viernes, 23 de diciembre de 2016

miércoles, 21 de diciembre de 2016

INVIERNO 2016



Llegó otra vez Diciembre, hoy comienza el invierno.
Las grullas nos visitan de nuevo, las nieves de Gredos se dejan ver, pero el invierno es suave en la dehesa, pero algunos días el viento silba canciones entre los alcornoques en Monfragüe.
Las cigüeñas - ya sin exilio. Se quedan con nosotros.
Hoy, un día, revuelto, lluvioso y frío, donde los caminos parecen ríos y los regatos bajan zumbando, me refugio en la chimenea de Encina Hermosa, y mirando el fuego, el invierno se convierte en el sueño de la vida. Sumergido en ese sueño, comienzo el debate sobre la bravura del toro de lidia.
El toro bravo es un animal excitable, irritable al máximo, al que el hombre ha llenado de ira y se la ha sacado a flor de piel, como se saca una escultura de una piedra. El toro necesita almacenar, fabricar ira antes de saltar. El toro no es el que pega primero ; necesita que le peguen, que le molesten para responder. Entonces cuando esto ocurre, salta, pero no por instinto de defensa, sino porque hemos dado tiempo a que la ira fabrique su carga explosiva.
En la salida al ruedo desde los chiqueros ya podemos apreciar una serie de signos que nos hablan de bravura o mansedumbre. Tanto unos como otros pueden establecerse de forma positiva porque existan o de forma negativa por no estar presentes.
Cuando el animal sale al ruedo, espacio amplio del que no ha disfrutado desde su salida de la dehesa en que fue encajonado y posteriormente metido en los corrales poco amplios, siente la alegría de recobrar su albedrío, corre con ímpetu, todo su ser se conmociona y se arranca con viveza a los estímulos que se le ofrecen. Éste es un signo positivo de bravura. Por el contrario cuando sale del chiquero y corretea de forma intermitente sin arrancarse de forma definida y clara a los estímulos que se le presentan, es signo de mansedumbre.
El toro no sufre o sufre poco durante la lidia, si ésta se hace armoniosa continúa y no se deja enfriar al animal. La cólera actúa de analgésico del dolor y el toro es un polvorín de cólera concentrada. Sólo al final, cuando la hermosa hoguera de la ira se agota y sólo queda un rescoldo encendido, el toro empieza a sufrir, esto lo sabemos todos los que hemos toreado. Sin embargo, todavía embiste por oleadas porque la cólera final llega como los vómitos. He presenciado muchos toros que apuntillados, en el último segundo de la vida, embestir al aire.
Me viene a la memoria, El Espartero, el Tato, Cayetano Sanz y muchos más que no enumero, que fueron cogidos con toros moribundos, con la estocada dada.
Porque eso sí, estas montañas de ira al explotar, embisten mientras les queda una gota de sangre :
" Ciegos de ira " de rabia.
En cierta ocasión, presencié una escena en la que un toro perseguía a un vaquero descabalgado, que afortunadamente pudo subir a una encina, fue tal el golpe del testuz del toro sobre la misma que la hizo temblar.
Fortuno, que fue un semental de Villagodio, berrendo en negro, arrojó al callejón al caballo y picador, como si fueran gatos.
Bolero en 1973, echó abajo 16 metros de barrera al rematar en tablas.
Cada toro es distinto, diferente, y, de ahí, las dificultades del torero, que ha de comprenderlo, darle sus medidas, y aun su ritmo y su tiempo.
Por eso criar toros bravos es oficio costoso y lento.
En una corrida la bravura del toro equivale a la salsa en los caracoles.
El caracol sin el aliño de la salsa, es insípido, una corrida de toros sin bravura no tiene gracia, no tiene aliño, no es apetecible, cansa e indigesta. La bravura es ese punto de picante que tiene la salsa de los caracoles, como se moja en la bravura capotes y muletas. Lo difícil es dar con ese punto a la salsa y sobre todo dar punto a la bravura.
El toro se define en la suerte de varas, en las veces que va al caballo, cómo va, desde dónde va, qué hace en el caballo al sentir el castigo, cómo sale, cómo se queda, cómo toma los sucesivos puyazos, si se crece, si se duele, etc ; una serie de matices de que se compone la bravura que ha de calificarle.
Considero muy difícil verlo como se hace la suerte de varas actual al uso no sólo por los picadores, sino por los propios matadores que se abandonan en el tercio de varas, se desentienden de su participación directiva como si no tuviera importancia nada de lo que se haga con los toros hasta que ellos cogen la muleta.
¡ Que recuerdos aquellos ! : Cuando la empresa de Madrid iba a Salamanca a comprar toros para el abono. En la cocina de la ganadería - no donde se guisa, sino donde se esta - se quemaba leña de encina. A los lados sillones de cuero y tachuelas, una romana y un macho de perdiz enjaulado y dormido. Decoraban las paredes garrochas, como armas del escudo del ganadero que acosa y conduce toros. De un clavo colgaban espuelas relucientes. Se hablaba de toros, que era el tema preferido en estas cocinas. La conversación se enriquecía de voces campesinas con la llegada del conocedor, que entraba sombrero en mano, rayando con las espuelas las losas del suelo. Comentaba las novedades del día al ganadero, la vaca " Pañera " ha tenido un macho mu guapo.
Al salir el conocedor con el ruido de las espuelas, se despierta el macho de perdiz y picotea en los alambres de la jaula.
En cualquiera de aquellas cocinas de Graciliano, de Antonio o de Argimiro, la empresa de Madrid compraba toros para el abono : ¡ Que recuerdos !
¿ Y qué es la bravura ? ¿ Qué es un toro bravo ?
Un toro bravo es un hermoso y orgulloso animal que ataca siempre, sin el menor resquicio de miedo. Un toro bravo arranca pronto, embiste por derecho, galopando, seguro de su fuerza, de su poder, sin temores.
Es un gladiador que los ganaderos preparan y fortalecen en la soledad de la dehesa, cuatro años largos, para una lucha de quince minutos.
Pero la bravura en sí hay que desmenuzarla y así se conocen mejor los distintos matices que encierra.
Los ganaderos de bravo tienen que conocer a fondo esos matices, saber mezclar los positivos con los negativos, de forma que ganen aquéllos, ya que factores positivos completos es muy difícil que se encuentren en un solo animal, por muy bueno que sea.
El toreo moderno y el público actual exige, un toro con embestida recta, recorrido largo ; embestida reglada, pastosa, tranquila, como un factor esencial de la bravura.
El ganadero no debe sucumbir a la tentación de la palabra mágica - " suavidad " - en becerras que debían de ser desechadas porque no acudieron de muy buena gana al caballo. " ¿ Pero fueron tan buenas para la muleta ? "
Se dice frecuentemente que el toro actual ha perdido la raza, pero ni ello es verdad, ni es lógico, puesto que el ganadero podrá haber dejado de madre una vaca no muy brava para el caballo, pero nunca habrá eliminado ninguna que para la faena de muleta haya tenido muchos pases y muchos pases son muchas embestidas, y para hacerlas ha de tener raza.
Un toro puede ser a la vez bravo y encastado ; o manso y encastado, o bravo y noble. Antiguamente el toro salía huyendo y había matado varios caballos. El romaneo contra el peto actual es lo que hace daño al toro y antes no existía.
Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la concepción actual de la bravura queda sintetizada en un toro que después de la suerte de varas continué la embestida sin intermitencias hasta el final de la lidia : tenga fijeza que permita confiar al torero y posea la capacidad de lucha hasta la muerte.
En realidad todos los toros de lidia son bravos por condición y varía en ellos la intensidad de su bravura. En todos los casos el carácter bravura está presente con mayor o menor intensidad y reaccionan con arreglo al temperamento que llevan dentro.
" Bravura es la que se manifiesta en el toro que no se duele a nada que repite sus embestidas que no recorta los terrenos que no se rebosa en la muleta y que se fija en ella como único enemigo, que tiene fondo, fuelle y que todo lo que hace de frente que no usa los pitones ".
Pero de existir " ese toro " " Nada fácil ", sera un toro con bravura y con aquello de lo que en este momento carece la fiesta " emoción ".
El ganadero tiene en cuenta una serie de dimensiones para medir la bravura de los animales de su ganadería que se pueden englobar en ocho.
( 1, Fijeza ) Mantener un nivel de actividad constante pero sometida a unos ritmos y pausas.
( 2, Movilidad ) Distinguiendo entre la acometividad y la embestida.
( 3, Acometividad ) La arrancada, es decir la primera parte de la embestida.
( 4, Embestida en el caballo )
( 5, Embestida en los engaños ) Se mide el vigor, robustez y resistencia, sin caerse durante la lidia.
( 6, Fuerza ) Embestidas rectas embebidas en los engaños con claridad, franqueza y poder.
( 7, Nobleza ) Combatividad, el ímpetu y la codicia.
( 8, Fiereza ) Que trasmita " emoción " a los tendidos sin ella nuestra fiesta al restarle " riesgo " - pierde lo fundamental del espectáculo la autenticidad del mismo.





miércoles, 30 de noviembre de 2016

LOS ALBORES DEL SIGLO XX




La fiesta de los toros, al alborear el siglo XX que, apareció sumida en la misma situación de decadencia que el conjunto de la vida nacional. La trágica muerte de " El Espartero " ( 1894 ) y la retirada de    "Guerrita " ( 1899 ) fueron dos acontecimientos en el mundo taurino que, sin duda, le colocaron en una situación de anemia cuando se abre el calendario del nuevo siglo. De otra parte, el regeneracionísmo, y en general la mayor parte de los intelectuales del " noventa y ocho ", se muestran absolutamente contrarios a las corridas de toros y entienden que, difícilmente con la pasión taurina. España va a liberar energías para la ciclópea tarea de su reconstrucción moral, social y económica. Ese talante, que Cossío califica de " inconsciente  casticismo ", quedó subrayado en la prensa de la época en el hecho de que el mismo día en que se hundía nuestra escuadra en Santiago de Cuba, los madrileños desfilaban calle de Alcalá arriba para ovacionar a " Guerrita ".
La generación de los " naides " - como la bautizó Nestor Luján - protagonizó el primer decenio de siglo." Después de mí " naide " y después Fuentes " que sentenciara " Guerrita ", reflejaba que, en ese periodo, el centro de la Fiesta no tenía dueño.
La afición sevillana pierde, trágicamente, en la década dos ídolos : Reverte ( 1903 ) y Antonio Montes ( 1907 ).
El 24 de octubre de 1911 un selecto grupo de aficionados, ganaderos y periodistas de Sevilla, acude a la Maestranza donde el hijo menor del señor Fernando " El Gallo " va a matar a puerta cerrada un toro cuatreño de Moreno Santamaría, Joselito ha toreado este año una treintena de becerradas formando pareja con " Limeño ".
El de Gelves no solo supera la prueba ante tan riguroso tribunal, sino que le hace exclamar a don Eduardo Miura " ¿ Torero ? "..."Un fenómeno de los que se dan cada trescientos años ".
Los sevillanos ven torear por primera vez a Juan Belmonte en una novillada sin picadores. Era agosto de 1910. Ni un solo revistero se hace eco de aquella novillada.
El 15 de marzo de 1915 se concluye las obras de reforma de la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla bajo la dirección de Anibal González. Se sustituye la piedra, que era el material de la construcción originaria en los tendidos, por ladrillo, se aumenta el número de filas y la plaza se hace más horizontal al perder importancia relativa los palcos y gradas. En este mismo año se inicia la construcción de la plaza Monumental promocionado por el industrial maderero señor Lissen. Situada en la Huerta del Rey, frente a la Fundición de Cañones, tenía casi doble capacidad que la Maestranza y su construcción con cemento armado era una novedad en la técnica constructora imperante en la Sevilla de esa época. El 20 de marzo de 1917 se hizo la prueba de resistencia y el primero de abril se bendice la capilla. Pero el día 11 de abril, casi un tercio de la plaza se agrieta y se hunde. Y hubo de aplazarse la inaguración hasta el 6 de junio de 1918. Un encierro de Contreras para Joselito, Francisco Posadas y " Fortuna " fue el cartel. Vida efímera la de la Monumental. Los últimos festejos se celebran en la temporada de 1920. La muerte de Joselito, la mala construcción de la plaza y las dificultades empresariales del señor Lissen, impidieron la continuidad del coso, pero, sobre todo la crisis económica y social, no hacían viable la coexistencia de dos plazas de toros en Sevilla.
El 30 de septiembre de 1915 se rompe en la Maestranza una tradición secular : la de no conceder orejas. A solicitud de los revisteros sevillanos en el Reglamente de la Plaza, se había incorporado el precepto de " no conceder orejas jamas ". También en el de Madrid existía tal norma, pero en esa fecha ya se había quebrantado. En Sevilla " orejas " . ¡ jamás !, aseveraban los aficionados más ortodoxos. Pero en la última corrida de la Feria de San Miguel, Joselito hace solo el paseo para lidiar seis toros de San Coloma. Y sale el quinto lugar " Cantinero ", negro, lucero y número 131. José está inconmensurable en los tres tercios y al caer el toro rodando de un soberbio volapie, la plaza como espoleada por una fuerza mágica, se puebla de pañuelos, y el concejal don Antonio Filpo que preside la corrida, decide sacar su pañuelo otorgando la oreja. La afición, pasado el fervor del momento, se divide entre partidarios y adversarios de la decisión presidencial. La crítica, en general, se muestra contraria. " Don Criterio ", en el Liberal habla del " mal precedente ", aunque reconoce que la faena a Cantinero se merece la oreja y el toro entero. El célebre crítico " Don Modesto " desde su tribuna madrileña escribe : No se arrepienta de lo hecho el pueblo de Sevilla. Ha roto su tradición ; pero bien rota está. Poco después, el 28 de abril de 1916, Juan Belmonte le dio réplica a José, cortando la segunda oreja en la historia de la Maestranza : el toro se llamaba " Vencedor " y pertenecía a la ganadería de Gamero Cívico.
Manuel Jiménez " Chicuelo ". El día de su debut en La Maestranza se acabó el papel, pese a la competencia de la Monumental de Sevilla, en la que esa misma tarde se celebraba una corrida de toros con Joselito, Fortuna y Camará.
A las siete de la tarde del 16 de mayo de 1920, el apoderado de Joselito, Manuel Pineda, recibe un telegrama que le llevan a la Monumental de Sevilla donde está presenciando una novillada, con el siguiente texto : Joselito cornada grave en el vientre, salida instestinos. " Parrita ".
Media hora después recibe otro de " Parrita " : Joselito fallecido. Avise familia.
Con la desaparición de Joselito se cierra la Edad de Oro del Toreo, seguida de la Edad de Plata, caracterizada por la existencia de buenos toreros pero sin la competencia como la de José y Juan, y sin que ninguno de ellos tomara en sus manos el cetro de la Fiesta.
El 16 de mayo de 1921 fallece Francisco Posada, el compañero de Juan Belmonte en los primeros años de novillero.
En 1922, el 21 de abril en una corrida de toros de la feria, el toro " Bombito ", del marqués de Guadalest, hiere mortalmente al diestro sevillano Manuel Varé " Varelito ", el mejor estilista del volapie.
Una alternativa importante en la feria de San Miguel de 1921 ; Juan Belmonte cede a Marcial Lalanda el toro " Pichuchi ", de Ramón Surga. Les acompaña " Chicuelo " el torero de la Alameda, aunque era torero de Triana. En la feria otoñal de 1924 concede la alternativa al onubense Miguel Báez " Litri ", con toros de Moreno Santamaría. Año y medio después fallecería este valiente torero a consecuencia de una cornada de otro toro de Guadalest en la plaza de toros de Málaga.
Juan Belmonte se retira por primera vez en la temporada de 1922, para volver en 1925, tras firmarle una exclusiva Eduardo Pagés. Su reaparición en Sevilla sería en la corrida en la que daría la alternativa a Cayetano Ordóñez " Niño de la Palma ".
Por aquellos día irrumpe con fuerza Francisco Vega de los Reyes " Gitanillo de Triana ", también conocido como Curro Puya, nacido en la Cava de los Gitanos, paradigma del torero a la verónica. y otro toreo afloraría también, el arte y el miedo insuperables de Joaquín Rodríguez " Cagancho ", trianero de la calle Evangelista.
El 4 de noviembre de 1934, Federico García Lorca lee en Madrid, por primera vez, su elegía titulada " Llanto por Ignacio Sánchez Mejías ", una de las obras cumbres de la poética. Desde el 14 de agosto, los restos mortales de Ignacio comparten la tierra sevillana con los de su cuñado Joselito " El Gallo ", bajo el maravilloso mausoleo de Mariano Benlliure.
Manolo Bienvenida, nacido en la calle Real de Utrera, de Dos Hermanas, falleció a los veinticinco años de edad el 31 de agosto de 1938, en la clínica San Ignacio de San Sebastián, víctima de un cáncer de pulmón.
Y termino estas pinceladas de los albores del siglo XX, diciendo que la autenticidad, es el mayor peligro que se cierne sobre la Fiesta de los toros del siglo XXI, restarle riesgo - en definitiva, autenticidad al espectáculo.
La Fiesta necesita con urgencia : " Autenticidad " y " Emoción ".