viernes, 7 de noviembre de 2014

DON EDUARDO MIURA ( TERCERA PARTE )



Faustino Posada, novillero sevillano de veintidós años quién, el 18 de agosto de 1907, es a su vez victima de la leyenda negra en Sanlúcar de Barrameda. Un día funesto que prometía ser triunfal, a tal extremo que la afición sevillana había bajado al alba por el Guadalquivir para apoyar a su joven promesa. La afición hispalense estaba convencida de que Faustino Posada era una gran figura entre los novilleros, y su inminente alternativa era considerada como un gran acontecimiento.
Después de haber toreado notablemente bien y de haberse perfilado para la estocada, Faustino mira un instante hacia los tendidos para pedirle al público que fueran testigos de la gran hazaña que intentaba realizar. Tarda más en quitarle la vista a su adversario que " Agujeto " en pegarle una cornada en la arteria traqueal.......  Al borde de la asfixia. Posada es llevado a la enfermería.
La noticia corre hacia Sevilla. A la mañana siguiente, don Eduardo, quien no asistió a la novillada a causa de la úlcera que lo aguijonea cada vez que se lidian sus toros, lleva a Sanlúcar al más eminente de los cirujanos de Sevilla. Pero Faustino Posada está ya en una situación desesperada y fallece esa misma noche. Ese año en solo unos meses don Eduardo ha lidiado en la Maestranza entre toros y novillos, 42.
Una cantidad que aumenta el malestar de la torería.
En 1908 todavía manda 24 toros a Sevilla.
Pero el recuerdo del malogrado Faustino Posada, sumado a las duras lidias que imponen los Miuras han creado un ambiente irrespirable. Y en el otoño estalla la crisis.
Es la primera en la historia que va a hacer que se enfrenten los ganaderos y los toreros.
A petición de Bombita y Machaquito, una docena de toreros firma un manifiesto en el que exigen que se los dupliquen sus honorarios cuando tengan que matar toros de Miura.
La intención de Bombita era obligar al ganadero a producir menos toros. Ya que éste último, con la fuerza que le daba el apoyo de la recién creada asociación de ganaderos, la cual estipulaba en sus contratos de venta que los toreros no tenían derecho a sustraerse a la obligación de lidiar los toros de los ganaderos asociados, había acrecentado de manera considerable su producción, pasando de 57 toros en 1902, a más de 120 en 1907. " Por poco que esta sobreproducción persista, decía el manifiesto, la ganadería de Miura ejercerá un monopolio en todas las plazas gracias a la aureola de su leyenda trágica, la cual es su mejor publicidad ".
Revelado por la prensa, el asunto tuvo el efecto de una bomba, inmediatamente se creó un frente de defensa de los toros de Miura, encabezado por el Duque de Veragua, quien presidía la flamante y todopoderosa Unión de Ganaderos. Se argumenta desde los dos bandos, las tertulias se animan, España entera no habla más que de este " pleito " de los toreros contra los toros de Miura.
Hábilmente, los ganaderos presentan el asunto como un " boicot ", cuando en realidad se trata de una cuestión de dinero.
Ya que los toreros, empujados por Bombita, quien torea miuras por doquier, ni piden sino una parte legítima de los importantes ingresos que generan dichos animales. Con la plaza llena, quieren ganar más porque sufren más. Además, dándose perfecta cuenta de que había un límite que no podía rebasar pese a su prepotencia, Guerrita se contentó a lo largo de su carrera con el único previlegio que le confería su estatus de figura : el obligar a los ganaderos, quienes entonces decidían el orden de la lidia de sus toros, escoger para él a los de mejor nota ; de donde procede el adagio de " no hay quinto malo ".
Si los toreros no quieren enfrentarse a los miuras, es por una simple razón ¡ les tienen miedo ! Los ganaderos advierten a las empresas que aquellas que contraten a los toreros rebeldes no podrán comprar un solo toro de ninguno de los miembros de la Unión. A Machaquito y a Bombita les abandonan sus compañeros. Cierta prensa comentan que don Eduardo abusa desde hace cierto tiempo de la popularidad de sus toros para vender también el desecho. Pero los toreros están derrotados. El 21 de abril de 1909, en ausencia de Machaquito y de Bombita, Pepete, Moreno de Alcalá y Martín Vázquez lidian a los Miuras en Sevilla.
Al día siguiente la corrida acapara los titulares de la prensa : " El desastre taurino de Sevilla ". Los tres toreros han sido heridos. El quinto toro se quedó solo en el ruedo y el sexto se quedó en el chiquero sin salir.
Cuando la crisis llegó a su fin, Bombita se reconcilió con los Miuras en Madrid, en ocasión de la corrida de la prensa del 25 de marzo de 1910, enfrentándose a " Bonobito " toro que don Eduardo le había reservado para el mismo. Durante los cinco años siguientes, hasta la retirada de Bombita y Machaquito, salieron a los ruedos los miuras más grandes y más duros de la historia.
Don Eduardo era terrible. Despuéd de la historia del " boicot ", cada vez que Bombita toreaba miuras le reservaba don Eduardo los más grandes, los más duros. El " pleito " marcó el final de una época. Otros toreros como Rafael " El Gallo " se convierte en un invitado habitual a los tentaderos de don Eduardo, a los que lleva a su hermano menor Joselito. Y cuando Joselito debuta en Sevilla en 1912 lo hace frente a los novillos de don Eduardo, el ganadero lidiará entre abril y septiembre ¡ la bicoca de dos corridas y cuatro novilladas en la Maestranza !
Si " El Gallo " no hubiera sido un torero medroso, sin duda no hubiera dejado una huella tan profunda en la historia del toreo. Su confensor dirá de él después de su muerte : " Rafael fue un espíritu puro, quien más que vivir, flotaba en este mundo en un estado de gracia perpetuo.
Esta cuasi-beatitud explica al mismo tiempo sus genialidades y sus espantadas, fugas que parecían una capitulación, pero que en modo alguno retratan al torero de cuerpo entero. Ya que para " El Gallo", la espantada no es más que una suerte accesoria dentro de una amplio repertorio que domina a la perfección, el cual hizo de él, inclusive antes del mismo Belmonte, uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. " El Gallo ", como toda su familia, vive en Gelves, algunos kilómetros al oeste del cortijo El Cuarto, y su padre Fernando, quien había sido banderillero de Lagartijo el grande, mantiene desde hace mucho tiempo una relación previlegiada con la casa Miura. Sus dos hijos mayores, Fernando y Rafael, asisten habitualmente a sus tentaderos. Para Rafael, los toros de Miura son como todos los demás. Se anuncio con ellos en Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza, Bilbao, Ronda, Pamplona, Barcelona, San Sebastián ....... y triunfa.
" ¡ Son los toros que necesita un torero para consagrarse !
La leyenda negra no hace mella en él, y son numerosas las anécdotas que lo avalan. Como la del 5 de junio de 1910, cuando por primera vez se anuncia en Madrid.
Una corrida tan grande, que corre el rumor de que " El Gallo " no se presentará. La víspera, cuando después de bajar del tren se va directamente a la tertulia, provoca el asombro : " ¡ Caramba, Rafael !   ¿ Estás aquí ? ", le dice uno de sus partidarios..........
" El Gallo " se indigna. " ¿ Y por qué no habría de estar aquí ? No le tengo miedo a las divisas ? ¡ Al toro que embiste bien lo toreo a mi gusto ! y si embiste mal, poco importa de donde sea. " Hecho que se confirmaba con la lectura de las crónicas. " El Gallo " torea a los miuras a su manera, la cual dista mucho de ser tan brusca como la de la mayoría de sus compañeros. Con más de cincuenta años, un día Rafael fue repatriado de América, donde vagaba vanamente en busca de fortuna, por don Eduardo Pagés, empresario de Sevilla y de muchas más plazas. Una noche, al llegar en tren a Valladolid donde va a sustituir a un torero herido, don Eduardo Pagés le cede su habitación a las tres de la madrugada para que pueda descansar para torear al día siguiente.
( Continuará )





viernes, 31 de octubre de 2014

DON EDUARDO MIURA FERNÁNDEZ ( SEGUNDA PARTE )




Cuando don Eduardo debuta en Madrid el 25 de junio de 1893, la Fiesta atraviesa una época de transición.
Frascuelo va a retirarse, Mazzantini intenta plantearle batalla a la nueva generación y Guerrita se perfila como el sucesor designado de Lagartijo, quien se encuentra en las postrimerías de su carrera. En ese contexto surge en Sevilla " El Espartero ", cuyas legiones de partidarios esperan que ponga fin a la hegemonía, de los cordobeses.
Su valentía es tal que parece que ningún toro puede ganarle la pelea. Como esos miuras que lidió en Sevilla el 20 de abril de 1894, con los cuales triunfa de manera clamorosa.
Pero el destino de " El Espartero " estaba escrito. En Madrid camino de la plaza un gato negro cruza la calle delante del carruaje. El banderillero Antolín se persigna, pero el maestro afortunadamente no es superticioso.
El toro " Perdigón ", de Miura, considerado demasiado chico para ser lidiado en Madrid, la temporada anterior permaneció casí un año entero en la dehesa de  don Faustino Udaeta, ganadero de Manzanares, quien le pidió a su amigo son Eduardo Miura el poderlo usar como semental para un número restringido de vacas. Es un toro colorado, ojo de perdiz, listón, muy astifino, cornidelantero, corto de cuello y enmorillado, una característica rara en los toros de Miura. En Sevilla en la Plaza de la Encarnación, en el domicilio de don Eduardo, a la criada se le ha olvidado encender las velas que, desde los inicios de la ganadería arden en la capilla familiar cuando se lidian sus toros. Cuando don Eduardo se da cuenta, la bronca es terrible. Los cirios se prenden a toda prisa, pero ya son las cinco, la corrida de Madrid empieza a las cuatro y media. Al tirarse a matar " El Espartero " a " Perdigón " que le avisó varias veces se fija en sus pies y en vez de meter la cabeza en el engaño, lo espera y lo lanza a volar a dos metros hacia arriba, Cae de cabeza, en lugar de dirigirse a la barrera para reponerse, el sevillano vuelve al toro. Le da otros siete derechazos y se vuelca sobre el morrillo para asestarle una estocada rabiosa. Una temeridad inútil. Incapar de pasar es presa fácil. " Perdigón " sólo tiene que alargar su corto cuello para coger al torero. Lo tira al suelo y le embiste de nuevo. La cornada en el vientre es espeluznante. Al mismo tiempo que se llevan al torero inconsciente, dobla el toro.
" El Espartero " muere veinte minutos después sin haber recobrado el conocimiento. Una vez más como ocurrió con Curro Guillén y Pepete, un toro de Miura mata a un torero en la cumbre de su popularidad.
Nace la maldición lanzada por Fernando Villalón : Malhaya sea " Perdigón ", el torillo traicionero.
Don Eduardo lleva la ganadería apenas un año. La muerte de " El Espartero " conmociona a España entera. Ya terrible, el nombre de Miura se vuelve sinónimo de peligro mortal para los toreros. Tan es así, que dos meses más tarde. el 15 de julio de 1894. la Maestranza es el escenario de una nueva tragedia. No se trata ni de una gran corrida, sino de un simple festejo con vacas toreadas para los aficionados. Y para el que don Eduardo ha mandado animales de desecho. Uno de los aficionados, no pudo matar a " Beata ". Un banderillero la llama a la tronera de un burladero para apuntillarla a buen resguardo.
Armado su brazo con el cachete, aguarda el momento oportuno mientras uno de sus compañeros toca a la vaca. Con un ojo fijo en el capote que agita a su lado la vaca vigila con el rabillo del ojo la figura que adivina muy cerca de ella. En dos ocasiones la mano se acerca a su cerviz, pero dos veces hace que retroceda. El puntillero está convencido de que a la tercera será la vencida : " Beata " le da la espalda. Arriesgándose el puntillero sale a medias del burladero y prepara el golpe, pero la vaca es más veloz y le asesta una cornada mortal en el bajo vientre. Un rumor se propaga, acusando a don Eduardo de mejorar la puntería de sus toros acostumbrándolos a cornear unos monigotes rellenos de paja.... La leyenda negra de los toros de Miura acaba de escalar otro peldaño. Se les empieza a llamar " los toros de la muerte ".
Don Eduardo no va a ser el único en aprovecharse del entusiasmo algo mórboso suscitado por sus toros. Para las empresas, una corrida de Miura equivale a un lleno seguro.
Para los toreros, si los miuras son unos adversarios más temibles que todos los demás, los triunfos que puedan cosechar enfrentándolos dan riqueza y gloria.
Aunque la ganadería de Miura no es ni por asomo una de las favoritas de Guerrita, mató 139 miuras en doce años.
Pero a principios del siglo XX, Miura sigue siendo fiel a su leyenda, la cual se nutre tanto de triunfos como de tragedias.
El 16 de octubre de 1902 sale en Madrid " Catalán ", el toro más bravo y más noble lidiado en esa plaza, como titula la prensa del momento.
Al día siguiente, la prensa es unánime :
" Catalan " merecía el indulto.
Una semana antes, sin embargo, el nombre de Miura fue sinónimo de tragedia cuando el 7 de octubre de 1902 en Barcelona, " Desertor " sosprende al modesto matador madrileño Domingo del Campo que muere en la plaza.
La leyenda de Miura sigue creciendo. Para verlos lidiar, de todos los pueblos de Andalucia salen trenes llenos de campesinos que han ahorrado durante varias semanas para pagar el precio de una entrada. Y en esos trenes la leyenda se enriquece.
Circulan los rumores más descabellados, algunos de los cuales tiene cierto fundamento. Unos explican el poder de los toros de don Eduardo atribuyéndolo a una poción mágica que éste les suministra cada día. Poción que había obtenido de un curandero muy viejo al que su hermano don Antonio había dado asilo hace mucho tiempo en su cortijo.
Esa poción secreta se mezcla con el pienso, mientras que para otros se diluye en el agua en los puntos donde beben los toros.
Otros dicen que esa poción se distribuye todos los días después de que los toros han hecho "gimnasia" ( lo que viene a confirmar el hecho de que Juan Pedro Domecq " inventará su tauródromo, don Eduardo siguiendo la costumbre de su hermano, hacía correr diariamente a sus toros ). Los campesinos vecinos del cortijo " El Cuarto " son abrumados con preguntas, y en el lento avance de los trenes en la campiña andaluza, algunos toros se vuelven célebres aun antes de salir al ruedo. Este porque ha matado a tres o cuatro de sus compañeros, otro porque se ha escapado, y que a don Eduardo y sus cabestros con sus vaqueros les ha llevado dos semanas reintegrarlo a la manada.
Otros como " Azafran ", mandado a Valencia, donde todo el mundo se dio cuenta de que estaba loco cuando le vieron matar a dos cabestros apenas salido del cajón, después se mató dando golpes contra las paredes de su chiquero.
" Berberino ", chorreado en verdugo y ojo de perdiz, lidiado en Madrid el primero de octubre de 1900, dande mató cinco caballos antes de coger a Mazzantini.
" Aguilillo ", lo tuvieron que matar a tiros en el barco que lo conducía a Marsella, después de que destrozó su cajón y sembró el pánico.
( Continuará )



Oleo de Adolfo Durá representando la cogida mortal de " El Espartero ", por el toro " Perdigón " de Miura.

lunes, 20 de octubre de 2014

DON EDUARDO MIURA FERNÁNDEZ




A la muerte de don Antonio Miura Fernández, acaecida el 31 de marzo de 1893, su hermano don Eduardo coge el testigo de la ganadería. Ya no es el adolescente flacucho y reservado al que en ocasiones su hermano mayor amosnetaba durante las tientas cuando le parecía que, para su gusto, era demasiado prudente. Tiene entonces 43 años, luce unas soberbias patillas y desde hace tiempo se ha convertido en un jinete emérito con el carácter bien forjado que conoce todos los secretos de la ganadería creada por su hermano Antonio
El 31 de marzo de 1893, la afición se pone de luto por la muerte del Excmo. Sr. D. Antonio Miura Fernández, caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Sevilla entera acompaña al cadáver, camino del cementerio de San Fernando, por las angostas calles, goteadas de la cera del Jueves y Viernes Santos. También el campo revive, gracias a la llegada de la florida primavera. Y las plaza de la Maestranza abre sus puertas rechinantes, para la inaguración de la temporada.
Don Eduardo Miura Fernández se pone al frente de la ganadería, que le pertenece por herencia.
Entre don Antonio y don Eduardo había una diferencia de veinticuatro años. Don Eduardo era aún un niño cuando perdió a sus progenitores, y don Antonio - que murió soltero - fue para él un verdadero padre, constantemente preocupado con la educación, el adiestramiento y la administración de los bienes del hermano menor, que le respetaba profundamente, como lo prueba el hecho de que, cuando pensaba contraer matrimonio, a los treinta y tantos años, se decidió, después de mucho pensarlo, a preguntar a su hermano :
- Antonio...... ¿ me puedo ya casar ?
El 25 de junio de 1893 se lidian en Madrid, por vez primera, los toros de Miura a nombre de don Eduardo.
Empezaba, probablemente, la época más gloriosa y , al mismo tiempo más difícil, de la ganadería. Pasó en pocos años de una aceptación sin límites por todos a una crítica feroz por parte de algunos, culminado con un rechazo total de algunas figuras de la época.
Don Eduardo era de estatura regular, más bien delgado, moreno y de piel curtida por el sol y el viento. La cara muy expresiva, con una permanente sonrisa, apenas esbozada.
Algunos ganaderos, como Pablo Romero, no tardaran en comenzar a darle grano a sus toros, ya no sólo hierba, multiplicando así sus costes de producción. Los otros ganaderos deberán seguir su ejemplo.
Para don Eduardo Miura, como lo había sido para su hermano Antonio, la venta de los toros es un negocio con todas las de la ley, no un divertimiento como para otros ganaderos, quienes siendo ricos propietarios, se contentan con no perder dinero al criar sus toros.
Será en Puebla del Río donde don Eduardo lleve a cabo su primera compra en 1899. Se trata del cortijo Margazuela que revenderá en 1908 para poder financiar otras adquisiciones, todas situadas al noroeste de Sevilla, entre Cantillana, Lora del Río y La Campana. Durante toda su vida, y sus hijos harán lo propio mientras puedan, don Eduardo conservará el cortijo de Cuarto, donde tantos recuerdos lo trenzan al pasado. Es ahí, desde que lo arrendaron en 1852, donde eran llevados los toros del año, a los que se saca a finales de septiembre de sus cercados en la marisma...... los de la Isla Menor, compuesto por " El Rincón de la Zarza ", " El Conde " y " El Conde Chico ".
Una trashumancia de unos diez kilómetros que se llevan a cabo durante el día por caminos aislados.
Los cabestros gigantes que provienen del hato iniciado por don Antonio en sus años mozos, abren la marcha para guiar el centenar de toros que van enmarcados por una decena de jinetes, con don Eduardo a la cabeza.
Cuando llegan al cortijo de Cuarto, los toros son dejados en manada, y allí llegan los compradores durante el invierno y hasta primavera, esperando timidamente que don Eduardo consienta en venderles una corrida. A lo que accede después de preguntar cuánto dinero le han traído. Y según la suma, entrando solo en el cercado en el que está toda la manada, con su garrocha separa uno a uno los toros que considera corresponde al precio pagado.
Don Eduardo conoce sus prioridades. Sabe que el futuro de su ganadería debe visualizarse a mayor altura, allá donde las tierras son mejores pero también más caras. Y durante 24 años, al final de cada temporada, don Eduardo va a vaciar en la mesa de su despacho, el contenido del cofre de madera en el cual a lo largo de todo el año, guarda el dinero de los toros que vende, y del que saca lo que necesita para pagar los gastos.
Por Navidades, el capital esparcido en la mesa representa los beneficios del año. Con el flujo de efectivo lo dedica a comprar sus cortijos, pacientemente, sin pedir prestado, sin jactarse de sus adquisiciones.
En 1901, compra El Tinajero, en Lora del Río, según la jurisprudencia Miura : los toros para los varones, las tierras para las mujeres.
Casí cuatro mil hectáreas en propiedad y más del doble en arrendamiento. Un pequeño imperio agrario en el que trabajaban centenares de jornaleros y una treintena de vaqueros.
Y con parecida naturalidad a la mostrada delante de sus toros se desenvolvía en todos los aspectos de la vida. Un buen día hablaba con esa misma sencillez a S.M. el rey Alfonso XIII, que, para premiar sus grandes méritos como ganadero y agricultor, le decía :
- Voy a concederle el título de marqués de Los Castellares.
- Muchas gracias, señor - contestó -, pero le ruego que desista de la idea...... Yo estoy muy conforme con llamarme Eduardo Miura Fernández.......
Don Antonio había llevado el nombre de Miura a lo más alto de los carteles, y sus toros se vendían más caros que todos los demás. Don Eduardo va a seguir sus pasos, con el mismo rigor, no cambia nada en la marcha de la ganadería, salvo el número de toros que van a lidiarse.
En veinticuatro años de 1893 a 1917, don Eduardo lidia 4152 toros, es decir un promedio de 173 al año, tres veces más que su hermano. En varias temporadas hierra 300 machos, y para que esto sea menos evidente, hierra la mitad en el costado derecho y la otra mitad en el izquierdo.
Pero no todo es positivo en el asunto de la superproducción. El público y la crítica cuando aparecen toros en el ruedo con presentación inferior a la categoría de la ganadería protestan y no satisface a ninguna de las dos partes.
En cuanto a los toreros, obligados a lidiarlos cada vez más a menudo, estan furiosos. Los toros de Miura son adversarios incómodos, duros, avisados, astutos, agotadores. Para las figuras de la época, resulta imposible evitarlos, ya que frente a ellos es donde deben demostrar la capacidad torera y donde se conquista la gloria.
El enojo aumenta en las cuadrillas y en ocasiones las reflexiones estallan :
Hasta el gran Guerrita exclama un día en que debe enfrentarse a una miurada difícil en el Puerto :   
"¡ Ojalá todas las vacas de Miura reventaran !
Pero el público adora los toros de Miura. Con ellos jamás se aburre uno. Y la terrible leyenda negra resurge :
( Continuará )