domingo, 3 de octubre de 2010

LA POESIA EN LOS TOROS (4)


Hoy les traigo, otra poesía del baúl del Museo, se llama LA MUERTE DEL TORO BRAVO EN EL CAMPO, de D. Manuel Barbadillo, espero les guste.

Esta mañana se ha muerto,
bajo aquel lentisco grande
que da al camino del soto,
el toro que en los "mimbrales"
tropezaron los vaqueros,
casi sin vida, ayer tarde.

¡Qué poco se defendía
el toro en aquel instante!

Murió cabizbajo y lento,
lleno el pelo de cachambre,
llena de espuma la boca,
sin fuerza para oxearse
las moscas que le cercaban
entonando funerales.

El chiquillo del vaquero,
sorprendido en aquel trance,
le observaba temeroso;
le miraba, sin osarse
a poner su pie de niño
sobre el monstruo agonizante.

Pero el toro le llamaba
en su lenguaje.

No eran sus ojos de fiera,
no eran los que fueron antes;
eran claros como linfas
plateadas de un estanque.
Estaba allí, prisionera,
toda la luz del paisaje,
con campanillas de mayo,
con adelfas, con jarales;
y el niño allí quietecito,
en la pupila expirante,
temblando como en el agua
tiembla la cara al mirarse.

¡Qué pena me daba el toro
bajo aquel lentisco grande!
Sarcófago montaraz,
sin epitafios ni mármoles.
Sin un corro de caballos
sobre la arena sangrantes;
sin chaquetillas de luces;
sin banderillas de encajes;
sin la figura dorada
del espada allí delante;
sin sentir, entre el estruendo
de las mulillas que parten,
la ovación de los tendidos
cuando se inicia el arrastre .....

¡Qué pena me daba el toro,
muerto en el campo, sin nadie!




Ahora, les traigo otra, de la misma procedencia. Se llama SOLEDAD Y MUERTE DEL TORERILLO, de D. José de la Vega Gutiérrez, espero que les guste.

Sobre el encaje de luna,
bordado de estrellas blancas...
Sobre las brumas del río,
temblores de madrugada...

Riza los juncos el viento
como trenzas de oro y plata;
y en la lividez remota
de la campiña lejana
va exprimiendo el horizonte
zumos de color naranja...

Sobre el camino de polvo,
la luz incierta del alba
acompaña al torerillo
como un ángel de su guarda...
Salió de noche..., muy noche,
y por compaña llevaba
luces de gloria en la frente
y albor de rosa en el alma...
Un desfile de ilusiones
por los ojos le cruzaba
como lejano espejismo
que jamas la mano alcanza...
La emoción, aguas abajo,
iba derramando lágrimas
de negras penas dormidas
y de tristezas calladas....

Los espinos de la cerca
tienen suavidades blandas
para la lluvia de anhelos
que por el cuerpo resbala...
Un capotillo liviano
que vino envuelto de faja
se despliega por el aire
en un vuelo de esperanzas...

¡Acude... torito... toro!...,
que ya llega la mañana
y los vaqueros madrugan
y están atentos los guardas.

Y acude el torillo, toro...
¡Toro de la mala entraña! ...
Y atraviesa al torerillo
con cuarenta puñaladas;
y en un siniestro volteo
por los espacios lo lanza
como un muñeco de trapo,
como una brizna de aulaga....

Un revuelo de gemidos...
Una angustiosa llamada...
y luego, sólo el silencio,
el aire..., la luna..., nada...

Sobre el suelo han florecido
grandes rosas encarnadas,
que va besando la luna
con pasión de enamorada...
Nadie lo vió... Nadie supo
cuando al ángel de la guarda
se apartó por los caminos
de los luceros de plata...

Soledad de soledades
en la muerte que acechaba
con frías manos de hielo
tras los espinos y zarzas...

Allí queda el cuerpo roto...
Allí están abandonadas
en la aspereza del campo
una vida... una esperanza...
Nadie cerrará sus ojos...
Nadie besará su cara
con dolor enternecido
por las lágrimas amargas...

Canta al viento la tragedia
vestida de negras galas,
mientras los cuervos, de negro,
baten alegres sus alas...

¡Ay, torero..., torerillo...,
torero de la desgracia!...

¿Dónde se esconde tu madre
que no acude, aunque la llamas?...
¡Solo en tu campo de muerte,
la soledad te acompaña! ...




1 comentario:

  1. Los dos poemas son de lo más exquisito que he podido leer en mucho tiempo.Tienen ese toque de magia con el que solo se impregnan las cosas que verdaderamente salen del alma.
    Muy buenos si señor.

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