lunes, 23 de mayo de 2016

RECORDANDO A JOSELITO



Todos los años, desde el de 1920, en todas las corridas que se celebran en plazas o por toreros españoles el 16 de mayo, hacen estos el paseíllo descubiertos, en señal de duelo.
Este 16 de mayo de 2016 se han cumplido 96 años desde que el toro " Bailador ", mató, en Talavera de la Reina, a José Gómez Ortega, Gallito, y aún se perpetúa entre la torería su recuerdo de tan patética manera.
Puede afirmarse que ninguno de los diestros que hacen el paseillo descubiertos conoció a Joselito, y aunque ninguno había nacido en aquella fecha, el homenaje vivo sigue, rindiéndose a la memoria del diestro que mejor simboliza, con sus virtudes y defectos, la idea de lo que debe ser el torero y de cómo debe concebirse el toreo. Solo una entrega íntegra a la profesión, una dedicación absoluta a ella en la vida y en la muerte podía producir ese carácter torero cuyo recuerdo se actualiza cada año y cada año cruza calladamente la arena de las plazas, aleccionador y glorioso.
No eran de apogeo los años en que Joselito hace su apredizaje y se lanza a la aventura de la profesión, Hijo de un gran torero y perteneciente su madre a una gran familia gaditana de toreros y artistas, su vocación no podía ser sino la taurina.Cuando Joselito pudo darse cuenta de la situación de la fiesta taurina, en el alborear de sus aspiraciones, una gran figura, la de Antonio Fuentes, consumaba su decadencia, y la pareja Bombita- Machaquito seguía dominando las plazas, aunque con signos inequívocos de declive. Joselito comtempla este panorama de la fiesta con ojos infantiles, sin los resabios del aficionado maduro que convoca todos sus recuerdos para la comparación y el contraste, Joselito, con sus ojos infantiles, no tenía otro término comparativo que lo que él imaginaba que podía hacerse con los toros. Y los diestros que veía torear desde su reveladora infancia tenían que ser con su toreo el fundamento de su concepción del arte que aspiraba a practicar.
Joselito no alcanzó a ver a Guerrita, aunque oyera contar sus historias, y ante la vista, y en ese terreno del dominio de los toros, tan solo tenía el ejemplo de Bombita, dominador muy reducido de escala junto al ejemplo del colosal cordobés. Además, en la tradición familiar, el nombre de Guerrita estaba muy implicado, ya que fue banderillero de su padre, y pese a pasajeras desaveniencias mantuvieron siempre una relación cordial. No era la concepción del toreo de Guerrita la del señor Fernando El Gallo, padre de Joselito, ni mucho menos la de su hermano Rafael, pero la admiración por el poder, los recursos y la eficacia torera del cordobés debieron ser en aquella casa constante objeto de comentario, y en la admiración de tales virtudes toreras iba formando Joselito su concepción del toreo.
En el recuerdo y fama de su padre, y sobre todo en su hermano Rafael, al que desde niño vió torear y al que siempre admiró. Pero si el toreo de Rafael podía parecerle la meta de una manera de concebirle, Joselito era demasiado ambicioso para resignarse a una valoración torera, por refinada que fuera, que no llevara consigo el poder y el mando.
Joselito necesitaba mandar sobre el toro, y como consecuencia sobre la fiesta, y el camino del toreo de Guerrita se le presentaba despejado y evidente para tales fines.
Pero Joselito era sevillano y no podía satisfacerse con arrollar en el toreo con su poder. Era precisa la colaboración del arte, tal como en el toreo puede comprenderle un sevillano, y de ello tenía el mayor ejemplo en su hermano. Pero Joselito no podía imitarle, necesitaba crear su estilo y su manera, adaptar a sus cualidades y exigencias las metas que tanto anhelaba.
Pero aún era precisa otra condición que fue decisiva en las aspiraciones del torero : la dedicación exclusiva a su arte y profesión. Joselito vivió solo para los toros, no quiso saber de otras satisfacciones que las del toreo pudiera proporcionarle.
El resultado fue un torero excepcional : largo como el que más lo haya sido en la historia del toreo, dominador, tanto por sus conocimientos y técnica como por sus poderosas facultades físicas.
Perfecto en su toreo, sobre todo a partír del tercer año de su alternativa, en el que el influjo de las maneras del trianero Juan Belmonte, captadas inmediatamente por José, se hace felizmente notorio.
Así Joselito queda en la historia del toreo como un diestro de proporciones gigantes que no cede ni ante el recuerdo de las casi legendarias figuras de Pedro Romero o Antonio Fuentes. Su dominio de todas las suertes y la fertilidad de sus recursos defensivos le hacen aparecer como una imagen de la seguridad ante los toros y de enciclopedia absoluta del saber taurino. Pero estas cualidades se encuentran unidas a una gracia, más veces melancólica que jubilosa, delatora de su procedencia sevillana.
Con Joselito el toreo recobra su cauce ancho y su transcurrir caudaloso, que la generación taurina anterior no había logrado colmar, y que en Guerrita, el último diestro que le llenara cumplidamente llegó a tener un aspecto más de fuerzas que de gracia y arte.
La ambición es un factor en el toreo de Joselito donde confluyen las exigencias de su tauromaquia. Contaba Gregorio Corrochano que en Valencia le salió un toro que Joselito intuyó que estaba toreado. En cuanto volvió a Sevilla pidió encerrarse con media docena de vacas toreadas, para aprender cómo se debe enfocar la difícil lidia de un toro con esas dificultades.
José, que, según sus biógrafos, debió de ser un hombre de actitudes y costumbres sencillas en su vida privada, tenía un carácter dominador, y en lo referente al toro de una soberbia sin límites. El día de la retirada de Bombita al terminar éste de matar su último toro, le dijo a José : " yo acabo de terminar mi vida de torero. No me ofrezcas banderillas en el último toro ". Cuando tocan a banderillas en el octavo toro, José se dirige a Ricardo Bombita y le ofrece los palos. El público aplaude aquel gesto de compañerismo sin conocer los antecedentes. Bombita sale por delante y coloca un par de banderillas " con su estilo adocenado " enjuicia Gustavo del Barco, para quien " Joselito " clava los palos en el morrillo, en un alarde de pujanza maravillosa, de facultades, de prodigio y de ejecución perfecta. José que ha conseguido retirar de los toros a Bombita y a Machaquito no hace la menor concesión a su hegemonía ni en el emocionante momento de la despedida.
Pero el clasicismo de Joselito no significó inmovilismo. Su previlegiada inteligencia le permitió evolucionar - hasta superar el viejo aforismo - sin renunciar a la ortodoxia - " si no te quitas tu te quita el toro " y, en lenta metamorfosis converger en el predominio del toreo de los brazos sobre las piernas en clara aproximación a la revolución belmontina. De igual manera que Juan Belmonte de " el que quiera verlo que se de prisa ".
Y ambos alcanzaron a colocar la Tauromaquia en el cénit de su historia. Así lo proclamaron los versos de Bergamín :
                          
En José estuvo el soplo

Y en Juan la brasa,

Y en los dos encendida

la llamarada.

Por eso fueron

José y Juan, los dos juntos,

todo el toreo.



Joselito en su famoso kikirikí, por Ruano Llopis



domingo, 8 de mayo de 2016

LOS AÑOS BRONCOS DE LA EDAD DE PLATA



Lejos de sensibilizarse por la muerte de Joselito, los públicos se avinagraron con los nuevos espadas que intentaron ocupar los inaccesibles lugares de las figuras de la Edad de Oro, en un empeño casi titánico por hacerlos olvidar. El que más apenas sumaba tres años de alternativa y, de repente, se encontraron solos cargando con el peso de la púrpura.
Pero ni aun así hubo condescendencia con ellos. En especial, los públicos la tomaron con Varelito, el pundonoroso espada sevillano, afamado de buen estoqueador, que la tarde del 21 de abril fue cogido en Sevilla por el toro " Bombito " de Guadalest. Tal era la persecución de algunos que al pasar por el callejón, cuando le llevaban a la enfermeria, se volvió indignado contra el tendido y gritó esa famosa frase por la que Manuel Varest ha pasado a la historia :
" Ea, ya me la pegó, ya estaréis contentos ". Moriría el 13 de mayo.
Pero no fue la de Varelito la primera ni la única muerte de esos años broncos de la tauromaquia. La experimentación y el seguimiento de los avances técnicos y estéticos que aportaron Joselito y Belmonte se cobraron su buen tributo de sangre, máxime cuando aún los ganaderos no habían pulido la fiereza del toro al nivel que exigían las nuevas formas. Fue ya larga la lista de víctimas que se cobro el belmontismo en la década de los diez, con Antonio Carpio a la cabeza. Pero más larga aún fue la de la Edad de Plata. " Cuando todavía se llora a Joselito " la abre en julio de 1920 el vallecano Agustín García " Malla ", en Lunel. Le siguen Ernesto Pastor, Granero, Manuel Báez " Litri ". Y así sucesivamente, hasta 1940 mueren un total de 11 matadores de toros, 52 novilleros, 31 banderilleros y 9 picadores. El nuevo toreo, la áspera fiereza del toro y los aún escasos avances de la medicina, convierten esta época en la más letal de la tauromaquia. Y eso que a partir del año 27 la aparición del peto contribuyó a atemperar las embestidas de los toros y a " dulcificar " la segunda mitad de este ciclo taurino.
También en lo social fue esta una etapa dura de la vida española. Y hasta, ese mismo año de la muerte de Granero,  la policía tuvo que cargar contra el público exaltado que intentaba quemar las andanadas de la plaza de Madrid tras una tarde de constantes protestas por culpa del ganado. Los toreros sufrieron en sus carnes la tensión de la calle.
Manuel Granero y Valls, nace en Valencia el 4 de abril de 1902, fue un joven de cara aniñada y airosa figura que desde que empezó la profesión como becerrista le entro el toreo en la cabeza y daba gran realce a cuanto hacía con el capote y la muleta. Era fácil matador, además, y todo parecía que sería una figura de excepción.
Se presentó en Madrid como novillero el 29 de junio de 1920 para estoquear reses de los Herederos de Esteban Hernández con Valencia II y Carralafuente ; triunfó en tal ocasión, como triunfó en Sevilla después, y en aquel mismo año, el 28 de septiembre, le dió Rafael " El Gallo " la alternativa en Sevilla, al cederle el toro " Doradito " , de Concha y Sierra, en presencia de Chicuelo. Este diestro fue quien se la confirmó en Madrid el día 22 de abril de 1921, con Carnicerito de testigo y toros de Gallardo, y fue tal el éxito, que en seguida fue elevado con mucha fuerza, influyendo no poco para ello el deseo de buscarle un sucesor a Joselito. El caso es que en aquella temporada de 1921 tomó parte en 94 corridas, con abundantes triunfos y que para la temporada de 1922 quedó en la mejor situación.
Comenzó con triunfos en Castellón, Valencia y Barcelona. El 1 y 3 de mayo actuá sin mucha brillantez en Bilbao. Y el 7 se anuncia en Madrid.
Sus compañeros de becerradas, los novilleros que tanto prometían, han ido poco a poco defraudando a los aficionados.
De la Rosa, un consumado artista del pase natural, se va disipando entre juergas y mujeres. Chicuelo,, al que aún no ha llegado su momento, pierde expectación por su desesperante irregularidad, aunque salpica faenas que anuncian la que definirá artísticamente esta época unos años después.
Antonio Márquez, al que apodan " el Belmonte rubio " y el tosco Nicanor Villalta, aún no han despegado.
Manuel Granero está en lo más alto, sólo amenazado por la ambición de Marcial Lalanda. Se desea, más que artista una nueva pareja. Por eso al anunciarlos juntos hubo llenazo el 7 de mayo de 1922 que se celebra en Madrid la cuarta corrida de abono ; con tres toros del Duque de Veragua y tres del marqués de Albaserrada, para Juan Luis de la Rosa, Manuel Granero y Marcial Lalanda, que confirmaba la alternativa que le diera Juan Belmonte el 28 de septiembre de 1921 con toros de Surga.
El cartel era de lo mejor que la Empresa podía presentar, y tan del agrado del público, que revendedores vendieron como quisieron las localidades que fueron a sus manos.
Llena estaba la plaza y en la calle se quedó mucha gente con deseos de ver el festejo.
Manuel Granero, salió con más voluntad que nunca buscando un éxito que creía necesitar, dado el puesto que ocupaba en la torería. Ocasión propicia le mostró para lograr su deseo su primer toro, al que saludó con unas verónicas tres de las cuales fueron materialmente dibujadas. Se adornó en los quites y en las banderillas sus tres pares fueron aplaudidos. Tomó espada y muleta, y después de brindar se fue derecho al de Albaserrada al que toreó con suavidad y temple extraordinarios. Dejó una estocada y dió la vuelta al ruedo por última vez en su vida.
Y a las cinco y cuarto de la tarde salió al ruedo el quinto toro de la tarde de nombre " Pocapena ", de Veragua, cárdeno bragado y astifino de cuerna.
Al lancear Granero a su segundo enemigo no le fue posible lucirse, porque el bicho pegajoso y burriciego, se paraba en seco sin seguir el viaje que el diestro le marcaba.
Bregó Granero y consiguió meterlo en el caballo del picador donde mostro poder.
A banderillas llego " Pocapena " incierto y descompuesto y la cuadrilla le dejaron los seis palos con la aconsejada rapidez. Tocaron a matar y apenas se podía vislumbrar faena alguna, Blanquet hizo un amago de sacar al toro al tercio, para que, con su mansedumbre, no le apretara al matador en su inicio del trasteo, pero Granero se lo impidió :
- " Déjalo, que ya puedo con él ".
Fueron sus últimas palabras antes de citarlo para su muletazo predilecto, el ayudado por alto.Tan pegado a tablas que el manso le apretó descompuesto, se le puso por delante, y le prendió por la pierna izquierda, haciéndole girar. Tras lanzarlo al suelo, " Pocapena " le hizo hilo y, a derrotes, le fue empujando a favor de querencia hasta meterle debajo del estribo. En el último le alcanzó la cabeza y le estrelló contra las tablas. Marcial, al que se quiso culpar de la muerte por tardar en llegar al quite, fue, en cambio, el primero que le metió el capote al toro encelado en la presa. Y cuando se lo llevó se pudo comtemplar una escena atroz. Los propios toreros se taparon la cara para no ver la de Granero destrozada y ensangretada en brazos de las asistencias.
Marcial acabó como pudo con " Pocapena ", y parte del impresionado público comenzó injustamente a increpar a Marcial Lalanda buscando un culpable. Otros abandonaron la plaza. También el presidente. La corrida se suspendió. El herido Granero entró en la enfermería en periodo agónico y falleció a los pocos minutos.
Días después de morir Granero, el crítico Corinto y Oro terminaba así su evocación del torero valenciano.
" Señores miembros del parlamento taurino : el sillón del ilustre Joselito sigue vacante.
¿ Quién había pedido la palabra ? ¿ El señor Lalanda ?
Don Marcial : su señoría tiene la palabra ".
Y es cierto que el joven maestro lideró tras la tragedia los primeros años de la Edad de Plata, pero pronto tuvo que compartír su temprana hegemonía con una brillante generación hasta poner el hilo del toreo en Manolete, Armillita, Chicuelo y Manolo Bienvenida.
El gran peón Blanquet tuvo esa tarde, como en la del 20 de mayo en Talavera, que había olido a cera en el patio de cuadrillas. Y angustiado, decidió retirarse hasta que Ignacio Sánchez Mejías le hizo reaparecer. Otra tarde más volvió a oler a cera pero la corrida terminó sin incidentes. Tranquilo ya, esa misma noche, en el tren de viaje de vuelta de la corrida Enrique Belenguer " Blanquet " caía fulminado, en su asiento del tren, fulminado por un infarto.





domingo, 24 de abril de 2016

SALTILLO



Con la compra en 2013 del histórico hierro de Saltillo a sus primos, Joaquín Moreno Silva ha reunificado las dos vertientes de este encaste único, donde su toro Viergado, lidiado en las Ventas en septiembre último, ha surgido como un salvador providencial.
Los primos de Joaquín, Félix y Enrique Moreno Maestre de la Cova, heredaron el viejo hierro de Saltillo, pero como eran más urbanos que campesinos se lo vendieron a Joaquín que cumplió así el sueño de su vida.
A la entrada de su finca la Vega, el hierro histórico de Saltillo sustituyó inmediatamente al de Moreno Silva, y también en los registros de la Unión de Criadores de Toros de Lidia.
Los cuatreños de saca son los últimos en lucir el segundo hierro. Todas las reses nacidas a partir del año 2013 son Saltillos en cuerpo y alma. Y, más importante todavía coinciden con la vuelta del encaste a la primera fila. En las laderas de la dehesa, que se extiende sobre las primeras estribaciones de la Sierra Norte, las vacas de Saltillo gozan de una vista única sobre la vega del Guadalquivir, desde Palma al oriente hasta Peñaflor al poniente. Una situación previlegiada de la que disfrutan con mucha naturalidad, como si estuvieran convencidas de la superioridad de su sangre. En la Vega, Joaquín tiene un solo lote de cubrición, y los machos. Las otras estan en el Molino de Chirrión con los cochinos de patas negras, 400 vacas en total. Pero gracias a esta cantidad de madres, el peligro de la consanguinidad se aleja, las camadas se amplían y las posibilidades de escoger la flor de cada una para la lidia, también. Poco a poco, el pelo cárdeno está superando al negro.
Las vacas tienen unos comederos de piedra tallados a mano hace un par de siglos. En algunos, unas conchas fósiles se han quedado atrapadas en la roca, vestigios de tiempos inmemoriales, cuando el mar sumergía lo que ahora es una cantera abierta en lo alto de un cerro.. Al igual que los estratos gealógicos del suelo, los encastes bajan y suben a lo largo de su historia. El de Saltillo se hundió durante la guerra y consiguió sobrevivir entre dos aguas gracias al empeño de los hijos de don Félix Moreno Ardanuy, y ahora de su nieto Joaquín Moreno Silva.
Reducido a un pequeño nucleo por culpa de las normas sanitarias impuestas con la entrada en el Mercado Común allá por el año 92, pudo desaparecer del todo, pero se salvó gracias a las naranjas que también se crían en la Vega. La cosecha del 2015 fue espectacular. Las naranjas de la Vega dan mucho jugo, lo que durante décadas permitió mantener a la ganadería, ampliarla con paciencia, mejorarla, pulirla sin quitarle un ápice de su personalidad, y al final, después de algún refresco por la vía de Buendía, darle su perfil actual, más moderno, pero igual de temible.
A pesar de todos los esfuerzos del ganadero, este renacimiento no habría sido posible si otro movimiento subterráneo no se hubiera puesto en marcha : cuando las aguas parecían haber cubierto para siempre al encaste Saltillo, el empeño de los aficionados y de algunas plazas por levantarlo hizo que, lentamente, remontara desde el fondo hasta la superficie, emergiendo desde las aguas, como un islote perdido en el mar del monoencaste. Igual que las extrañas piedras marinas que los geólogos encuentran a menudo en lo alto de las montañas, los fósiles de Saltillo volvieron a brotar, despertando la curiosidad entre los aficionados, para los cuales representan un pasado remoto que se cría perdido.
Enrique, el mayoral, entró en la Vega muy joven, hace 25 años, para ocupar el puesto de su padre, que fue mayoral en tiempo de don Félix Moreno Ardanuy, el abuelo de Joaquín, y luego de su tio.
En tiempo del abuelo de Joaquín, su padre le contaba a Enrique que los toros se criaban en la misma vega, que son las mejores tierras.
Hoy son los primos de Joaquín, que cultivan allí patatas, espinacas..... todo crece en ellas.
Comenta Enrique, el mayoral : Desde que se destetan, los machos crecen a hierba y bellota en el monte hasta bien cumplidos los tres años. Luego, cuando los cercados de la parte baja de la Vega, se vacían, los bajas a ellos, se enfundan y se preparan a pienso para la lidia.
" En el monte, los pitones se endurecen mucho. Los treinta y pico utreros disponen de 60 hectáreas donde se reparten en varios grupos.Cuando se juntan los grupos suele haber grandes broncas..... Tienen tres corridas para 2017. La criba es considerable. Aparte de las bajas, sólo hay que dejar lo mejor para toro. Y para Madrid, si puedo juntar todo cárdeno, no metó negro. Si dejo una corrida negra me cuesta mucho venderla ".
¡ Saltillo tiene que ser cárdeno !
Yo nací en aquella casita que está alli. " Me fuí de aquí con dos años y volví con 24, estuve con el padre de Joaquín cinco años, y luego con él ".
La campaña de tentaderos va muy bien y Enrique tiene prisa para que termine : " En cuanto antes echemos fuera las vacas desechadas, mejor. Más espacio y más hierba para las que se quedan. Al día siguiente de conocer las desechadas, suben al camión del carnicero.
Los toreros llaman todos los días para tentar. Se nota que hay menos vacas por todas partes.
El toro lidiado en Las Ventas bendijo a la ganadería a ojos de los toreros. " Fue extraordinario. El Rosco se quedó afónico de tanto gritar para pedirle la vuelta al ruedo...... Yo entiendo que el toro nuestro es más de público que para estar delante. Esas corridas son para toreros muy preparados y dispuestos. La última corrida que se lidió en Céret tenía cerca de seis años, peso más más de seiscientos kilos y le dieron una media de cuatro puyazos fuertes a cada toro.
La que preparamos en la Vega para esta plaza en 2016, no le va a la zaga.
La de Madrid es más bonita y pareja, sin dejar de ser una tía. Para su vuelta a San Isidro, Joaquín Moreno Silva ha dejado la flor de su camada. Se escogió por notas y hechuras. Son toros fuertes y mus culosos. Deberían dar mucho juego.
En el cercado lindando con la corrida para Céret asoman tres esparragueros. Andan de furtivos por la Vega y no se cortan un pelo cuando tropiezan con el personal de la Vega, algunos se han llevado una cornada, pero vuelven igual. Dicen que con los espárragos viven todo el invierno, cosechando de ocho a veinte kilos a diario. En la Vega, todo se aprovecha : espárragos, toros y naranjas.
Joaquín ha invitado a los dos triunfadores de la corrida madrileña que le permitió salir del purgatorio y entrar en San Isidro.
En la corrida el quinto " Viergado ", cárdeno, de 576 kilos al que José Carlos Venegas le cortó una oreja. Si " Viergado " hubiera caido en manos de un torero más preparado, se le había pedido el indulto, lo cierto es que le pidieron la vuelta al ruedo y, a pesar de la fecha tardía del festejo, tuvo tanta trascendencia que se le consideró como uno de los mejores toros de la temporada madrileña.
Para los del 7 y la Asociación del Toro de Madrid, " Viergado " resultó de los mejores de la temporada, y así lo premiaron.
En el palco de la plaza de tientas, el ganadero está rodeado por los hermanos Álvaro y Pepe, los de la Quinta. Son primos lejanos a través de los " de la Cova " de la generación de los abuelos.
En Saltillo, se ha producido algún refresco via " La Quinta ". De hecho, cuando Javier Buendia vendió la parte de la ganadería familiar que había recuperado, Joaquín Moreno Silva y Álvaro Martínez Conradi la compraron a medias, lo cual explica que en ambas ganaderías se vean animales con el curioso pelo flor de gamón, muy claro, procedente de un semental de Bucaré que padreó en casa de Javier Buendía y que sigue padreando en casa del maestro Paco Camino.