martes, 15 de diciembre de 2015

MANOLO GONZALEZ - GONZÁLEZ SÁNCHEZ - DALP



Pocas zonas en el mundo poseen vestigios taurinos tan antiguos como la sierra de Aracena.
Rodeando a Aracena por el sur, el Monte San Miguel es una joya que los Sánchez Dalp adquirieron a comienzos del siglo XX. Los Sánchez Dalp eran de Sevilla.
En Aracena, durante el primer tercio del siglo XX, los hermanos Miguel y Javier Sánchez Dalp erigieron los edificios más emblemáticos de la ciudad, con el toque magistral, en la mayoría de ellos, del arquitecto sevillano Aníbal González. Tanto actividad le valió a esta familia varios títulos de nobleza. El primero de los que cayeron - mediante una boda - fue la Baronía de la Vega de Hoz, después el marquesado de Casa Dalp.
Aquel año, 1908, se comenzó en Sevilla la construcción, por parte del arquitecto argentino, Simón Barrio y Bes, de lo que sería la casa palacio del Conde de las Torres de Sánchez-Dalp.
En Sevilla, Aníbal González construyó, entre 1915 y 1917, la casa Sánchez-Dalp. Antes los hermanos habían comprado en Aracena la finca que rebautizaron como Monte San Miguel.
En 1911, Juan del Cid López Boza Valladares, alcalde de Aracena y Francisco Javier Sánchez Dalp sufragaron las obras de la Gruta de las Maravillas descubierta en 1886. A partir de 1914, fue la primera cavidad con fines de explotación turistica en España.
En 1915, la Gruta recibió la visita de Alfonso XIII, que merendó en el Monte de San Miguel el 14 de marzo y creó el marquesado de Aracena quizás para agradecer el esfuerzo realizado por Francisco Javier Sánchez Dalp con el fín de ofrecer a Aracena una riqueza de la que disfruta tadavía hoy, con más de 140.000 visitantes anuales. Pasado el tiempo, después de casarse con una de las hijas del Nuevo Marqués - Socorro Sánchez-Dalp - Manolo González, compró dos partes del Monte de San Miguel ; la de su suegro y la de Javier, quedándose en indiviso con Miguel el tercer hermano.
De Miguel heredó Javier, el hermano de Socorro, que vendió su parte a sus sobrinos los hijos de Manolo González y Socorro Sánchez-Dalp, uniéndose así la totalidad de la finca Monte de San Miguel.
Un busto de barro rojizo de Manolo González preside el salón principal del palacio, velado por "Capuchino ", el famoso toro de Graciliano Pérez Tabernero. El busto lo hizo Miguel García, autor de la estatua ecuestre de doña Mercedes de Borbón que preside La Maestranza.
Manolo González nació en Sevilla, en la calle Sol, el 7 de diciembre de 1929, en el seno de una familia humilde. Su padre albañil, murió cuando éste tenía siete años. Su madre lo mandó a estudiar con los Maristas, pero en la misma calle Sol vivía el Moreno de Algeciras, torero valiente que tenía a toda la chiquillería del barrio presa de sus historias de gloria taurina.
Y así, el crío espabiló ; su maestro don Felipe de los Maristas era un sabio pero estaba canino, mientras que el viejo torero iletrado le parecía más desahogado económicamente. Eran los años de la pobreza aderezados con sueños de grandeza. Manolo, que tenía siete años estudia un día para complacer a su sacrificada madre, pero aprende a torear al atardecer. Un día anuncia su decisión de ser torero y su madre pide ayuda a su tío Juan " Cabrerito ", que había sido banderillero con " El Gallo ".
- " Yo no puedo con er, Juan. El Moreno le tiene sorbió el seso al chiquillo con las cosas que le cuenta.
Manolo no vive pa na ; sólo piensa en ser torero, y yo, la verdá, si tu no te hases cargo, me temo que el día menos pensao se escape de casa pa irse a los tentaderos y sabe Dio "..... Y el tío Juan busca para su sobrino, que ya tiene once años. Emilio Fernández, dueño de un taller, primero le da trabajo, y después, al verlo con su primera vaca, sentencia : Éste será el Chicuelo der porvenir. Tres fiestas en Dos Hermanas tejen cierto ambiente entorno al chaval.
Los meses pasan y, cuando cumple 16, su padrino le avisa de que va a debutar con caballos en La Maestranza, en una de ocho novillos para ocho novilleros. Gusta lo repitan y recibe una cornada.
En realidad Manolo González no fue conocido hasta que se presentó en Madrid, el 4 de agosto de 1946.
Toreó en 1947 con frecuentres triunfos en 42 novilladas que le hicieron tomar la alternativa en La Maestranza el 27 de mayo de 1948, padrino Pepe Luis Vázquez, toro Bailarín de don Clemente Tassara, testigo el albaceteño Manolo Navarro.
Brillante éxito obtuvo en Sevilla, pero aún mayor el alcanzado en Madrid el 3 de junio de 1948 al confirmar alternativa de manos de Antonio Bienvenida y testigo Pepín Martín Vázquez, dió la vuelta al ruedo en el primero Manolo González y cortó las dos orejas en el sexto ; al toro " Capuchino ",de Graciliano, que desde entonces vela sobre los salones del Monte San Miguel.
El triunfo con " Capuchino " fue brutal. Colosal. Multitudinario. Era un toro muy ibarreño y un torero muy sevillano. En una tarde, Manolo González se encumbra. Esa temporada del 48 es toda suya, y la concluye cortando un rabo en la Maestranza al lado de Luis Miguel y Pepe Luis Vázquez.
En el 49, conforma las base de la feria de Sevilla, donde su toreo alegre confirma su hondo calado.
Aquellos triunfos en ruedos de tanta importancia y en circunstancias tan trascendentales para él, le abrieron inmediatamente las puertas de la primera fila. Su garboso estilo sevillano, su gracia personalísima y su valentía ( puesta todas las tardes de manifiesto ) rendían a las multitudes y ganaban el fervor de los aficionados, y en 1949 torea 78 corridas, 72 en 1950, 75 en 1951 ( que pudieron ser más sin una grave cogida que sufrió en Vitoria el 5 de agosto de 1951) y 64 en 1952.
Se retiró en 1953 y reapareció en 1960 y el 23 de julio de 1961 toreó su última corrida, que se celebró en la plaza de toros de las Arenas de Barcelona, en cuya ocasión dió la alternativa a Manuel Blánquez, figurando El Viti como segundo espada y se corrieron toros de don Baltasar Ibán.
Faenas de otros tiempos, de poderío e improvisación, de corta duración pero de calado eterno. Encabeza el escalafón, y de pronto, en el cenit de su gloria, en el San Miguel del 52, anuncia que lo deja. Al maestro de la calle Sol nunca le gustó perder el tiempo, y su carrera en los ruedos se caracterizó tanto por su brevedad como por su gracia y valor ; cinco años, del 48 al 52, en figura grande después de consagrarse en Madrid frente a " Capuchino ".
Tras una retirada siete años, regresa otra temporada y media, del 60 al 61, apoderado por Camará. También se ha casado con una hija del Marqués de Aracena : Dolores Sánchez-Dalp. Manolo es ya una figura consagrada, con un toreo más hondo y más reposado, pero sin perder un ápice de su sevillanísima gracia. Y a los treinta años, la retirada es definitiva.
Cuando le preguntan entonces cuál fue su mejor faena, contesta sin dudarlo : " Quitar a mi madre del trabajo "
Le espera otra vida : viaja a la Costa del Sol, donde por quellos años, acogen con los brazos abiertos a todos los emprendedores capaces de contribuir al milagro inmobiliario que convierte el desierto en playa turistica. Y Manolo González, recordando, quizás, el oficio de su padre albañil, y espoleado por el éxito de su familia política en la construcción, aumenta con creces la fortuna ganada en los ruedos. Triunfador en la plaza ; lo es también fuera de ella, algo poco frecuente.
A pesar de que ya no torea, Manolo González tampoco ha perdido la afición. Forma una primera ganadería en 1961 y la pone a nombre de su esposa, Socorro Sánchez-Dalp. Procede de la de Juan Belmonte. Pero, en 1974, cuando ya le ha cogido el pulso al oficio, compra a Carlos Núñez la mitad de su ganadería y el hierro de hermanos Núñez : 1.000 cabezas, 400 vacas madres y 24 sementales.
( Continuará )





jueves, 3 de diciembre de 2015

MEMORIAS DE LA EDAD DE ORO DEL TOREO



La Edad de Oro del toreo, la de José y Juan, tiene unos límites que se pueden precisar.
Comenzaría con la alternativa de Juan Belmonte el 16 de octubre de 1913, de manos de Machaquito. en Madrid, y terminaría el 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina.
Entonces, en 1914, se decía que la empresa de Madrid hacía constar que en sus contratos con Joselito y Belmonte no torearán juntos en ningún día festivo, - ocho corridas Belmonte y siete Joselito - y que ambos se encontrarán en el ruedo madrileño los días 2 y 3 de mayo.
Pero también se decía por la calle Sevilla que Vicente Pastor había pedido 1000 pesetas más que Belmonte, y que Rafael " El Gallo " no pedía más. pero exige 1000 pesetas más por cada toro de Belmonte que tenga él que matar ; y se preguntaban los belmontistas : ¿ y quién va a matar los toros que deje vivos Rafael " El Gallo ? "
Bombita y Machaquito no toreaban en Madrid, por su disgusto con Mosquera.
La afición quedaba desamparada ; no había competencia, no había emoción.
La gente iba a los toros pesarosa, triste, su afición le pesaba como una losa.
En busca del torero en quien modelar el ídolo, no perdía movimiento, comentaba el gesto de los lidiadores, y los 13011 espectadores de la plaza de Madrid escrutaban con sus 26000 ojos. Pero un día, un lidiador de los del montón, de los que no toreaban más de 15 corridas durante el año,estoqueo un toro con rectitud y guapeza, y en la plaza brilló un relámpago de optimismo, se tocaron palmas, se cambiaron miradas de ansiedad, interrogantes ¿ será éste ? ; pero ante el temor de una desilusión, nadie se atrevió a comentar en voz alta.
La faena se repitió. Dos toros más cayeron estoqueados magistralmente, saliendo muertos de los vuelos de la muleta cuando el matador transponía el costillar. Ya no cabía dudar, ni era posible contener la impaciencia por más tiempo. Un grito de entusiasmo salió de la plaza.
Ya teníamos uno ; uno que despuntaba nada menos que estoqueando, lo más difícil, lo que más escaseaba : un mirlo blanco de la torería.
Y, de repente, la afición con esa vehemencia que caracteriza, lo pusieron en el pedestal para adorarlo como a un dios.
Lo sacaban todas las tardes en hombros, pero no hasta el coche, según costumbre, sino hasta la Puerta de Alcalá, siguiendo el carruaje detrás, de respeto, como en las grandes solemnidades.
Una tarde, rompiendo moldes y tronchando la majestad rígida, inflexible, única, de la Plaza de Madrid, le concedieron el honor de cortar una oreja a un toro.
El ídolo fue consagrado ; era intangible ; profanación discutirle ; un alamar arrancado por un toro, era reliquia.
Todo en él parecía excepcional : que viviese en casa con ascensor, que no se riese nunca.
Ese  torero - ya no hace falta decirlo - era Vicente Pastor.
Con una modestia que parecía nacer de la desconfianza, tenían que obligarle mucho para que diese la vuelta al ruedo después de una colosal faena indiscutible.
- Riete hombre - le decía el público.
Y Pastor no reía ; recibía los aplausos, las exaltaciones del pueblo, con recelo. A veces sonreía como preguntando : " ¿ Durará mucho esto ? "

En abril de 1914, tuvo un fuerte percance en Murcia, Juan Belmonte, que le había contrariado mucho, muchisimo. Su afán por torear en Sevilla era grande y legitimo.
Pero Belmonte, se hubiese sometido a las prescripciones facultativas si no le hubiesen ido con habladurias.
- ¿ Qué se dice por ahí ? - preguntaba Belmonte, imposibilitado de salir del cuarto del hotel.
- Pues se dice...., nada ; no se dice nada.

Y había guiños de ojos y subidas de hombros.
- Pero ¿ pasa algo ?
-  ¿ Y por qué no decirselo ? Es mejor que lo sepa.
- Por mi......
- Pues, para que lo sepas, se dice que Juan Belmonte no tiene nada, y que lo del pie es un pretexto para no torear en Sevilla con Joselito.
-  ¿ Eso dicen ? - asombrado.
- Eso dicen - rotundo, afirmativo, apoyando con un rápido ademán el brazo derecho, con dedo índice estirado.
Belmonte estira la boca más que nunca y pregunta, después de una pausa, sin dar importancia :
- ¿ Qué día es el de los miuras ?
- Creo que el martes .
- Si, en efecto ; el martes.
Y el lunes, cuando el médico le dice que continué con el reposo, Belmonte le contestá que se va a Sevilla, a torear el martes la corrida de Miura.
- No es posible.
_ Es necesario.
- Vas por una cornada.
- Voy por lo que Dios quiera.
Y se fue a Sevilla y toreó con éxito la corrida de Miura.
Y Belmonte salió en triunfo de la plaza de Sevilla.
Pero en la Edad de Oro del toreo hay una " prehistoria " que se inicia con el apendizaje de Joselito y Belmonte y un larguísimo épilogo después de la muerte de Joselito, época en la que Juan Belmonte absorbe, elabora e incorpora la sabiduría y el ejemplo de Joselito.
En ese épilogo Juan Belmonte depura su técnica y su arte.
Para algunos, torea entonces mejor que en ningún otro momento de su vida. Juan e incluso Ignacio Sánchez Mejías afirmaron entonces : " José está más vivo ahora que todos nosotros ".
Las alternativas de Joselito y Belmonte ponen el punto final a una época, la de los " naides " : ellos fueron los ídolos, junto a ellos Rodolfo Gaona, Vicente Pastor, Rafael " El Gallo ", Manuel Mejias " Bienvenida ".
Pero el encuentro entre Joselito y Belmonte, da lugar a un bipartidismo enardecido.
La revolución que todo el mundo comenta en 1913 es la de Juan Belmonte. Novillero desconocido, sin antecedentes taurinos,, que ha brotado de la lucha por la vida, desde las más humildes capas. Han bastado unas escasas actuaciones, con vestidos de torear alquilados, para lanzar a la fama un torero nuevo. Frente a esa nube de tormenta que era el belmontismo incipiente estaba el sol radiante, la celeste hermosura de la majestad serena y equilibrada del toreo de Joselito, suma y compendio de todas las normas clásicas del buen toreo.
Guerrita dijo su sentencia : " Eze niño ha jecho cosas que no las habemos jecho más que Lagartijo, yo y él, Joselito, ezo é un monumento ".
Joselito fue el primer torero en la historia que llegó a la cifra de 100 corridas toreadas en una sola temporada, pues sumó 102 en 1915, 105 en 1916 y 103 en 1917.
El año que más toreó Juan Belmonte García fue el de 1919, que sumó 109 corridas.
Así eran las crónicas de aquella época, la de la Corrida de la Cruz Roja, con Rafael " El Gallo ", Joselito y Belmonte.
Pero si ayer se eclipsó el sol rafaelista - permitid á mi Gallismo una pizca de esperanza para no creer y escribir que se " puso " - lució más esplendido que nunca el sol joselista.
Es la ventaja que tenemos los Gallistas para satisfacción nuestra y rabieta de los contrarios. Se nos va ó se esconde uno ; nos queda otro.
Es mucho Joselito. ¿ Que ya lo he dicho doscientas setenta y tres mil veces ? Pues todavía no llegan ni a la quinta parte de las que hay, para decirlo para empezar á dar idea de la enormidad de torero que hay en José.
Si algún hombre nació para su oficio, ha sido Joselito. El lo sabe todo, y lo que no, lo presume, y lo que no, lo inventa.
¡ Y todavia hay quien lo niega !.......
Santa Lucia bendita les conserve la vista.
Es mucho Joselito
Que le echen lo que quieran. Ayer, los dos peores. ¿ Y qué ?
¿ Cuantos toreros hubieran podido con estos dos toros ? El y sólo él.
Los demás toreros, tienen un toro de su estilo : Joselito tiene un estilo para cada toro.





viernes, 20 de noviembre de 2015

OTOÑO, LA DEHESA Y EL TORO BRAVO



El otoño de 2015 comenzó el 23 de septiembre y durará 89 días y 20 horas terminando el 22 de diciembre dando comienzo al invierno.
Esta es la época del año en que la longitud del día se acorta más rápidamente. El Sol sale por las mañanas cada día un poco más tarde y por la tarde se pone antes.
En la dehesa, el otoño, es muy bien recibido y hace acto de presencia invadiendo y adueñandose de la misma. Los cálidos rayos de sol otoñales y los intensos colores de una vegetación exuberante, transforman a estos parajes en un entorno bellisimo durante esta época del año.
Este sistema natural, único en el mundo, cuenta con unas condiciones climáticas muy caracteristicas que convierten a la dehesa en una de las zonas boscosas más extensas y mejor conservadas.
La Montanera hace acto de presencia y los animales que las pueblan comen su bocado favorito " la bellota ".
Las crías de bravo comienzan a nacer, las más prematuras, a principios de septiembre, nacimientos que suelen terminar a mediados de abril, los más tardíos, ya que en Extremadura los toros se echan a las vacas de diciembre a final de junio.
La razón principal de utilizar las fechas tradicionales, reside en procurar que en la época de cría esté el campo en condiciones de alimentar a la madre, para críar bien, con holgura suficiente y pastos abundantes, incluida la montanera, pues de ser buena la otoñada es una bendición asisitir a las dehesas, y sobre todo observar a los animales que la disfrutan. Las crías en sus comienzos exigen menos, no maman mucho, aunque a medida que van creciendo su ración de leche y hierba que mordisquean, ha de doblarse y triplicarse.
En Salamanca y en el Centro nacen unos meses más tarde. La razón principal ha de buscarse en evitar que los becerros nazcan en los meses de más frío, cubiertas las dehesas con una espesa sábana de nieve, pues las bajas temperaturas pueden ocasionar bajas a los recien nacidos. De todas formas, siempre hay un tanto por ciento de becerros que mueren al nacer ; influye la suerte que al nacer no tengan días de excesiva niebla, en Extremadura a veces en una semana no vemos el sol, vientos muy fuertes, noches muy frías.
La vaca al sentir que el parto en inminente, busca sitios resguardados y escondidos del hombre en la dehesa, suele parír echada en el suelo ; sin embargo, cuando el vaquero la sosprende, se levanta y lo tiene en pie. Cossío sostenía que, durante el día procuraban mirar mejor hacia el sol que donde reina la sombra, caso naturalmente de no tenerlo de noche.
Una vez fuera la cría, la madre, como en todas las especies de la raza bovina, se come la envoltura que lo cubre, " las pares " como en la terminología del campo se llama. Es interesante ver, que hasta que la vaca no limpia al becerro por completo y se come " las pares ", apenas si hace caso del becerro ; pero ¡ ojo !, una vez termina esa operación, la vaca brava defiende a su cría a viento y marea, contra cualquiera que se acerque a pie, a caballo, incluso con un tractor, porque ya sólo le interesa defender a su becerro. Los vaqueros lo saben y han de luchar con su impaciencia por saber si es macho o hembra, aparte de ser un deber consignarlo en el parte diario de nacimientos, en el que se especifica el número, nombre y crotal de la madre, número del crotal del becerro recien nacido, y si se trata de macho o hembra. En esta aspecto será curioso anotar cómo hay años, lunas que las vacas " machean " o " hembrean " en más o menos, y a decir verdad, no sabemos por qué.
En los años que estuvieron con las vacas sementales nuevos en mi ganadería, observé que al parír las vacas cubiertas por él " macheaban " mucho.
A muy poco tiempo de nacer, los becerros tratan de levantarse, andan con pasos desequilibrados y a veces se caen. La vaca madre, quizá pensando que no lo ha secado suficientemente, vuelva a hacerlo con su lengua, hasta que éste sale de su entumecimiento, dándole su calor, y el becerro tiene la energía de iniciar nuevos pasos. Cuando pasados unos minutos se decide a mamar los calostros, le entra el sueño calostral. Digno es de comentar cómo la madre se esfuerza en que se duerma en el sitio menos visible, para marcharse a comer la comida que diariamente se les suministra a todas las vacas presentes en un cercado, teniendo en cuenta que el sueño del becerro dura varias horas.
Al igual que la vaca intenta profundizar en su instinto de ocultar el becerro, el vaquero se esfuerza por encontrarlo, para crotalizarlo a la mayor brevedad posible.
Ese juego entre la vaca y la curiosidad de los vaqueros será interesante, porque la vaca, en cuanto ve acercarse al vaquero, tiende a separarse más del sitio donde lo tiene escondido, lo cual despistaría a uno cualquiera que apareciese por allí, pero no a un vaquero de bravo que sabe como encontrarlo en poco tiempo.
Las vacas jovenes se espantan poco porque no conocen todavia la inteligencia del hombre, las viejas, las experimentadas, aparecen siempre en el lado contrario donde lo tienen.
Otas veces el vaquero, para encontrar los becerros, simula ante la vaca el berrido del mismo. Las vacas jovenes responden siempre, porque creen que le paso algo a su cría, y rapidamente se dirige al escondite del hijo. Las viejas, por perfecto, que escuchen el berrido que simula el vaquero, no contestan jamás, se hacen las distraidas, porque conocen de sobra el truco. Son inmensas las argucias que puede haber aprendido una vaca vieja en más de diez partos.
Lo bueno de todo esto es que el becerro, mientras tanto, no chista ni se mueve. Debe ser algo así como un subconsciente ancestral de ataques de animales feroces ; la perdiz apeona por el lado contrario de donde guarda el nido, para engañar al cazador, mientras la pollada queda quieta y muda. Quizá por el mismo motivo la vaca brava, recién parida, no puede soportar la presencia del perro ; en el fondo no deja de ser la sombra del lobo.
Cuando el becerro duerme sonámbulo por los calostros, es un buen momento para hacerles la señal en la oreja que cada ganadero tiene designada.
Así empezamos a señarlos en Encina Hermosa, y tuvimos que dejarlo para hacerlo el día del herradero, motivo, en los primeros herraderos se nos moría algún becerro, sobre todo, siempre de los mayores, al no sangrar durante el herradero y bregar tanto en el cajón de herrar no se descongestionaban como ocurre cuando sangran por la señal que se les hace en las orejas, desde entonces no tuvimos más bajas. Yo tenía la impresión que al hacer la horca en ambas orejas, que es la señal de la ganadería, nada más nacer se les hace menos daño porque las orejas son más tiernas, la herida cura antes y tiene, además el enorme cicatrizante de la lengua materna, pero ante los resultados tuve que doblegar.
Cuando los becerros cumplen un mes, corre como su madre, corre, salta, inclusive se pelea con los otros becerros. Embiste, topa con lo que se le ponga por delante, porque el misterio de la bravura lo domina desde el mismo momento de nacer.
Sanz Egaña en su libro precisaba : " El becerro recién nacido, acomete con la misma técnica que el utrero. " " Con loa años el toro adquiere poder, pero no bravura . "
La brisa a traves de la hierba, la brisa a traves de los árboles, la brisa en la cara, la luna llena, el sol caliente y cegador son los mundos del becerro.
Es curioso observar a primera hora de la mañana como las vacas dan un paseo seguidas por su becerro, cuando se cruzan con otros emprenden carreras, cuando se marchan lejos de la madre, ésta los llaman con un bajo " muuu " que ellos reconocen, y tan pronto la ven levantan la cola y corren junto al caliente costado de su madre.
Los becerros sienten curiosidad por todo. La hierba del otoño joven y tierna les acaricia haciéndoles cosquillas en el hocico. Conocen el bramido triste, quejumbroso, de su madre, y a él sólo obedecen. Una llamada única, inconfundible, a la que atienden siempre.
La dehesa es uno de los últimos paraisos que debe seguir albergando al toro bravo.

¡ En el campo bravo, es tiempo de OTOÑO !