Bonarillo nº 14, está de nuevo con las vacas desde el sábado 5 de Diciembre.
Esa mañana temprano, mañana fría, los sonidos de los cencerros de los cabestros cada vez estaban más cercanos.
Bonarillo en el centro del grupo de cabestros y caballos es conducido al cercado de las vacas de su lote 2010- 2011.
Los bueyes se pararon en la portera y uno de los vaqueros se adelantó para abrirla.
Yo esperaba en un coche a la entrada del cercado para ver a Bonarillo en su primer día con las vacas.
Cuando abrieron la portera, los vaqueros empujaron a los bueyes, así como a Bonarillo. Algunas de las vacas avanzaron nerviosamente, otras permanecieron inmóviles, mirando. Los hombres y los cabestros dieron media vuelta y Bonarillo quedó sólo con las vacas, al sol, elevando el hocico en el aire para recibir el olor de las vacas.
Levantó la cabeza hacia el cielo y comenzó a bramar, algunas de las vacas se adelantaron para husmearlo. Una vez más lo tenían con ellas. Y antes casi de que el mugido muriera entre los alcornoques, se volvió hacia una de las vacas allí presentes la toco con la cabeza en los cuartos traseros y la siguió.
Han pasado ocho días y cuando regreso a Encina Hermosa parece que las vacas se han acostumbrado a tener el macho entre ellas.
De nuevo estoy viendo a Bonarillo con las vacas, está bebiendo en este momento, al terminar se paró y acarició con su cabeza el franco de una de las utreras que, por no estar en celo, se volvió bruscamente golpeando con sus pitones los del toro. El simplemente la apartó de su camino y se dirigió a otra.
Llevó dos días aquí y en mi visita encontré a Bonarillo, las casualidades de la vida, con la utrera Española, nº 180, que le había golpeado con sus pitones el otro día.
Mientras avanzaba hacia ella caminaba lentamente, levantando la cabeza para buscar en el aire el olor de la hembra, los cables y tiras de sus músculos se ondularon suavemente bajo su piel, revelando la fuente de fuerza y daba a los músculos del morrillo potencia para levantar los quinientos y pico kilos de su cuerpo.
La utrera Española venía nerviosamente hacia él; una vaca joven tres años y pico. La olió y supo Bonarillo que pronto estaría lista.
La siguió por todo el cercado el resto de la mañana, y cada vez que intentaba montarla, ella, que todavía no estaba a punto, se revolvía hacía él con sus afilados pitones. A la mañana siguiente en mi visita al cercado los encontré juntos, se le acercó, le acarició la cabeza con el hocico y comenzó a lamerle el hombro. Los pelos del cuello de la vaca se erizaron.
El toro se acerco más a la vaca. Ella dio un paso hacia adelante y se paró.
Bonarillo reflegó su cabeza contra el flanco de la vaca, y de la boca comenzó a fluirle saliva plateada. El enorme cuerpo del toro se elevó. Los músculos se ondularon y tensaron. Con las patas delanteras en el lomo de la vaca, movió frenéticamente las patas traseras para encontrar la posición. Estuvo sobre la vaca casi un minuto, insatisfecho, buscando, gruñendo, empujando hasta que su cuerpo encontró lo que ansiaba. Entonces, repentinamente, sacudió el cuerpo hacia adelante y, durante lo que pareció sólo cuestión de segundos, se arqueo tensando todos los músculos de su cuerpo.
No se marchó del costado de la utrera hasta la mañana siguiente, la luna comenzaba su jornada de descanso. Entonces Bonarillo levantó la cabeza de nuevo en un bramido, contestándole otra vaca antes que su llamada se extinguiera. Dejó a la utrera Española que, si ha concebido parirá un ternero dentro de nueves meses y que si nace macho se llamará Español, si es hembra Española como su madre.