En mi último viaje a Encina Hermosa he pasado unos días en la dehesa extremeña, donde la paz y el silencio de la misma poco a poco se integran en tí relajándote de tal manera que te olvidas de los problemas que trajiste y te vuelcas por completo en los quehaceres diarios de la misma.
El día que llegué, por la tarde, fui testigo de una puesta de sol, que les muestro en fotografías, tan espectacular que no recuerdo el contemplar ninguna así. Tengan en cuenta que yo me fijo mucho en las puestas de sol, pues al hacerlo, sé que tendremos al día siguiente, en este caso la puesta de sol avisaba de tormenta, pero no pensé que se fuera a producir tan de mañana.
En primavera, por las mañanas temprano es inolvidable el olor del campo, con la ventana de mi despacho abierta disfrutaba de ello, cuando el ruido de los cascos de los caballos me recordaron que tenía que ir con mi gente a caballo a cambiar los sementales que están con las vacas por otros.
El caballo pieza clave e indispensable en todas las faenas camperas, destete de becerros, lotes de vacas, saneamientos, embarcar para un festejo, apartar un toro herido para curarlo, tantas y tantas cosas casi imposible de enumerarlas todas, pero lo cierto que se utiliza tanto el caballo en las faenas de la ganadería, que hasta se sueña con ellos.
Gracias a ellos, y a esos jinetes, pueden realizarse las faenas camperas arriba enumeradas, templando las embestidas de los animales de la ganadería para conservar su bravura y seleccionarla.
Juan Belmonte, del que les estoy contando su biografía en capítulos, el hombre que tanto temple imprimió en su toreo, también lo hacía a caballo, acompasaba el temple a la cola de sus jacas.
Cuando nos disponíamos a salir a caballo para realizar el cambio de sementales nos sorprendió una espectacular tormenta en principio, seca, no recuerdo tanto relámpagos y truenos tan seguidos, forzosamente tuvimos que abandonar por el momento la faena a realizar.
Las tormentas afectan mucho a los animales de la ganadería, en realidad ellos las barruntan con alguna anterioridad.
Me marché en coche acompañado de una oscuridad que iba aumentando por momentos.
A medida que avanzaba la oscuridad del cielo, el viento que precede a las tormentas empezó a moverse con fuerza y según iba encontrándome a los distintos animales se agitaban cada vez con más ímpetu. Las vacas unas bramaban otras se peleaban entre ellas.
En la cerca de los sementales pude ver a dos peleándose, precisamente eran los dos que teníamos que haber cambiado a las vacas, las cabezas bajas, forcejeaban hacia atras, hacia adelante, uno cayó, resbalando por la pendiente.
El cielo se oscurecía cada vez más, las vacas se arremolinaban, los erales también, cada uno en su cercado.
Comenzó a llover con tal fuerza, eran cortinas grises ondulantes que barrían la dehesa en dirección a la Sierra de Gredos.
A medida que avanzaba el coche el espectáculo se sucedía los toros y las vacas bramaban y agitaban su cabeza.
La lluvia caía cada vez con más fuerza y los sementales que llevaban un buen rato peleándose empezaron a chocarse los cuernos estrepitosamente, los truenos cada vez más fuertes, y la pelea se hizo más violenta se fueron acercando a la cerca de los erales que estaban allí de espectadores y se pusieron como locos.
Avisé por el móvil y en diez minutos irrumpieron los vaqueros con los perros los cuales atacaron al semental nº 26 más fuerte dándole al nº 17 la oportunidad de huir.
Parecía totalmente de noche. ¡Qué oscuridad!
Los sonidos de la tormenta cada vez más altos, un rayo iluminó a uno de los sementales que llamaba con la cabeza levantada, el morrillo hinchado, con los pitones y la negra cara relucientes de la lluvia. Era como un toro salido del cielo resquebrajado de relámpagos.
La tormenta estaba totalmente encima por la intensidad de los truenos y la luminosidad cada vez más intensa de los relámpagos.
El aire cargado de "iones" influía en los toros cada vez más agitados.
La lluvia caía cada vez con más fuerza y las nubes penetraban bajas sobre los alcornoques, como olas que bañan de espuma la costa.
Después de la estrepitosa mañana de tormenta, la tarde apareció tranquila el sol radiante hacía su aparición, la tierra y la hierba mojadas, los pájaros emitían sus cantos, algunos buitres volaban bajo y una cigüeña negra acechaba a una rana en una charca, un viento seco se apresuraba por entre la hierba y los abejarrucos empezaban a ronronear.
A lo lejos un cuco repetía su monótono cantar.El sol se iba elevando trayendo consigo calor, y un milano volaba encima de los toros, muy tranquilos pastando aquella tarde la fresca hierba después de la intensa tormenta de la mañana.





