lunes, 16 de febrero de 2015

VERAGUA ( CAPÍTULO II )




En 1921, vendió 87 toros, en 1922 vendió 88, 101 en 1926, y en 1927, 88. El abuelo Cristóbal todavía se ocupaba de ellos personalmente, y en 1921 llegó a romperse una pierna al caer del caballo mientras embarcaba una corrida para Madrid.......pero se ausentaba con frecuencia para recorrer el mundo en busca de nuevos pura sangre, dejando a su sobrino, Cristobal Colón de Carvajal y Hurtado de Mendoza, mi abuelo tenía la tarea de velar sobre sus toros. Mi abuelo vivía en el Castillo de Higares. Andaba todo el día a caballo. Tenía veinte  años en aquel entonces y en ocasiones acompañaba a los toros a la plaza en representación de su tío. Si la historia así lo hubiera querido, pienso que el hubiera tomado las riendas de la ganadería.
Pero la historia toma otros derroteros. A partir de 1926, - año de la publicación de la novela " Los Bestiarios ", en la que Montherlant, quien tuvo la oportunidad de frecuentarlo, presenta al Duque como al gran ganadero de su tiempo - después de verificar su eficacia en un tentadero en casa de los Veragua, Primo de Rivera crea una comisión para adoptar la utilización del peto en las corridas.
En nombre de los ganaderos y por convicción, el Duque y los picadores se oponen, ya que ven esta medida como el fin de su pasada grandeza. Pero los tiempos cambian y la falta de caballos es un argumento incuestionable ( en aquellos entonces, morían en la plaza unos seis mil equinos al año ).
El 7 de febrero de 1928 el uso del peto se vuelve obligatorio en todos lados.
En su " Muerte en la Tarde ", Hemingway profetiza : " Con el uso del peto comienza la decadencia del toro. " Efectivamente , esta protección permite al caballo resistir, pues antes se dejaba voltear una vez que los pitones le atravesaban.
Y por lo tanto, permite al varilarguero picar durante más tiempo, debilitando más al toro. Lo anterior supone una reducción del numero de encuentros lográndose el mismo resultado, y permite el economizar los capotazos para poner al toro en suerte. El animal aprende menos, lo que da a la faena de muleta mayores posibilidades.
La suerte de varas, los quites y la estocada pierden su supremacía, y el tercio de banderillas es dejado a los subalternos ; todo el interés de la lidia se centra desde entonces en la faena de muleta.
Y desafortunadamente, este es el punto flaco de los toros de Veragua : los bravos se apagan y los mansos no ofrecen muchas posibilidades.
Presintiendo que el espectáculo taurómaco va a cambiar de esencia y que la grandeza de sus toros no sobrevivirá, Cristóbal Colón de la Cerda no duda, y a finales de 1927, algunos meses antes de la adopción del peto que sabe es inminente, la noticia hace temblar al mundillo : El Duque de Veragua ha vendido la ganadería.
Pablo Lozano Martín y sus hermanos no habían nacido aun cuando su abuelo y sus dos hermanos le compran al décimo sexto Duque de Veragua los toros y el hierro de Veragua, pero en la memoria colectiva de la familia permanece el recuerdo de la transacción ". Mi abuelo era agricultor y tratante. Compraba y vendía toros para las fiestas de los pueblos. Un día que había ido a ver al Duque para rentarle la finca " El Molinillo " para alojar a su manada de toros, este le respondió : " Y si rento la finca, ¿ qué voy a hacer con mis toros ? ". Y después de una pausa . " Si quiere la finca, ¡ compremé la ganadería !". Discutieron las condiciones, y se hizo el negocio. Más de mil vacas bravas.... el hierro y todos los toros....... ".
Sin saber bien qué hacer con esta imponente vacada, en la que no tenía más confianza que el mismo Duque, Manuel Martín Alonso lidia a nombre propio una corrida en Madrid el 8 de julio de 1928, precisando en el cartel de origen veragüeño de los toros, esperando que se presente la ocasión de deshacerse de esta estorbosa ganadería que había comprado sólo para hacerse de las tierras de la finca " El Molinillo ". Los toros de Veragua eran entonces muy duros, mansos, a menudo se iban a refugiar a tablas.... De hecho, fue esa la razón de la tragedia del pobre Granero : trató de torear cerca de la barrera y el toro lo encerró ". Además, el abuelo Martín Alonso y sus hermanos tenían pensado comprar otra ganadería, excelente para los toreros de la época, la de Florentino Sotomayor, de origen Albaserrada......
En 1930, Martín Alonso no deja pasar la ocasión de revender sus Veraguas a Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio, bernés de origen, cuya familia venía de Sauveterre de Béarn, y quien ante todo quería utilizar el hierro que portaban los toros -  la prestigiosa V de Veragua rematada con la corona ducal  -" para" ennoblecer la imagen de los vinos que producía en la región de Jerez, volviéndose así un precursor en el mundo de la comunicación.
Rápidamente, las figuras de la época van a ser requeridas para alabar los productos de la casa en las revistas taurinas.  ¡ Para calidad, Domecq ! " afirmaba Domingo Ortega y algunos más, resucitando un slogan que se volvió famoso . ¡ Para celebrar una buena corrida, o para olvidar pronto una mala !"
No contento con recuperar la imagen de la ganadería centenaria en beneficio de sus ambiciones comerciales, el nuevo ganadero se adjudica también la antiguedad de la ganadería de Vicente José Vázquez : si bien los Duques de Veragua hacían remontar la suya al 17 de octubre de 1836, Juan Pedro Domecq reinvidica para sus toros la fecha de 12 de agosto de 1790... fecha muy controvertida desde la presentación de Vicente José Vazquez en Madrid.
Se trata de la segunda ganadería más antigua, de la que origen a todas las que existen. De esta manera Domecq logra anclar su proyecto en un pasado glorioso
Pero el destino de los toros veragüeños probablemente se haya sellado al momento de la venta. Estos son repatriados a Andalucía en camión, mientras que las doscientas cincuenta vacas que se libraron de la depuración a la que fue sometida la manda por los hermanos Martín Alonso, para tener menos bocas que alimentar durante los tres años que manejaron la ganadería, bajan a pie desde Toledo hasta Vejer, a la finca de Jandilla. Un éxodo de treinta días a lo largo de setecientos kilómetros de cañadas, casí todas desaparecidas en la actualidad. Álvaro Domecq, hijo del ganadero jerezano, quien entonces tenía 14 años, se acordaba de las grandes vacas jaboneras llamando casí de madrugada a su progenie perdida en la bruma, de los vaqueros vestidos de corto con barba de ocho días, con la voz ronca debido al rocio matinal y a las noches a campo abierto acostados sobre los zahones y envueltos en una manta. Nada fue dejado a la suerte. El trayecto había sido recorrido de antemano, cada etapa cuidadosamente prevista, el cercado donde iban a encerrarse durante la noche, el pozo en el que iban a beber, los caminos que se tomarían, las carreteras que deberían cruzarse...,. Álvaro Domecq recordaba también a los enormes veraguas vazqueños conducidos a caballo a galope lento hasta la Venta de Antequera, donde permanecerían antes de la feria de Sevilla hasta su último viaje a la Maestranza. Con el dinero ganado en la trasacción, los hermanos Martín Alonso hacen realidad su sueño : " La ganadería de Florentino Sotomayor era entonces una de las preferidas por los toreros, recuerda Pablo Lozano Martín. y cuando mi abuelo y sus hermanos la compraron con el dinero que obtuvieron por lo de Veragua, lidiaron en Madrid y dos toreros cortaron un rabo : Curro Caro y Garza......... Pero eso es otra historia.
En 1931, aun con el hierro de Veragua los toros jaboneros estan presentes el 12 de abril en Barcelona, donde Domingo Ortega recibe un puntazo en la nalga un mes después de haber tomado la alternativa.
( Continuará )







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