domingo, 7 de diciembre de 2014

ENCASTE SANTA COLOMA ( CAPÍTULO X )




En 1939, don Graciliano Pérez Tabernero, vende su ganadería, para conservar sus fincas. Cuatrocientas cabezas. Tenía 61 años, pero se queda con veinticinco becerras y un semental, fue la segunda época de don Graciliano Pérez Tabernero.
Las cuatrocientas vacas, las compro don José Escobar Barrilaro, permanecieron durante cuatro años cerca de Ciempozuelos ( Madrid ) en una finca alquilada a la familia Esteban Hernández.
Pasado ese tiempo emprendieron el viaje hacía el sur. Santiago Aparicio tenía entonces dieciséis años y trabajaba con su padre, mayoral de la ganadería de Sánchez Rico.
Le convence don José Escobar para que se trasladara a la mariama Santiago, que hizo el viaje en tren con los 400 animales, una novedad en aquel momento en la historia de la ganadería brava, después participó en el traslado a Salteras y, finalmente, en la última recta del camino. Los ganaderos vecinos de don José - Pablo Romero, Concha y Sierra, Pérez de la Concha, Miura...... participaron en el traslado a pie enviando ochenta cabestros y decenas de vaqueros de sus respectivas ganaderías.
Separaron la manda de los cuatrocientos animales, en seis grupos y, dos días después, los gracilianos llegaron al majestuoso castillo de la Isla Mínima, construido por don José Escobar en los años cuarenta sobre los restos del palacio del marqués de Olaso con el fin de ofrecer a los toros un hábitat previligiado en la marisma del Guadalquivir.
Una joya, con una asombrosa `plaza de tientas que, guardando las proporciones, don José quiso a imagen y semejanza de la Maestranza ¿ Incluido el palco del Principe !
Don José Escobar encontró enseguida un hueco en las grandes ferias.
Impulsados por la etapa de don Graciliano, de Salamanca, los gracilianos de la marisma participaron en las tardes gloriosas de Manolete - y a la inversa -, hasta el punto que, a menudo, éste los imponía, como ocurrió en Pamplona o Valencia para corridas triunfales.
Algo que dio pie a una jugosa anécdota, cuando don José Escobar, ganadero tan anglófilo, viajó a Londres para ofrecerle a Winston Churchill la cabeza disecada de uno de los toros lidiados por Manolete, - el 23 de julio de 1944 en Valencia - , que tenía en la testuz una mancha blanca en forma de V de la victoria similar a la inmortalizada por el primer ministro inglés. Pero esta victoria no fue como el ganadero esperaba. Poco a poco, a partír de los años cincuenta, la ganadería abandonó la primeria línea. ¿ Don José Escobar había cedido en exceso a las pretensiones amistosas de los toreros reduciendo la cara de sus toros ? Lo cierto es que, salvo notables excepciones, sus camadas ya no daban ejemplares que pudieran entrar en las grandes ferias.
La casta y la nobleza continuaban, y esto tampoco contentaba al público, cuyo gusto se había radicalizado
Menos aún cuando en Salamanca, a partir de las veinticinco vacas que don Graciliano conservó una nueva ganadería tomaba el relevo, despertando interés de la mano de Juan Luis Fraile, quien se esforzaba por mantener el picante que, rápidamente, enloquecería al público francés.
En los años sesenta don José Escobar dedicó quinientas hectáreas a la crianza del arroz, reservando para los toros la parte más pequeña, que no ha dejado de disminuir por una sencilla razón : el arroz se vende mucho mejor que los toros La mecanización del cultivo del arroz, aceleró esta reconversión. Las vias del tren - que llegaban hasta aquí cuando los camiones no podían acceder se usaron para construir los cercados, mientras que la aldea de San Lorenzo del Guadalquivir, eregida en los años setenta por don José Escobar con el fin de proteger a los trescientos trabajadores contratados en la finca.
Tras la muerte de don José Escobar, la ganadería permaneció hasta 1995, a nombre de sus herederos.
A partir de entonces se escinde en dos lotes.
El primero conserva el hierro originario su propietaria su hija Rosa Escobar, mientras que el segundo ha pasado a ser propiedad de su otra hija, María Victoria Escobar.
Para llegar a la Isla Mínima, pasado Coria, La Puebla y la venta El Cruce, el camino se hunde hacia las tierras del arroz.
El rancho " El Rocio " de los Peralta se situa a la izquierda, las ruinas de Pérez de la Concha más allá a la derecha, y después el pueblo de Villafranco del Guadalquivir. Tras los silos de una importante cooperativa agrícola a los cinco minutos aparece Isla Mínima.
Don José Escobar Barrilaro, nacido en Ronda ( Málaga ), hizo fortuna.
El dolar y la libra no guardaban secretos para él. Banquero del Loyds Bank. Deseoso de echar raíces en el campo, compró diversas propiedades, siempre a la orilla de rios. Cuando en 1944 unos compañeros ingleses le comunicaron que Isala Mínima se ponía a la venta, no vaciló para comprarle, a la Compañía Inglesa de Marismas, algunos cientos de hectáreas, pensaba dedicarse al arroz, su prioridad consistía en devolver al encante Santa Coloma, de don Graciliano Pérez Tabernero, su esplendor.
Aficionado profundo don José Escobar Barrilaro comenzó su carrera como ganadero de primera categoría.
En la actualidad el hijo de Rosa Escobar, Mauricio, regenta la ganadería que su abuelo don José inició en 1940.
Para remediar el problema de la escasez de cuernos fueron a San Martín a buscar dos sementales.
A diferencia del hato de Juan Luis Fraile, todo negro, en el de Mauricio Soler Escobar, con el refrescamiento resulta evidente en los pelajes.
En septiembre de 2012, una novillada de Mauricio Soler Escobar con aire asaltillado, despertó el interés de los aficionados toristas.
Don Rafael Cabrera, tituló en su cronica :
" ¡ Que vuelvan ! ". Este reconocimiento por parte del sector más exigente de la afición le permitió a Mauricio Soler Escobar vender, al año siguiente 2013, una corrida en Vic, capital histórica del torismo francés.
Mauricio lleno de esperanza sigue luchando. Desgraciadamente, el sueño se trunca de forma brutal el 19 de mayo de 2013, sentencia la Federación de Sociedades Taurinas de Francia en su blog :
" Lote bien presentado y armado, pero flojo.
Tampoco los gracilianos han servido mucho a los toreros. Las nubes negras que los había acompañado desde la marisma descargó su rabia en Vic.
El porvenir de los gracilianos de la marisma depende de forma exclusiva, de la capacidad de Mauricio Soler para seguir defendiéndolos a capa y espada.
La luz ambarina de la marisma, más bella que ninguna, continúa iluminando los arrozales.
( Continuará )











sábado, 29 de noviembre de 2014

LOS PRINCIPIOS DEL MONOENCASTE




El monoencaste tiene sus cimientos en la Edad de Oro del Toreo. Belmonte lidió dos toros de Parladé en 1914 y Joselito nueve entre los años 1913 y 1914, ni uno más ni uno menos.
Pero frente a los Gamero Cívico, que son los hijos de los anteriores, ambos triunfarían : Joselito le cortó una oreja a " Mesonero " y otra a " Artillero ", en Madrid el 8 de octubre de 1916.
En octubre de 1917, Belmonte alcanzó uno de sus grandes triunfos madrileños cortándole una oreja a " Fandanguero " y las dos a " Carpintero ", un colorado chorreado, Joselito le arrancó otra oreja a " Cortijero " el 16 de mayo de 1918...... Fue entonces cuando los aficionados se dieron cuenta de que había nacido el toro moderno. En Sevilla el 17 de junio de 1917, " El Gallo ", Joselito y Belmonte le brindaron a Parladé un retorno triunfal " póstumo ", cortando las dos últimas sendas orejas a una excelente corrida que queda en los anales de Parladé, aunque el dueño ya era, por supuesto Gamero Cívico.
Otros ganaderos también poseen entonces toros de con sangre Parladé, pues contrariamente al Conde de Vistahermosa, el Barbero de Utrera, su yerno Arias de Saavedra, luego las viudas de Murube, y finalmente Eduardo Ybarra, quienes habían celosamente guardado para sí el tesoro de su casta, Fernando Parladé se mostró pródigo también en ese terreno. ¿ Habría planeado salvar su vacada multiplicando las ventas ? Probablemente no. De hecho su fortuna menguaba al ritmo de sus excursiones nocturnas, y encontró ahí la manera de financiar sus extravagancias. Fernando Parladé en un principio disponía de un hato de 258 vacas aprobadas por Ybarra, jamás lidió más de 40 toros por temporada, una cantidad que bajó a 18 en 1906, 1907, y 1909. En una década, se lidiaron únicamente 341 toros de Parladé, o sea una media de 5 corridas por temporada, en una época en la que don Eduardo Miura y Veragua vendían tres veces más. Aun vendiendo muchas vacas Fernando Parladé hubiera podido producir más toros. Esa doble personalidad hará las delicias de los cinco compradores que iban a dar origen a igual número de encastes, los cuales si Fernando Parladé hubiera llevado una vida más ordenada, probablemente no existirían : Francisco Correa, de Guillena, en 1904, se hace de 80 vacas y del semental " Bandolero ", los cuales irían a parar a manos de García Pedrajas.
Luego, Manuel Rincón, de Higuera de la Sierra, compra en 1908 un lote de vacas y dos sementales, de cuya calidad dio testimonio el excepcional novillo " Palmero ", al igual que los novillos que se lidian en junio de 1918 en Madrid. Después de haberle pertenecido a Antonio Urquijo.
En 1910 y 1911, la viuda del Marqués de Tamarón, cediendo a la insistencia de su hijo Ramón, le compra a Parladé dos camadas de eralas así como tres machos, entre los que está el fabuloso " Alpargatero ", que actuará en esa vacada como un verdadero acelerador de bravura, un rasgo que será aprovechado por el Conde de la Corte en 1920.
La última venta, que incluye el núcleo de la vacada, el hierro, los libros y la memoria, es la que favorece a Luis Gamero Cívico en 1914, dando origen, principalmente, a las ganaderías de Clairac y Samuel Flores. Para entonces, Fernando Parladé ya esta en quiebra.
De inmediato, esa gloria que Parladé sólo pudo tocar con la punta de los dedos, va a recaer en aquellos que heredan todo su trabajo.
Bravo, noble, dotado de una preciosa lamina como tenía en tiempos de Ybarra, el toro que produce Gamero Cívico es - sin duda - el que Parladé había soñado.
Joselito y Belmonte le sacan un partido que nadie hubiera podido imaginar antes de ellos, el toro de Gamero Cívico, anunciado como " antiguamente Parladé ", no se convertirá en la gran cantera de la cabaña brava comtemporánea.
Pero en ese año 1914 nadie adivina aún el camino real que se abre ante el encaste Parladé.
Sin embargo, es su nombre el que se impone inmediatamente como calificativo para este encaste, pese a que, de entre todos los dueños del tronco Vistahermosa, la trayectoria de Fernando Parladé haya sido la más corta : nueve años tan solo. Ybarra conservó sus toros 20 años, Murube los tuvo 22 años, Arias de Saavedra 49 y los Riva 41. ¿ Por qué ?
Quizás porque Parlade fue tan atractivo que su aura eclipsó a la de todos los demás.
Para los gamero cívicos actuales, el porvenir se dibuja menos radiante que su pasado. En Salamanca, los de Clairac subsisten en un aislamiento magnífico, mientras que en el corazón de la Mancha, los de Samuel Flores dudan entre dos caminos desde que Enrique Ponce ya no los mata ; la línea dura, que tiene muchos bemoles, o la nobleza exquisita.
El cortijo La Jurada en 1914 cobijó los toros de Gamero Cívico, marcados con la misma " Y " utilizada por los hermanos Ybarra. Dámaso Ybarra, primo de Rafael y Pedro, le compró a Fernando Parladé el remanente de la vacada. En 1921 se divide en cuatro lotes :
Uno de ellos se quedó en La Jurada bajo el nombre de Torre Abad ( después de haber pertenecido a Juan Guardiola Fantoni, esta ganadería se convirtió en propiedad de los herederos de Félix Hernández Barrera, quienes también conservan el hierro ), los otros le correspondieron a Samuel Flores, Rafael Llamamié de Clairac, Clemente Tassara y Domingo Ortega, quien se quedó también con el hierro de Parladé.
Ese hierro fue adquirido por Juan Pedro Domecq para su vacada de Parladé, en tanto que la ganadería del maestro de Borox fue comprada por Domingo Hernández y luego objeto de un mestizaje.
Junto con el hato de Parladé, Luis Gamero Cívico obtuvo los libros, lo que iba a ocasionar que Dámaso Gamero Cívico poseyera un tesoro único : los libros de su tío bisabuelo Eduardo Ybarra, los cuales, después de haber sido mantenidos al día durante diez años por Fernando Parladé, llegaron a manos de Dámaso debidamente completados por su abuelo Gamero Cívico y por su propio padre.
Ybarra, Parladé, Gamero Cívico, la memoria de la rama dura del encaste Vistahermosa descansa por lo tanto en las páginas amarillentas que Dámaso hojea de vez en cuando.
Si Ybarra hubiera aguardado todavía un poco, con el advenimiento de Joselito habría poseído una mina aun más rica que todas las que ya explotaba. Pero en 1904 Joselito aun no existía como figura, y no fue sino hasta diez años más tarde, a partir de la vacada que Eduardo Ybarra le había vendido a Parladé, cuando la rama dura de Vistahermosa apareció como la gran cantera con la que se iba a nutrir la ganadería moderna.
A pesar de su prestigiada filiación, la ganadería de Gamero Cívico está actualmente reducida a su mínima expresión, al igual que la de Pedrajas y la de Rincón, las cuales nacieron de la de Parladé entre 1910 y 1914. La que las sustituyó a todas fue la que procede de la vacada de la Marquesa de Tamarón, cuyo hijo Ramón Mora Figueroa, aparece hoy como el gran alquimista de la ganadería contemporánea, pues su hato - Parladé puro según las genealogías oficiales - dio origen a la del Conde de la Corte, del que a su vez salieron las de Atanasio Fernández y Juan Pedro Domecq. Teó
ricamente, las ganaderías de Gamero Cívico y Tamarón son las dos ramas de un mismo tronco, pese a que los analisis de ADN aparece, curiosamente, una ligera diferencia entre las dos.






sábado, 22 de noviembre de 2014

DON EDUARDO MIURA FERNÁNDEZ ( QUINTA Y ÚLTIMA PARTE )




En 1916 torearon ocho corridas de Miura, Joselito con Belmonte, pero don Eduardo vivía su última temporada. Y el 23 de enero de 1917, como consecuencia de una larga enfermedad que jamás logro alejarlo de sus toros, murió en su casa de Sevilla, en la Plaza de la Encarnación, legándole a sus hijos Antonio y José, la ganadería más prestigiosa de todos los tiempos, así como las tierras que había adquirido con tanta paciencia.
Pero cuando los hijos de don Eduardo se hacen cargo de la ganadería, Joselito y Belmonte ya han cambiado el curso de la historia. La tauromaquia heredada del pasado desaparece y la estética del toreo moderno precipita el destino de las castas arcaicas. En casa de los Miura, la leyenda de los       "toros de la muerte " va a permitirles resistir.
Cuando debutan en Madrid el 10 de junio de 1917, los hijos de don Eduardo, Antonio y José Miura Hontoria, anuncian a sus toros con el nombre de " Hijos de don Eduardo Miura ", señal de que la huella de don Eduardo aun tiene fuerza. Para todos son los " niños Miura ". Antonio tiene 32 años. Al igual que su hermano José es un gran garrochista y junto con él se dedica a seleccionar de manera drástica la ganadería que han heredado. En el campo Joselito es el mandamás. Para él, el porvenir pasa por el encaste Vistahermosa, el cual después de la familia Murube y de don Eduardo Ybarra, va a parar en 1904 a manos de don Fernando Parladé, a quien en 1911 le vende una parte a don Ramón Mora Figueroa, quien hace lidiar sus toros a nombre de su madre, la Marquesa de Tamarón. ¿ Por qué preferir esos toros ?
Porque son bravos más tiempo que los toros de los encastes arcaicos, los cuales habían ocupado hasta entonces un lugar preponderante.
Y lo que dice Joselito va a misa : en Colmenar Viejo, la ganadería de Vicente Martínez emprende la cruza de sus inmensos toros jijones con el semental " Diano ", de don Eduardo Ybarra. A partír de ahí, todo el campo salmantino será irrigado con esa sangre brava. En Andalucía, aun se presta atención a sus argumentos, y la aportación de la sangre Saltillo, va a proveerle a la ganadería su época más brillante a partir de los años veinte.
Joselito tiene en mente el proyecto de comprar la ganadería de la Marquesa de Tamarón, pero su destino es otro. En 1920, cuando " Bailador " mata en Talavera a Joselito, don Ramón Mora Figueroa se encuentra sin comprador, encuentra otro, el Conde de la Corte, quien hereda el sueño secreto del gran torero Joselito.
¿ Cómo es posible que Joselito, tan amigo de los hijos de don Eduardo Miura, no les haya sugerido una mejoría en su ganadería para volverla más adecuada. a la tauromaquia moderna ?
No obstante, el fantasma del semental " Banderillero ", de la Marquesa de Tamarón, que hubiera sido llevado a Miura en 1917 después de la muerte de don Eduardo, todavía ronda por la memoria del mundillo taurino.
Lo que no hubiera tenido nada de extravagante en la medida de que ya había sangre Vistahermosa en Miura gracias a los dos sementales de Arias Saavedra agregados en 1854, cuyo aporte había sido tan beneficioso. Además, a Joselito no le hubiera costado mucho trabajo convencer a sus amigos Antonio y José para refrescar esa antigua aportación. Ya que si fue asiduo a los toros de Miura en los inicios de su carrera ( 15 en 1913, 13 en 1914, 17 en 1915, entre ellos seis en una sola tarde en Valencia, 15 en 1916 y otros tantos en 1917 ), en 1918 sólo lidió 6 y 4 en 1919. Es cierto que ya no tenía necesidad de lidiarlos para imponer su supremacía, pero aunque hubiera matado miuras sólo para quedar bien con sus amigos, ¿ de qué otra manera habría obligado a los demás ganaderos a modificar sus vacadas a su gusto, es decir, abandonando poco a poco el encaste vazqueño, si por otro lado continuaba anunciándose con los miuras ? Entonces, si Antonio y José Miura Hontoria deseaban avanzar hacia el futuro y permitirle a su manada que evolucionara hacia esa bravura más constante que permitía llevar a cabo ese incipiente toreo moderno, la aportación del semental de Tamarón era aun más indispensable puesto que la adopción del peto.
Ya era previsible, y puesto que los ganaderos de las castas arcaicas sabían que eso les significaría la ruina.
Los hermanos Miura no pensaron jamás en vender su ganadería, como prefirió hacerlo su amigo el Duque de Veragua, antes que contemplar como sus toros vazqueños se extenuaban contra el peto.
Sin dudarlo, los hermanos optaron por una evolución parcial......
Una evolución que, a fin de cuentas, afectaría también, después de algunos años de transición, a lo que quedaba de la vacada de Veragua, cuando ésta, ya en propiedad de Juan Pedro Domecq, fue ampliamente cruzada, hasta su completa absorción, con los tamarones que le había comprado al Conde de la Corte.
De los viejos tiempos no iban a quedar sino dos ganaderías : Miura, con sus cabreras-gallardos cruzados con lo de Arias de Saavedra y quizá con lo de Tamarón, y Pablo Romero con la aportación de Saltillo.
Las otras razas arcaicas que no entendieron la necesidad de evolucionar, desaparecieron por completo, excepto la casta navarra que encontró un nicho en el mercado.
A partir de 1920, la muerte de Joselito frenó la evolución de la Fiesta durante cierto tiempo. Belmonte se retiró y luego regresó.
No teniendo relación de amistad con los ganaderos, lo cual no impedía que salvaguardaran un respeto recíproco, ¿ por qué hubiera debido lidiar los toros de Miura , aunque éstos ya no fueron los mismos de cuando comenzó a torear ? Luego se abrió un período de transición desamparado por grandes figuras, pero rico en buenos toreros ; Fortuna y Fuentes Bejarano triunfaron en Madrid frente a los miuras : Chicuelo, Sánchez Mejias, Manuel Báez " Litri " y Cayetano Ordóñez   " El Niño de la Palma ", también los sortearon. Como lo hizo el nuevo amo del toreo, Domingo Ortega, y asimismo Manuel Bienvenida, el famoso " Papa Negro ", y Marcial Lalanda, un torero que se inspiró en Joselito. Este joven maestro realizó el 26 de julio de 1923, en Valencia, una de las mejores faenas de su carrera frente a un miura que pesó 400 kilos en canal ( cerca  de 700 kilos en vivo ), al cual le cortó el rabo.
Ignacio Sánchez Mejías, cuñado de Joselito, le había cortado otro rabo en la misma plaza, a otro miura llamado " Lucifer ", que también pesó 700 kilos.
A la muerte de don Eduardo Miura la vacada se redujo a la mitad : de 1000 vacas de las que disponía don Eduardo, sólo se conservaron 500, las mejores, repartidas sobre 3387 hectáreas. De 1927 a 1940 en 13 años, los hermanos Miura lidian 1200 toros, mientras que su padre había mandado a las plazas 4152.
¿ Por qué esta baja espectacular ? Porque aparte de los años negros de la guerra civil, la reforma agraria, obligó a los propietarios a consagrar para los agricultores las mejores tierras. En casa de los Miura, 915 hectáreas deben ser vedadas a los toros para ser cultivadas. Numerosas ganaderías emigran a tierras pobres y dehesas improductivas.
A partir de 1928 los hijos de don Eduardo tuvieron que abandonar el cortijo de El Cuarto, su último nexo con la marisma.
Los machos emigraron al de Cerro Gordo, arrendado en Carmona.
Las vacas pastaban en Los Gallos y Los Castellares.