jueves, 30 de diciembre de 2021

MURUBE ( Capítulo 1 )


 

El 10 de junio de 1863, Dolores Monje, viuda de Francisco Murube, adquirió su ganadería. Durante medio siglo, bajo el nombre de dos viudas, primero Dolores Monje y luego su nuera, Tomasa Escribano, pero bajo la dirección de Joaquín, hijo de Dolores y marido de Tomasa la ganadería de Murube se convertiría  en la cuna del toreo moderno.

Franqueada la encrucijadas de Dos Cabezas, a la izquierda del camino hacia Cádiz, el cortijo de La Cobatilla, situado en una de las cimas más altas, domina este océano de colinas inmóviles. Desde la cumbre de este nido de águilas al que barren los vientos, la aguja de Santa María y el campanario de Santiago asoman a lo lejos, delimitando a sus pies  los barrios altos de Utrera.

Pepe Murube Ricart es un ganadero importante, se lo debe a su antepasado Lucas Murube Llerena, nacido en Ollauri, en La Rioja, en 1761, el cual aprovechando de las primeras desamortizaciones del siglo XVIII, bajó a instalarse a Los Palacios, a dos horas a caballo desde Utrera. Existe una leyenda difundida por algún vecino envidioso de su vertiginoso éxito, cuentan que al arar uno de sus campos, Lucas Murube habría descubierto una vasija colmada de monedas de oro.... A la sombra de los grandes colonos que entonces monopolizan las mejores tierras de Utrera. A sus hijos Francisco, Juan José y Faustino, les lega un capital de 23000 reales y los derechos de arrendamiento como colonos. el menor de ellos, Juan José, prefiere la vida de notario a la del arado y el surco, pero el mayor, Francisco Murube Álvarez, nacido en Los Palacios en 1792, continúa como agricultor tomando en arrendamiento nuevas tierras que conseguirá comprar merced a las desamortizaciones. Al momento de contraer segundas nupcias con Dolores Monje Roldán en 1839, el inventario de sus tierras muestra un capital de 1443200 reales, así como cuatro cortijos de los que es propietario, para un total de 1100 hectáreas, entre los que se encuentra el de Juan Gómez, que había sido muy codiciado por los ganaderos de principios del siglo XIX. Este solo hecho demuestra la importancia que llegó a tener este Murube de la segunda generación. También posee 200 bueyes, capital indispensable para trabajar tantas tierras. Por el contrario no existe señal alguna de tener " toros bravos ", y hay una buena razón para ello. Las actividades de ganadería de bravo, constituyen un mercado cerrado, y las vacadas más destacadas no cambian fácilmente de dueño. Para que eso ocurra, hacen falta circunstancias excepcionales, como que alguien muera sin heredero ( el caso de Vicente José Vázquez ), o que se presente una bancarrota ( el caso de Vistahermosa ), Francisco Murube ha observado todo esto desde la distancia, indudablemente porque no se considera lo suficientemente fuerte como para competir con el Rey en persona y adquirir una parte de la ganadería que había dejado a la muerte de Vicente José Vázquez en las tierras de Juan Gómez, ni para enfrentarse al famoso Barbero de Utrera, quien le llevaba veinte años de edad, para hacerse con una parte de la ganadería de Vistahermosa.

Pero, porqué no pensar también que Francisco Murube fue simplemente un agricultor quien, lejos de ceder a la tentación de la gloria de ganadero de bravo y a veces ruinosa, prefirió ocuparse del arado y labrar tierra toda su vida, viendo crecer año tras año el fruto de esta labor, de la que sus catorce hijos de un primer matrimonio, su viuda y otros cuatro hijos del segundo matrimonio, serían los herederos en 1856 año de su muerte : 5349593, es decir un incremento del 370 % en 17 años.

Entre las nuevas adquisiciones de Francisco Murube está el cortijo del Toruño, colindante con el de Juan Gómez, con 600 hectáreas que dedicó a cultivos, y de los cuales habían sido arrendados antes que él a Vicente José Vázquez en 1830 y José Pedro Picavea de Lesaca en 1831.

Según se cuenta doña Dolores Monje no era para nada una viuda frágil, al contrario, tenía una mano de hierro. Compra más de 2.000 hectáreas de tierras entre Utrera y Los Palacios, y el 27 de abril de 1863 adquiere la ganadería brava de Manuel Suárez Jiménez que la había heredado de su padre, el cual en 1829 le había comprado algunos machos a José Pedro Picavea de Lesaca.

Dolores Monje, el 10 de junio de 1863, un mes y medio después de su primera compra le agregó un tercio de la ganadería de Arias de Saavedra y Ulloa ( 309 cabezas de ganado ), compra que se complementó en 1864 con un nuevo lote de 200 vacas y 50 machos del mismo Arias de Saavedra.

La aventura ganadera de La viuda de Murube daba así comienzo. El debut fue en Ronda el 24 de mayo de 1864, la viuda de Murube,  se granjeo una prometedora reputación, en la placa de la cabeza de "Marismeño" figura que tomó 51 varas, mató a once caballos, y murió desangrado en el segundo tercio. El público exigió la vuelta al ruedo del toro, en una crónica de la época se le calificó como - toro de bandera -.

Un siglo y medio después de las hazañas de " Marismeño ", los toros procedentes de la ganadería de la viuda de Murube han cambiado bastante, cosa que admite su nieto en cuarta generación.

Joaquín Murube Monje, hijo de la primera viuda de Murube y marido de Tomasa Escribano, quien administraba la ganadería en aquel momento en que su madre se la vendió a la familia Urquijo, y finalmente José Murube Escobar, nieto del anterior, quien volvió a comprar la ganadería sesenta años después. Por lo tanto, su hijo y actual propietario Pepe Murube Ricart, es el cuarto Murube ganadero.

Sobre la puerta de la antigua plaza de tientas en el Toruño, hoy propiedad de la familia Guardiola, se encuentra un azulejo que recuerda que Dolores Monje debutó allí. En las tierras de Juan Gómez su hijo Joaquín Murube Monje comenzó a refinar la casta bruta de sus toros condesos, para llegar a obtener la nobleza y clase legendarias que más tarde poseerían los toros de Murube. Siempre dominado por su terrible madre, quien por nada del mundo hubiera cedido su sitio en los carteles, fue hasta su muerte      ( 1884 ), cuando Joaquín se convierte en el único responsable de la ganadería, después de vender con sus hermanos la mitad de la misma a Eduardo Ybarra, el cual aceptó la oferta con la condición de que uno de los hijos de la viuda se ocupara de la ganadería, tarea que le tocó a Faustino.

Joaquín Murube Monje, quien era el ganadero de facto desde la compra de la ganadería por su madre, fue entonces capaz de demostrar su total valía.

( Continuará )

Desde aquí quiero agradecer a mi amigo José Joaquín Diago el facilitarme las fotos que aparecen en esta biografía de Murube.








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