jueves, 8 de noviembre de 2018

EL SUEÑO DE " SER TORERO "




Sueño, es imaginar, una cosa que es improbable que suceda, que difiere notablemente de la realidad existente o que solo existe en la mente, pero que pese a ello se persigue o se anhela.
Cuando un chaval acude con sus mayores a presenciar sus primeros festejos taurinos, sale fascinado de los mismos : el olor de los capotes, el cielo azul de una tarde de toros, los aplausos al torero, y desde  entonces una idea se mueve en su interior " ser torero ".
Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son, como decía Calderón de la Barca, pero lo cierto, y sobre todo en la juventud, " soñar no cuesta dinero ".
Ser figura del toreo es muy difícil, casi un milagro, la prueba la encontramos en una Escuela Taurina de cada mil alumnos, solo tres o cuatro llegaran a la meta.
Pero aparte de la gran dificultad para llegar a la cima con fama y gloria, a casi todos lo que lo consiguen se cruzó en su camino " cierto personaje " - listo y oportuno - que podríamos considerar clave en su carrera. Por citar solo dos ejemplos, " Camará " lo fue para Manolete y " El Pipo " para  El Cordobés, estos hombres clave con la indudable ayuda del torero hacen posible la figura del toreo.
El 26 de junio de 1874, nació en Sevilla quien había de ser el peón de confianza de Antonio Montes, cuya fidelidad hacia él fue mucho más allá del día de su muerte : después de acompañar a sus restos mortales desde México hasta Sevilla - en un vapor que al arribar el 18 de febrero de 1907 fondeó en la escalinata de San Telmo, supo inculcar su tauromaquia a unos chavales de Triana que nunca le vieron torear. Una labor abnegada, preñada de romanticismo, que significó, a la postre, un paso trascendental en el devenir de la historia del toreo. Su nombre, José María Calderón.
Pues bien, en el caso de Belmonte ese hombre fue Calderón. Y a tenor de los resultados, surge la duda : ¿ hubieran sido famosos esos toreros sin sus hombres clave ? Dificil cuestión.....
Lo que si se sabe es que de todos los toreríllos de Triana que cruzaron a nado el río para torear furtivamente en Tablada, sólo en Juan vio Calderón al mismísimo Montes ; y desde el primer instante en que le viera con una muleta en la mano en el Altozano toreando de salón, tuvo la premonición de que estaba ante el predestinado que el toreo reclamaba para cambiar el devenir de su historia.
Cuentan que Calderón, basándose en su buen " ojo clínico ", antes de que le viera ante una res ya tenía tal fe en él que se erigió en su mejor e incondicional panegirista. Así en cuantas tertulias había en Sevilla hablaba con tal pasión del " fenómeno " que había descubierto. En una de ellas, justo cuando unos viejos aficionados estaban comentando las excelencias del gran califa de Córdoba
" Lagartijo ", Calderón, jugándose su prestigio, los dejó a todos perplejos cuando intervino, diciendo : " Si, si, " Lagartijo " era muy güeno, pero como Dermonte....". A lo que un contertuliano, encarándose con él, le pregunto :
- Pero vamos a vé, José María, ¿ nos podrías tú desí quién es ese Dermonte ?
- Un chavea que está empezando.
- ¿ Empezando, dise ? ¿ Y tú crees que un chavea que está empezando pué se meó que " Lagartijo " ?
- Vosotros desí esto porque no lo habéis visto, pero si lo vierais.....
- Y.... ¿ tú lo has visto atoreá arguna ve ?
- Sí, sí, claro.....
- ¿ Y dónde ha sío esto ? Porque aquí naide se ha enterao....
- Pue.... allí en er Altozano, dándole cuatro muletaso a un amigo.
Obsesionado con el muchacho, Calderón insistía hasta extremos de pasarse de machacón a su padre siempre que podía. Hasta que un día, mientras apuraba unos chatillos de vino , le dijo :
- A ver si te enteras de una vez,compare : el futuro de tu hijo no está en ese negosio tuyo de quincalla o como dependiente en el comersio de tu hermano ; tu hijo ha nasío pa sé figura der toreo. Ël no está todavía muy seguro.... pero sí convensió.
-¿ Es cierto eso que dices, José María ?
- Deja ese asunto en mis manos, y verás. Sé mu bié lo que digo.
Y acertó plenamente Calderón.
Juan Belmonte el modesto torerillo de Triana, su sueño de " ser toreo ", le convirtió en el maestro más trascendental de la historia del toreo.
Curro Romero empezó a soñar con " ser torero " cuando escuchaba, por las tardes, los oles de la Maestranza de Sevilla, los días de viento. El viento traía al cortijo de Gambogaz donde trabajaba Curro de zagal, guardando vacas, ovejas, cochinos. Curro ganaba treinta reales, 7,50 pesetas, más un pan que le daban por las mañanas y dos kilos de garbanzos a la semana.
En esas tardecillas que el vientecito de la tarde traía los oles desde la plaza de toros, Curro miraba a las vacas que cuidaba en ese momento, y entusiasmado, embelesado, Curro soñaba con " ser torero ".
En Gambogaz estaba todo el día, entraba amaneciendo, llegaba medio dormido, con aquellos fríos del invierno, los sabañones y luego con los grandes colores del verano.
Curro quería ayudar a sus padres, vivían en Camas donde nació y pensaba que trabajando allí nunca podría hacerlo, su única solución..... " ser torero ".
Curro nació en 1933, llegó a Gambogaz con doce años, un recuerdo tenía muy grabado - ¡ Manolete, Manolete ! Que ha cogió un toro y ha matao a Manolete.
Todo el pueblo de Camas estaba impresionado y toda la gente como triste. Entonces Curro no sabía quiénes eran los toreros. En Camas había mucha gente que era partidaria de Juan Belmonte, más que gallistas.
Aunque Belmonte se había retirado ya, había un vecino suyo que tenía un cuadro de Belmonte en su casa, impresionante, y Curro entraba en su casa y se quedaba viéndolo allí.
- Fijate, Juan Belmonte.....
Así Curro paso sus primeros años entre partidarios de Pepe Luis Vázquez y partidarios de Belmonte.
Fue una vez a un festival con su padre, todavía estaba Curro en el colegio.
En su casa,  ya toreaba con las toallas, Sus tíos era aficionados a los toros, su padre era de Santiponce.
Su tío, hermano de su padre, Manuel, mató algunos novillos, hasta llegó a torear una becerrada en Sevilla.
Su padre era muy aficionado, y toreaba muy bien de salón, pero decía que tenía mucho miedo.
Eran pobres, pero recuerda eso como una grandeza... Porque sus padres eran excepcionales.
La primera muleta la compró con otros dos compañeros que también querían ser toreros.
Curro, le decían que mañana hay acoso y derribo en Gómez Cardeña, la finca de Belmonte.
Cuando derribaban la vaca, Belmonte les dejaba torear.
El 25 de julio de 1954 debutó Curro en la Pañoleta con novillos de Joaquín Buendía.
En octubre de 2000, Curro anunció su retirada, y comentaba :
Los oles se te van y se te vienen, hasta escucho algunos que me parece que son los mismos " oles " que yo oía cuando estaba guardando cochinos en el cortijo de Gambogaz, por las tardes, los días de corrida, los traía el viento, desde la Maestranza.
¡ Cuando yo, al oírlos, soñaba con " ser torero ".......




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