lunes, 15 de diciembre de 2014

ENCASTE SANTA COLOMA ( CAPÍTULO XI )




Pasada la Venta El Cruce con dirección hacía Isla Mínima, la antigua placita de tientas de Pérez de la Concha se encuentra en ruinas.
Construido en 1790, el cortijo ha sido invalidado por hierbas encrespadas.
De la casa sólo sobreviven las paredes desconchadas adornadas con azulejos rotos. En un cuarto todo polvoriento con una puerta de hierro que chirría, una cabeza de toro roída por las ratas yace enterrada bajo un montón de escombros.
Allí tentaron Rafael " El Gallo ", Joselito y Belmonte.
Hace algunos años los herederos edificaron dentro una placita redonda más pequeña que jamás terminaron.
De la vieja placita sólo subsiste una pared longilínea agujereada de aspilleras.
De todas las ganaderías que se instalaron en la marisma Pérez de la Concha fue la única que sobrevivió - hasta no hace mucho - en manos de una misma familia y en la misma finca, la famosa Vuelta del Cojo, actualmente rodeada de arrozales y medio en ruinas.
Con una compleja mezcla al principio - donde se encontraban sangres desconocidas - , pero probablemente vazqueñas y algo de Lesaca antes de que fuera Saltillo, a la ganadería de Pérez de la Concha se le añadió más tarde algún semental de Ybarra, y posteriormente se introdujo un lote de vacas de Joaquín Buendia. Nunca se quitó lo anterior, en los años 1970 la ganadería contaba con 700 vacas.
Una barbaridad. Los de Pérez de la Concha disponían de un capital inmenso legado por Fernando Sierra a sus descendientes, y durante los muchos años en los que la ganadería funcionó, sacaron de ella una confortable renta. Los problemas llegaron cuando desapareció Enrique Pérez de la Concha, el último de la saga, dejando sus bienes a su segunda esposa, Carmen Martínez, muy alejada del mundo del toro. Esta, a su vez, nombró como heredero a su sobrino, Enrique Martínez, quien tampoco estana muy interesado por los toros. De hecho, vendió a Ignacio Huelva la ganadería e hizo lo mismo con la Vuelta del Cojo, trozo a trozo, antes de fallecer hace unos años.
Durante esta penosa decadencia, los Péres de la Concha conservaron la calidad de la ganadería gracias a los conocedores y administradores que se ocuparon de ellos : como Manuel Salas Díaz, conocedor primero y administrador después.
" Esto era lo mejor del mundo ". Lo mejor de Santa Coloma. Tenían un toque de Ybarra y Veragua.... y salían unos jaboneros de Veragua maravillosos. Hablo del año catapum. Lo tenían todo mezclado, las tres ramas y unos salían más a una rama y otros, a otra. Toda vaca mulata que había entrepelada en cárdena era Ybarra. Pero al final, esto se eliminó, era muy bronco. Lo peor era lo que tiraba a Saltillo. Salían muy broncos. Pero lo mataban las figuras del toreo.
A partír de 1961, don Enrique empezó a dajarlo abandonado, y al morir don Enrique, su viuda, se quedó con esto y no sabía nada de nada.. Lo único que le interesaba era vender y cobrar.  En el año 1971, teníamos 600 vacas y 300 estaban sin tentar. Echaban dos sementales nada más a las 600 vacas y claro esta. No podían con todas.Cuando entró Manuel Salas Herrera, se encontró con 34 machos sin herrar y 36 hembras. Me quería ir, porque esto era una pena. Pero se quedó y le dijo a la dueña que se quedaba si al año siguiente todo cambiaba,
Escogió 20 machos y los echó a las vacas.
Lo tenían muy definido y se veía perfectamente el que embestía y el que no. Los bajitos con pitón blanco no fallaba ni uno.
Al año siguiente herraron 150 machos y 160 hembras. ¡ La dueña no cabía de alegría !
Los toros los vendía la dueña a 100.000 pesetas y los novillos a 50.000. Una miseria. Me fuí a Sevilla, vi al Vito, y le pedí 500.000 pesetas por toro y 300.000 por novillo. Vino a verlos en la Vuelta del Cojo y se quedó con todo.. La dueña alucinaba. En el cortijo había en las paredes diez cabezas de toros, cuatro eran jaboneros, uno castaño y los demás cárdenos.
Pero al final, lo único que quedaba allí era Santa Coloma puro, lo de Veragua, lo de Ybarra y Saltillo lo quitaron.
Lo de Santa Coloma lo había adquirido don Enrique a Joaquín Buendía. Cuando murió su mujer Carmen, yo me fuí de la Vuelta del Cojo, lo ví venir. Fue un desastre, una pena. Si esta ganadería hubiera aguantado trinta años más, estaría hoy en todas las ferias importantes por la calidad que tenía.
Esto embestía a rabiar y con el hocico por los suelos.
Que no exista ya, me da ganas de llorar. Yo, en doce años, la levanté y la puse en dinero.
Me da mucha pena. Es que no paso por ahí para no ver cómo está aquello. Lo vendieron todo por trozos. Paco Camino quiso comprar el ganado.
Las vacas de pitón blanco embestían todas. Las de pitón negro no. Era saltillo. Al final el sobrino de doña Carmen lo vendió todo y muy barato y con el hierro regalado. ¡ Uno de los más antiguos ! Con lo que ha sido la marisma no queda nada
¡ Fíjese ! En la Vuelta del Cojo vi a Rafael " El Gallo " siendo yo un chiquillo. Sus botas, su chaqueta y su sombrero perfectos. Tenía una clase, una calidad.
Se llevó a la vaca a los medios andando y ahí le pegó cinco o seis derechazos y otros tantos naturales.
¡ Qué grandeza, qué categoría ! Estaba tieso como una regla, el pobre. Lo mantenían Belmonte y don Enrique , mi jefe, administrándole el dinero de un festival que se había organizado para él en la Maestranza.
A Morante, ya trabajando yo en la Vuelta del Cojo, le eche su primera añoja un día de herradero.
Tendría seis añitos. Y de todo aquello no queda ná. Haber conocido la marisma en esa época y verla ahora. Sólo se hablaba de toros. A los chavales les afecta menos. Pero nosotros lo sentimos mucho.
Bueno a mí me dan ganas de llorar.
En la Venta del Cruce, antaño punto de encuentro entre vaqueros, jinetes, ganaderos, toreros, ahora acoge a los ciclistas ecologistas que vienen a fotografiar a los patos.
Manuel Salas, fue novillero, hijo del administrador de don Enrique Pérez de la Concha, su bisabuelo y su tío Antonio trabajaron con los Miuras cuando estos estaban en la marisma, y ambos murieron en la tarea uno cayendo del caballo encerrando una corrida y el otro de una cornada de un Miura.
( Continuará )






domingo, 7 de diciembre de 2014

ENCASTE SANTA COLOMA ( CAPÍTULO X )




En 1939, don Graciliano Pérez Tabernero, vende su ganadería, para conservar sus fincas. Cuatrocientas cabezas. Tenía 61 años, pero se queda con veinticinco becerras y un semental, fue la segunda época de don Graciliano Pérez Tabernero.
Las cuatrocientas vacas, las compro don José Escobar Barrilaro, permanecieron durante cuatro años cerca de Ciempozuelos ( Madrid ) en una finca alquilada a la familia Esteban Hernández.
Pasado ese tiempo emprendieron el viaje hacía el sur. Santiago Aparicio tenía entonces dieciséis años y trabajaba con su padre, mayoral de la ganadería de Sánchez Rico.
Le convence don José Escobar para que se trasladara a la mariama Santiago, que hizo el viaje en tren con los 400 animales, una novedad en aquel momento en la historia de la ganadería brava, después participó en el traslado a Salteras y, finalmente, en la última recta del camino. Los ganaderos vecinos de don José - Pablo Romero, Concha y Sierra, Pérez de la Concha, Miura...... participaron en el traslado a pie enviando ochenta cabestros y decenas de vaqueros de sus respectivas ganaderías.
Separaron la manda de los cuatrocientos animales, en seis grupos y, dos días después, los gracilianos llegaron al majestuoso castillo de la Isla Mínima, construido por don José Escobar en los años cuarenta sobre los restos del palacio del marqués de Olaso con el fin de ofrecer a los toros un hábitat previligiado en la marisma del Guadalquivir.
Una joya, con una asombrosa `plaza de tientas que, guardando las proporciones, don José quiso a imagen y semejanza de la Maestranza ¿ Incluido el palco del Principe !
Don José Escobar encontró enseguida un hueco en las grandes ferias.
Impulsados por la etapa de don Graciliano, de Salamanca, los gracilianos de la marisma participaron en las tardes gloriosas de Manolete - y a la inversa -, hasta el punto que, a menudo, éste los imponía, como ocurrió en Pamplona o Valencia para corridas triunfales.
Algo que dio pie a una jugosa anécdota, cuando don José Escobar, ganadero tan anglófilo, viajó a Londres para ofrecerle a Winston Churchill la cabeza disecada de uno de los toros lidiados por Manolete, - el 23 de julio de 1944 en Valencia - , que tenía en la testuz una mancha blanca en forma de V de la victoria similar a la inmortalizada por el primer ministro inglés. Pero esta victoria no fue como el ganadero esperaba. Poco a poco, a partír de los años cincuenta, la ganadería abandonó la primeria línea. ¿ Don José Escobar había cedido en exceso a las pretensiones amistosas de los toreros reduciendo la cara de sus toros ? Lo cierto es que, salvo notables excepciones, sus camadas ya no daban ejemplares que pudieran entrar en las grandes ferias.
La casta y la nobleza continuaban, y esto tampoco contentaba al público, cuyo gusto se había radicalizado
Menos aún cuando en Salamanca, a partir de las veinticinco vacas que don Graciliano conservó una nueva ganadería tomaba el relevo, despertando interés de la mano de Juan Luis Fraile, quien se esforzaba por mantener el picante que, rápidamente, enloquecería al público francés.
En los años sesenta don José Escobar dedicó quinientas hectáreas a la crianza del arroz, reservando para los toros la parte más pequeña, que no ha dejado de disminuir por una sencilla razón : el arroz se vende mucho mejor que los toros La mecanización del cultivo del arroz, aceleró esta reconversión. Las vias del tren - que llegaban hasta aquí cuando los camiones no podían acceder se usaron para construir los cercados, mientras que la aldea de San Lorenzo del Guadalquivir, eregida en los años setenta por don José Escobar con el fin de proteger a los trescientos trabajadores contratados en la finca.
Tras la muerte de don José Escobar, la ganadería permaneció hasta 1995, a nombre de sus herederos.
A partir de entonces se escinde en dos lotes.
El primero conserva el hierro originario su propietaria su hija Rosa Escobar, mientras que el segundo ha pasado a ser propiedad de su otra hija, María Victoria Escobar.
Para llegar a la Isla Mínima, pasado Coria, La Puebla y la venta El Cruce, el camino se hunde hacia las tierras del arroz.
El rancho " El Rocio " de los Peralta se situa a la izquierda, las ruinas de Pérez de la Concha más allá a la derecha, y después el pueblo de Villafranco del Guadalquivir. Tras los silos de una importante cooperativa agrícola a los cinco minutos aparece Isla Mínima.
Don José Escobar Barrilaro, nacido en Ronda ( Málaga ), hizo fortuna.
El dolar y la libra no guardaban secretos para él. Banquero del Loyds Bank. Deseoso de echar raíces en el campo, compró diversas propiedades, siempre a la orilla de rios. Cuando en 1944 unos compañeros ingleses le comunicaron que Isala Mínima se ponía a la venta, no vaciló para comprarle, a la Compañía Inglesa de Marismas, algunos cientos de hectáreas, pensaba dedicarse al arroz, su prioridad consistía en devolver al encante Santa Coloma, de don Graciliano Pérez Tabernero, su esplendor.
Aficionado profundo don José Escobar Barrilaro comenzó su carrera como ganadero de primera categoría.
En la actualidad el hijo de Rosa Escobar, Mauricio, regenta la ganadería que su abuelo don José inició en 1940.
Para remediar el problema de la escasez de cuernos fueron a San Martín a buscar dos sementales.
A diferencia del hato de Juan Luis Fraile, todo negro, en el de Mauricio Soler Escobar, con el refrescamiento resulta evidente en los pelajes.
En septiembre de 2012, una novillada de Mauricio Soler Escobar con aire asaltillado, despertó el interés de los aficionados toristas.
Don Rafael Cabrera, tituló en su cronica :
" ¡ Que vuelvan ! ". Este reconocimiento por parte del sector más exigente de la afición le permitió a Mauricio Soler Escobar vender, al año siguiente 2013, una corrida en Vic, capital histórica del torismo francés.
Mauricio lleno de esperanza sigue luchando. Desgraciadamente, el sueño se trunca de forma brutal el 19 de mayo de 2013, sentencia la Federación de Sociedades Taurinas de Francia en su blog :
" Lote bien presentado y armado, pero flojo.
Tampoco los gracilianos han servido mucho a los toreros. Las nubes negras que los había acompañado desde la marisma descargó su rabia en Vic.
El porvenir de los gracilianos de la marisma depende de forma exclusiva, de la capacidad de Mauricio Soler para seguir defendiéndolos a capa y espada.
La luz ambarina de la marisma, más bella que ninguna, continúa iluminando los arrozales.
( Continuará )











sábado, 29 de noviembre de 2014

LOS PRINCIPIOS DEL MONOENCASTE




El monoencaste tiene sus cimientos en la Edad de Oro del Toreo. Belmonte lidió dos toros de Parladé en 1914 y Joselito nueve entre los años 1913 y 1914, ni uno más ni uno menos.
Pero frente a los Gamero Cívico, que son los hijos de los anteriores, ambos triunfarían : Joselito le cortó una oreja a " Mesonero " y otra a " Artillero ", en Madrid el 8 de octubre de 1916.
En octubre de 1917, Belmonte alcanzó uno de sus grandes triunfos madrileños cortándole una oreja a " Fandanguero " y las dos a " Carpintero ", un colorado chorreado, Joselito le arrancó otra oreja a " Cortijero " el 16 de mayo de 1918...... Fue entonces cuando los aficionados se dieron cuenta de que había nacido el toro moderno. En Sevilla el 17 de junio de 1917, " El Gallo ", Joselito y Belmonte le brindaron a Parladé un retorno triunfal " póstumo ", cortando las dos últimas sendas orejas a una excelente corrida que queda en los anales de Parladé, aunque el dueño ya era, por supuesto Gamero Cívico.
Otros ganaderos también poseen entonces toros de con sangre Parladé, pues contrariamente al Conde de Vistahermosa, el Barbero de Utrera, su yerno Arias de Saavedra, luego las viudas de Murube, y finalmente Eduardo Ybarra, quienes habían celosamente guardado para sí el tesoro de su casta, Fernando Parladé se mostró pródigo también en ese terreno. ¿ Habría planeado salvar su vacada multiplicando las ventas ? Probablemente no. De hecho su fortuna menguaba al ritmo de sus excursiones nocturnas, y encontró ahí la manera de financiar sus extravagancias. Fernando Parladé en un principio disponía de un hato de 258 vacas aprobadas por Ybarra, jamás lidió más de 40 toros por temporada, una cantidad que bajó a 18 en 1906, 1907, y 1909. En una década, se lidiaron únicamente 341 toros de Parladé, o sea una media de 5 corridas por temporada, en una época en la que don Eduardo Miura y Veragua vendían tres veces más. Aun vendiendo muchas vacas Fernando Parladé hubiera podido producir más toros. Esa doble personalidad hará las delicias de los cinco compradores que iban a dar origen a igual número de encastes, los cuales si Fernando Parladé hubiera llevado una vida más ordenada, probablemente no existirían : Francisco Correa, de Guillena, en 1904, se hace de 80 vacas y del semental " Bandolero ", los cuales irían a parar a manos de García Pedrajas.
Luego, Manuel Rincón, de Higuera de la Sierra, compra en 1908 un lote de vacas y dos sementales, de cuya calidad dio testimonio el excepcional novillo " Palmero ", al igual que los novillos que se lidian en junio de 1918 en Madrid. Después de haberle pertenecido a Antonio Urquijo.
En 1910 y 1911, la viuda del Marqués de Tamarón, cediendo a la insistencia de su hijo Ramón, le compra a Parladé dos camadas de eralas así como tres machos, entre los que está el fabuloso " Alpargatero ", que actuará en esa vacada como un verdadero acelerador de bravura, un rasgo que será aprovechado por el Conde de la Corte en 1920.
La última venta, que incluye el núcleo de la vacada, el hierro, los libros y la memoria, es la que favorece a Luis Gamero Cívico en 1914, dando origen, principalmente, a las ganaderías de Clairac y Samuel Flores. Para entonces, Fernando Parladé ya esta en quiebra.
De inmediato, esa gloria que Parladé sólo pudo tocar con la punta de los dedos, va a recaer en aquellos que heredan todo su trabajo.
Bravo, noble, dotado de una preciosa lamina como tenía en tiempos de Ybarra, el toro que produce Gamero Cívico es - sin duda - el que Parladé había soñado.
Joselito y Belmonte le sacan un partido que nadie hubiera podido imaginar antes de ellos, el toro de Gamero Cívico, anunciado como " antiguamente Parladé ", no se convertirá en la gran cantera de la cabaña brava comtemporánea.
Pero en ese año 1914 nadie adivina aún el camino real que se abre ante el encaste Parladé.
Sin embargo, es su nombre el que se impone inmediatamente como calificativo para este encaste, pese a que, de entre todos los dueños del tronco Vistahermosa, la trayectoria de Fernando Parladé haya sido la más corta : nueve años tan solo. Ybarra conservó sus toros 20 años, Murube los tuvo 22 años, Arias de Saavedra 49 y los Riva 41. ¿ Por qué ?
Quizás porque Parlade fue tan atractivo que su aura eclipsó a la de todos los demás.
Para los gamero cívicos actuales, el porvenir se dibuja menos radiante que su pasado. En Salamanca, los de Clairac subsisten en un aislamiento magnífico, mientras que en el corazón de la Mancha, los de Samuel Flores dudan entre dos caminos desde que Enrique Ponce ya no los mata ; la línea dura, que tiene muchos bemoles, o la nobleza exquisita.
El cortijo La Jurada en 1914 cobijó los toros de Gamero Cívico, marcados con la misma " Y " utilizada por los hermanos Ybarra. Dámaso Ybarra, primo de Rafael y Pedro, le compró a Fernando Parladé el remanente de la vacada. En 1921 se divide en cuatro lotes :
Uno de ellos se quedó en La Jurada bajo el nombre de Torre Abad ( después de haber pertenecido a Juan Guardiola Fantoni, esta ganadería se convirtió en propiedad de los herederos de Félix Hernández Barrera, quienes también conservan el hierro ), los otros le correspondieron a Samuel Flores, Rafael Llamamié de Clairac, Clemente Tassara y Domingo Ortega, quien se quedó también con el hierro de Parladé.
Ese hierro fue adquirido por Juan Pedro Domecq para su vacada de Parladé, en tanto que la ganadería del maestro de Borox fue comprada por Domingo Hernández y luego objeto de un mestizaje.
Junto con el hato de Parladé, Luis Gamero Cívico obtuvo los libros, lo que iba a ocasionar que Dámaso Gamero Cívico poseyera un tesoro único : los libros de su tío bisabuelo Eduardo Ybarra, los cuales, después de haber sido mantenidos al día durante diez años por Fernando Parladé, llegaron a manos de Dámaso debidamente completados por su abuelo Gamero Cívico y por su propio padre.
Ybarra, Parladé, Gamero Cívico, la memoria de la rama dura del encaste Vistahermosa descansa por lo tanto en las páginas amarillentas que Dámaso hojea de vez en cuando.
Si Ybarra hubiera aguardado todavía un poco, con el advenimiento de Joselito habría poseído una mina aun más rica que todas las que ya explotaba. Pero en 1904 Joselito aun no existía como figura, y no fue sino hasta diez años más tarde, a partir de la vacada que Eduardo Ybarra le había vendido a Parladé, cuando la rama dura de Vistahermosa apareció como la gran cantera con la que se iba a nutrir la ganadería moderna.
A pesar de su prestigiada filiación, la ganadería de Gamero Cívico está actualmente reducida a su mínima expresión, al igual que la de Pedrajas y la de Rincón, las cuales nacieron de la de Parladé entre 1910 y 1914. La que las sustituyó a todas fue la que procede de la vacada de la Marquesa de Tamarón, cuyo hijo Ramón Mora Figueroa, aparece hoy como el gran alquimista de la ganadería contemporánea, pues su hato - Parladé puro según las genealogías oficiales - dio origen a la del Conde de la Corte, del que a su vez salieron las de Atanasio Fernández y Juan Pedro Domecq. Teó
ricamente, las ganaderías de Gamero Cívico y Tamarón son las dos ramas de un mismo tronco, pese a que los analisis de ADN aparece, curiosamente, una ligera diferencia entre las dos.