Una vez enchiquerados, el público se marchó a comer y las cuadrillas a informar a sus matadores.
Con antelación después de comer con la abuela, emprendieron el camino a la plaza. La liturgia de los toros debe de empezar en la forma de ir a la plaza.
A medida que iban acercándose a la Maestranza, la riada humana iba haciéndose más densa y el bullicio mayor.
Al llegar a la plaza sintieron el fogonazo de luz que despedía la fachada de la Maestranza. Entraron en el recinto y, antes de subir recogieron sendos programas de mano y adquirieron almohadillas.
A la hora en punto, el presidente sacó el pañuelo blanco, ordenando el comienzo del paseíllo. Se abrió el portón y aparecieron a caballo dos jinetes ataviados con ropas negras y un sombrero con plumas.
- Abuelo, ésos son los alguacilíllos, ¿ no ?, ¿ de qué van vestidos ?
- Van vestidos a la usanza del tiempo de Felipe IV. Como ves llevan una capa corta, cinturón ancho de cuero con hebilla para sostener el calzón y botas elásticas. El sombrero es de tipo chambergo, con alas recogidas y con plumas de colores como adorno.
- Y para que sirven.
Tienen un papel simbólico y otro real. El simbólico es el de hacer el despeje de plaza, pues antes existía la costumbre de que el público se paseara por el ruedo antes de comenzar el festejo. Son los encargados de, también de recoger de la presidencia la llave de los toriles. Su función real, hoy, es servir de transmisor de las órdenes del presidente y del delegado gobernativo en el callejón, así como de entregar los trofeos a los matadores que los consiguen.
Se abrió el portón y apareció uno de los desfiles más vistosos y brillantes que pueda uno imaginarse. Los tres espadas franquearon la puerta y se pararon a unos dos metros de la misma.
La banda de música del Maestro Tejera, comenzó a tocar el pasodoble Maestranza Sevillana. Se inicia el paseo. Hay algo de superstición y mucho de rito religioso en ese momento. De superstición, en cuanto que es normal tocar madera y fijarse con qué pie se inicia el paseo. De rito religioso, en esa mirada atrás de los maestros hacia las cuadrillas, " que Dios reparta suerte ".
Detrás de cada uno de los tres matadores - en linea se situaron, por orden de antigüedad, sus tres banderilleros y después los picadores a caballo.
Cerrando el cortejo, los monosabios, los areneros y las mulillas. Según fueron llegando debajo de la presidencia, el presidente les hizo un saludo con inclinación de cabeza, los toreros cambiaron la seda por el percal.
- Abuelo, ¿ qué hacen esos toreros toreando al aire ?
- Están toreando al miedo. No, están quitando las arrugas del capote, que ha estado plegado, tanteando el peso, y , sobre todo, estan calmando los nervios ; unos por estar impacientes por que salga el toro ; otros porque en ese momento les gustaría que no saliera nunca.
- Abuelo, ¿ volvemos el domingo ?, la sonrisa del abuelo al nieto lo decía todo.... su sueño, se había cumplido.







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