sábado, 4 de junio de 2016

Francisco Vega de los Reyes " Gitanillo de Triana " ( Capítulo III )




No tuvo mucha suerte " Gitanillo " en aquella primera salida. Porque si bien demostró al " respetable" la profunda verdad de su arte, sufrió una cogida que, si no fue de graves consecuencias, le obligó a permanecer en cama dos semanas. Tan pronto como la herida de la pierna cerró, mostró el gitano deseos de volver al ruedo. No tardó en ver realizados sus propósitos. Porque el 15 de junio estaba, otra vez, haciendo el paseillo en la misma Plaza de la Isla, acompañado en esta ocasión de Manuel Muñoz ( el Chiclanero ). El ganado dió buen juego y Curro Vega no sólo confirmó la buena clase apuntada un mes antes sino que obtuvo un franco éxito. Los felices augurios de sus amigos comenzaban a cumplirse.
Aquel triunfo en San Fernando abrió a " Gitanillo " las puertas de la Fiesta y así durante el verano, bien guiado por la mano experta de Domingo Ruíz, toreó algunas novilladas de más o menos cartel de la Baja Andalucía.
En las tetulias taurinas sevillanas iba, mientras tanto, forjándose la fama del joven maestro.
- Dicen que toreó como Juan Belmonte - decía un aficionado.
- Como Juan - replicaba un belmontista entusiasta - no puede torear nadie.
- Pues ese gitano - y a mi me lo ha dicho quien entiende de esto un rato largo - baja así las manos y tiene un temple para el capote.
Y el admirador del todavía desconocido espada se ponía de pie y simulaba un lance de capa que no se parecía en nada a los que iba prodigando por los ruedos " Gitanillo de Triana ".
A esas alturas ya se hacía llamar Curro Vega así " Gitanillo de Triana ". Había entonces en el escalafón taurino otro " Gitanillo " el de Ricla ( Braulio Lausín ), y aquel para distinguirse, añadió a su nombre de guerra el apellido de su barrio.
Mientras " Gitanillo " daba estos primeros pasos por el difícil camino de la Fiesta, en su casa no había, como es lógico, unanimidad al juzgar la profesión elegida por Curro.
Su padre - un hombre celoso de si mismo, orgulloso de su propio esfuerzo .- se sentía sumamente satisfecho de Curro. Sus hermanos - Manolo, Pepe, Antonio y Rafael -, también. En cambio, su madre y sus hermanas Pastora y Manolita, no querian oir hablar de los éxitos de Curro.
- Un día - decía la madre llorando - me lo van a matar por ahí.
- No hay que pensar en eso, mujer - intervenía el padre.
Pero no había forma de convencerla.
La temporada de 1925 se presentaba para " Gitanillo " como decisiva. Llegaba la hora de rivalidar ante públicos más competentes su fama. En otras palabras, había que vestirse de torero en la Maestranza para después, si Dios daba suerte hacer el paseillo en Madrid.
Tenía prisa Curro por verse en la Maestranza, pero...... la ocasión se demoró hasta bien entrado el verano ; concretamente, hasta el 15 de agosto, festividad mariana auténticamente sevillana.
Los novillos fueron de Molina, procedentes de Urcola, y no ofrecieron grandes dificultades a la terna formada por " Gitanillo ", Andrés Mérida y Joaquín Rodríguez " Cagancho ".
El éxito de " Gitanillo " fue completo. Toreó de capa, con lentitud impresionante -  " parece, diría después un cronista, que se para el reloj, se para el corazón y se suspende el tiempo - realizó un quite que armó el escandaló. Con la muleta estuvo también tan artista, que a pesar de entrar a matar varias veces, consiguió la oreja de uno de sus enemigos.
Ahora todo resultaría mucho más fácil.
La presentación de " Gitanillo " en Sevilla, aunque resultó bien, dió lugar al justo enojo de Domingo Ruíz. Curro toreó contra la voluntad de su apoderado, que deseaba presentar al muchacho en una novillada más comoda - el ganado oriundo de Urcola resultaba por entonces peligroso - y al lado de Enrique Torres " El Niño del Seguridad ", que por aquellos días bullía mucho " Gitanillo ", con la ambición de triunfar en la Maestranza, desoyendo los consejos de Domingo Ruíz, dió su conformidad y toreó. Sobrevino así la ruptura entre uno y otro, con la natural contrariedad de los amigos del torero " Gitanillo " , arrepentido, pidió perdón ; y aunque al principio el competente apoderado se resistió, acabó por encargarse de nuevo de la dirección del muchacho.
Dicho queda que el muchacho gustó en Sevilla. Tanto, que aun toreó tres novilladas más aquella misma temporada en la Maestranza. En total sumaría aquel año 1925 trece novilladas con picadores. El éxito de Curro, ante la cátedra del Baratillo, permitía pensar en más serias empresas. Había que arriesgarse y venir a Madrid. Y como entonces, al revés de lo que ocurre ahora, la ilusión de cuantos iniciaban el duro sendero de la Fiesta era convalidar su fama en la Villa y Corte, Domingo Ruíz se dispuso a cumplir los deseos del torero. Sin embargo, hasta bien mediado el año 1926 no pudo    "Gitanillo " hacer el paseo en el ruedo madrileño.
Desde los primeros meses de esa temporada, era Paco Fernández Arranz, aficionado veterano, a pesar de su juventud, el que llevaba la representación de " Curro Puya " en Madrid.
Y él fue, precisamente, quien cerró el trato con la Empresa madrileña.
Fernández Arranz, en su tertulia habitual del Lyon, comentaba evocando los recuerdos de los primeros pasos de " Gitanillo " : - ¡ Como toreaba Curro ! Mire usted..... Yo no digo que fuera el mejor torero, pero si uno de los que han toreado mejor. Y no sólo con el capote, cosa que todo el mundo reconoce, sino con la muleta también. Hace falta desmentir esa leyenda de que " Gitanillo " sólo sobresalía en el primer tercio. Sobran testimonios gráficos que prueban lo que era su muleta. Daba el natural - el natural.... auténtico - como mandan los cánones. Vamos como lo daba Juan Belmonte.
- ¿ Cómo fue - preguntaron a Fernández Arranz - hacerse cargo de la representación de " Gitanillo de Triana ", en Madrid.
- De manera desinteresada, yo había apoderado a otro torero - " Finito de Valladolid "- sin ánimo de perseverar en estos negocios...... ; pero Eduardo Pagés, buen amigo mío, me habló de " Gitanillo ". Y, no sé por qué, acepté. Escribí a Domingo Ruíz, y comence mi labor como representante de Curro.
Le gestioné las primeras corridas sin conocerle personalmente, aunque sinceramente halagado por sus triunfos.
-Le preguntaban también si sus preferencias coincidían con el estilo de torear de " Gitanillo ".
- Contestaba : Si. Yo había militado en el belmontismo.
( Continuará )





lunes, 23 de mayo de 2016

RECORDANDO A JOSELITO



Todos los años, desde el de 1920, en todas las corridas que se celebran en plazas o por toreros españoles el 16 de mayo, hacen estos el paseíllo descubiertos, en señal de duelo.
Este 16 de mayo de 2016 se han cumplido 96 años desde que el toro " Bailador ", mató, en Talavera de la Reina, a José Gómez Ortega, Gallito, y aún se perpetúa entre la torería su recuerdo de tan patética manera.
Puede afirmarse que ninguno de los diestros que hacen el paseillo descubiertos conoció a Joselito, y aunque ninguno había nacido en aquella fecha, el homenaje vivo sigue, rindiéndose a la memoria del diestro que mejor simboliza, con sus virtudes y defectos, la idea de lo que debe ser el torero y de cómo debe concebirse el toreo. Solo una entrega íntegra a la profesión, una dedicación absoluta a ella en la vida y en la muerte podía producir ese carácter torero cuyo recuerdo se actualiza cada año y cada año cruza calladamente la arena de las plazas, aleccionador y glorioso.
No eran de apogeo los años en que Joselito hace su apredizaje y se lanza a la aventura de la profesión, Hijo de un gran torero y perteneciente su madre a una gran familia gaditana de toreros y artistas, su vocación no podía ser sino la taurina.Cuando Joselito pudo darse cuenta de la situación de la fiesta taurina, en el alborear de sus aspiraciones, una gran figura, la de Antonio Fuentes, consumaba su decadencia, y la pareja Bombita- Machaquito seguía dominando las plazas, aunque con signos inequívocos de declive. Joselito comtempla este panorama de la fiesta con ojos infantiles, sin los resabios del aficionado maduro que convoca todos sus recuerdos para la comparación y el contraste, Joselito, con sus ojos infantiles, no tenía otro término comparativo que lo que él imaginaba que podía hacerse con los toros. Y los diestros que veía torear desde su reveladora infancia tenían que ser con su toreo el fundamento de su concepción del arte que aspiraba a practicar.
Joselito no alcanzó a ver a Guerrita, aunque oyera contar sus historias, y ante la vista, y en ese terreno del dominio de los toros, tan solo tenía el ejemplo de Bombita, dominador muy reducido de escala junto al ejemplo del colosal cordobés. Además, en la tradición familiar, el nombre de Guerrita estaba muy implicado, ya que fue banderillero de su padre, y pese a pasajeras desaveniencias mantuvieron siempre una relación cordial. No era la concepción del toreo de Guerrita la del señor Fernando El Gallo, padre de Joselito, ni mucho menos la de su hermano Rafael, pero la admiración por el poder, los recursos y la eficacia torera del cordobés debieron ser en aquella casa constante objeto de comentario, y en la admiración de tales virtudes toreras iba formando Joselito su concepción del toreo.
En el recuerdo y fama de su padre, y sobre todo en su hermano Rafael, al que desde niño vió torear y al que siempre admiró. Pero si el toreo de Rafael podía parecerle la meta de una manera de concebirle, Joselito era demasiado ambicioso para resignarse a una valoración torera, por refinada que fuera, que no llevara consigo el poder y el mando.
Joselito necesitaba mandar sobre el toro, y como consecuencia sobre la fiesta, y el camino del toreo de Guerrita se le presentaba despejado y evidente para tales fines.
Pero Joselito era sevillano y no podía satisfacerse con arrollar en el toreo con su poder. Era precisa la colaboración del arte, tal como en el toreo puede comprenderle un sevillano, y de ello tenía el mayor ejemplo en su hermano. Pero Joselito no podía imitarle, necesitaba crear su estilo y su manera, adaptar a sus cualidades y exigencias las metas que tanto anhelaba.
Pero aún era precisa otra condición que fue decisiva en las aspiraciones del torero : la dedicación exclusiva a su arte y profesión. Joselito vivió solo para los toros, no quiso saber de otras satisfacciones que las del toreo pudiera proporcionarle.
El resultado fue un torero excepcional : largo como el que más lo haya sido en la historia del toreo, dominador, tanto por sus conocimientos y técnica como por sus poderosas facultades físicas.
Perfecto en su toreo, sobre todo a partír del tercer año de su alternativa, en el que el influjo de las maneras del trianero Juan Belmonte, captadas inmediatamente por José, se hace felizmente notorio.
Así Joselito queda en la historia del toreo como un diestro de proporciones gigantes que no cede ni ante el recuerdo de las casi legendarias figuras de Pedro Romero o Antonio Fuentes. Su dominio de todas las suertes y la fertilidad de sus recursos defensivos le hacen aparecer como una imagen de la seguridad ante los toros y de enciclopedia absoluta del saber taurino. Pero estas cualidades se encuentran unidas a una gracia, más veces melancólica que jubilosa, delatora de su procedencia sevillana.
Con Joselito el toreo recobra su cauce ancho y su transcurrir caudaloso, que la generación taurina anterior no había logrado colmar, y que en Guerrita, el último diestro que le llenara cumplidamente llegó a tener un aspecto más de fuerzas que de gracia y arte.
La ambición es un factor en el toreo de Joselito donde confluyen las exigencias de su tauromaquia. Contaba Gregorio Corrochano que en Valencia le salió un toro que Joselito intuyó que estaba toreado. En cuanto volvió a Sevilla pidió encerrarse con media docena de vacas toreadas, para aprender cómo se debe enfocar la difícil lidia de un toro con esas dificultades.
José, que, según sus biógrafos, debió de ser un hombre de actitudes y costumbres sencillas en su vida privada, tenía un carácter dominador, y en lo referente al toro de una soberbia sin límites. El día de la retirada de Bombita al terminar éste de matar su último toro, le dijo a José : " yo acabo de terminar mi vida de torero. No me ofrezcas banderillas en el último toro ". Cuando tocan a banderillas en el octavo toro, José se dirige a Ricardo Bombita y le ofrece los palos. El público aplaude aquel gesto de compañerismo sin conocer los antecedentes. Bombita sale por delante y coloca un par de banderillas " con su estilo adocenado " enjuicia Gustavo del Barco, para quien " Joselito " clava los palos en el morrillo, en un alarde de pujanza maravillosa, de facultades, de prodigio y de ejecución perfecta. José que ha conseguido retirar de los toros a Bombita y a Machaquito no hace la menor concesión a su hegemonía ni en el emocionante momento de la despedida.
Pero el clasicismo de Joselito no significó inmovilismo. Su previlegiada inteligencia le permitió evolucionar - hasta superar el viejo aforismo - sin renunciar a la ortodoxia - " si no te quitas tu te quita el toro " y, en lenta metamorfosis converger en el predominio del toreo de los brazos sobre las piernas en clara aproximación a la revolución belmontina. De igual manera que Juan Belmonte de " el que quiera verlo que se de prisa ".
Y ambos alcanzaron a colocar la Tauromaquia en el cénit de su historia. Así lo proclamaron los versos de Bergamín :
                          
En José estuvo el soplo

Y en Juan la brasa,

Y en los dos encendida

la llamarada.

Por eso fueron

José y Juan, los dos juntos,

todo el toreo.



Joselito en su famoso kikirikí, por Ruano Llopis



domingo, 8 de mayo de 2016

LOS AÑOS BRONCOS DE LA EDAD DE PLATA



Lejos de sensibilizarse por la muerte de Joselito, los públicos se avinagraron con los nuevos espadas que intentaron ocupar los inaccesibles lugares de las figuras de la Edad de Oro, en un empeño casi titánico por hacerlos olvidar. El que más apenas sumaba tres años de alternativa y, de repente, se encontraron solos cargando con el peso de la púrpura.
Pero ni aun así hubo condescendencia con ellos. En especial, los públicos la tomaron con Varelito, el pundonoroso espada sevillano, afamado de buen estoqueador, que la tarde del 21 de abril fue cogido en Sevilla por el toro " Bombito " de Guadalest. Tal era la persecución de algunos que al pasar por el callejón, cuando le llevaban a la enfermeria, se volvió indignado contra el tendido y gritó esa famosa frase por la que Manuel Varest ha pasado a la historia :
" Ea, ya me la pegó, ya estaréis contentos ". Moriría el 13 de mayo.
Pero no fue la de Varelito la primera ni la única muerte de esos años broncos de la tauromaquia. La experimentación y el seguimiento de los avances técnicos y estéticos que aportaron Joselito y Belmonte se cobraron su buen tributo de sangre, máxime cuando aún los ganaderos no habían pulido la fiereza del toro al nivel que exigían las nuevas formas. Fue ya larga la lista de víctimas que se cobro el belmontismo en la década de los diez, con Antonio Carpio a la cabeza. Pero más larga aún fue la de la Edad de Plata. " Cuando todavía se llora a Joselito " la abre en julio de 1920 el vallecano Agustín García " Malla ", en Lunel. Le siguen Ernesto Pastor, Granero, Manuel Báez " Litri ". Y así sucesivamente, hasta 1940 mueren un total de 11 matadores de toros, 52 novilleros, 31 banderilleros y 9 picadores. El nuevo toreo, la áspera fiereza del toro y los aún escasos avances de la medicina, convierten esta época en la más letal de la tauromaquia. Y eso que a partir del año 27 la aparición del peto contribuyó a atemperar las embestidas de los toros y a " dulcificar " la segunda mitad de este ciclo taurino.
También en lo social fue esta una etapa dura de la vida española. Y hasta, ese mismo año de la muerte de Granero,  la policía tuvo que cargar contra el público exaltado que intentaba quemar las andanadas de la plaza de Madrid tras una tarde de constantes protestas por culpa del ganado. Los toreros sufrieron en sus carnes la tensión de la calle.
Manuel Granero y Valls, nace en Valencia el 4 de abril de 1902, fue un joven de cara aniñada y airosa figura que desde que empezó la profesión como becerrista le entro el toreo en la cabeza y daba gran realce a cuanto hacía con el capote y la muleta. Era fácil matador, además, y todo parecía que sería una figura de excepción.
Se presentó en Madrid como novillero el 29 de junio de 1920 para estoquear reses de los Herederos de Esteban Hernández con Valencia II y Carralafuente ; triunfó en tal ocasión, como triunfó en Sevilla después, y en aquel mismo año, el 28 de septiembre, le dió Rafael " El Gallo " la alternativa en Sevilla, al cederle el toro " Doradito " , de Concha y Sierra, en presencia de Chicuelo. Este diestro fue quien se la confirmó en Madrid el día 22 de abril de 1921, con Carnicerito de testigo y toros de Gallardo, y fue tal el éxito, que en seguida fue elevado con mucha fuerza, influyendo no poco para ello el deseo de buscarle un sucesor a Joselito. El caso es que en aquella temporada de 1921 tomó parte en 94 corridas, con abundantes triunfos y que para la temporada de 1922 quedó en la mejor situación.
Comenzó con triunfos en Castellón, Valencia y Barcelona. El 1 y 3 de mayo actuá sin mucha brillantez en Bilbao. Y el 7 se anuncia en Madrid.
Sus compañeros de becerradas, los novilleros que tanto prometían, han ido poco a poco defraudando a los aficionados.
De la Rosa, un consumado artista del pase natural, se va disipando entre juergas y mujeres. Chicuelo,, al que aún no ha llegado su momento, pierde expectación por su desesperante irregularidad, aunque salpica faenas que anuncian la que definirá artísticamente esta época unos años después.
Antonio Márquez, al que apodan " el Belmonte rubio " y el tosco Nicanor Villalta, aún no han despegado.
Manuel Granero está en lo más alto, sólo amenazado por la ambición de Marcial Lalanda. Se desea, más que artista una nueva pareja. Por eso al anunciarlos juntos hubo llenazo el 7 de mayo de 1922 que se celebra en Madrid la cuarta corrida de abono ; con tres toros del Duque de Veragua y tres del marqués de Albaserrada, para Juan Luis de la Rosa, Manuel Granero y Marcial Lalanda, que confirmaba la alternativa que le diera Juan Belmonte el 28 de septiembre de 1921 con toros de Surga.
El cartel era de lo mejor que la Empresa podía presentar, y tan del agrado del público, que revendedores vendieron como quisieron las localidades que fueron a sus manos.
Llena estaba la plaza y en la calle se quedó mucha gente con deseos de ver el festejo.
Manuel Granero, salió con más voluntad que nunca buscando un éxito que creía necesitar, dado el puesto que ocupaba en la torería. Ocasión propicia le mostró para lograr su deseo su primer toro, al que saludó con unas verónicas tres de las cuales fueron materialmente dibujadas. Se adornó en los quites y en las banderillas sus tres pares fueron aplaudidos. Tomó espada y muleta, y después de brindar se fue derecho al de Albaserrada al que toreó con suavidad y temple extraordinarios. Dejó una estocada y dió la vuelta al ruedo por última vez en su vida.
Y a las cinco y cuarto de la tarde salió al ruedo el quinto toro de la tarde de nombre " Pocapena ", de Veragua, cárdeno bragado y astifino de cuerna.
Al lancear Granero a su segundo enemigo no le fue posible lucirse, porque el bicho pegajoso y burriciego, se paraba en seco sin seguir el viaje que el diestro le marcaba.
Bregó Granero y consiguió meterlo en el caballo del picador donde mostro poder.
A banderillas llego " Pocapena " incierto y descompuesto y la cuadrilla le dejaron los seis palos con la aconsejada rapidez. Tocaron a matar y apenas se podía vislumbrar faena alguna, Blanquet hizo un amago de sacar al toro al tercio, para que, con su mansedumbre, no le apretara al matador en su inicio del trasteo, pero Granero se lo impidió :
- " Déjalo, que ya puedo con él ".
Fueron sus últimas palabras antes de citarlo para su muletazo predilecto, el ayudado por alto.Tan pegado a tablas que el manso le apretó descompuesto, se le puso por delante, y le prendió por la pierna izquierda, haciéndole girar. Tras lanzarlo al suelo, " Pocapena " le hizo hilo y, a derrotes, le fue empujando a favor de querencia hasta meterle debajo del estribo. En el último le alcanzó la cabeza y le estrelló contra las tablas. Marcial, al que se quiso culpar de la muerte por tardar en llegar al quite, fue, en cambio, el primero que le metió el capote al toro encelado en la presa. Y cuando se lo llevó se pudo comtemplar una escena atroz. Los propios toreros se taparon la cara para no ver la de Granero destrozada y ensangretada en brazos de las asistencias.
Marcial acabó como pudo con " Pocapena ", y parte del impresionado público comenzó injustamente a increpar a Marcial Lalanda buscando un culpable. Otros abandonaron la plaza. También el presidente. La corrida se suspendió. El herido Granero entró en la enfermería en periodo agónico y falleció a los pocos minutos.
Días después de morir Granero, el crítico Corinto y Oro terminaba así su evocación del torero valenciano.
" Señores miembros del parlamento taurino : el sillón del ilustre Joselito sigue vacante.
¿ Quién había pedido la palabra ? ¿ El señor Lalanda ?
Don Marcial : su señoría tiene la palabra ".
Y es cierto que el joven maestro lideró tras la tragedia los primeros años de la Edad de Plata, pero pronto tuvo que compartír su temprana hegemonía con una brillante generación hasta poner el hilo del toreo en Manolete, Armillita, Chicuelo y Manolo Bienvenida.
El gran peón Blanquet tuvo esa tarde, como en la del 20 de mayo en Talavera, que había olido a cera en el patio de cuadrillas. Y angustiado, decidió retirarse hasta que Ignacio Sánchez Mejías le hizo reaparecer. Otra tarde más volvió a oler a cera pero la corrida terminó sin incidentes. Tranquilo ya, esa misma noche, en el tren de viaje de vuelta de la corrida Enrique Belenguer " Blanquet " caía fulminado, en su asiento del tren, fulminado por un infarto.