lunes, 20 de octubre de 2014

DON EDUARDO MIURA FERNÁNDEZ




A la muerte de don Antonio Miura Fernández, acaecida el 31 de marzo de 1893, su hermano don Eduardo coge el testigo de la ganadería. Ya no es el adolescente flacucho y reservado al que en ocasiones su hermano mayor amosnetaba durante las tientas cuando le parecía que, para su gusto, era demasiado prudente. Tiene entonces 43 años, luce unas soberbias patillas y desde hace tiempo se ha convertido en un jinete emérito con el carácter bien forjado que conoce todos los secretos de la ganadería creada por su hermano Antonio
El 31 de marzo de 1893, la afición se pone de luto por la muerte del Excmo. Sr. D. Antonio Miura Fernández, caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Sevilla entera acompaña al cadáver, camino del cementerio de San Fernando, por las angostas calles, goteadas de la cera del Jueves y Viernes Santos. También el campo revive, gracias a la llegada de la florida primavera. Y las plaza de la Maestranza abre sus puertas rechinantes, para la inaguración de la temporada.
Don Eduardo Miura Fernández se pone al frente de la ganadería, que le pertenece por herencia.
Entre don Antonio y don Eduardo había una diferencia de veinticuatro años. Don Eduardo era aún un niño cuando perdió a sus progenitores, y don Antonio - que murió soltero - fue para él un verdadero padre, constantemente preocupado con la educación, el adiestramiento y la administración de los bienes del hermano menor, que le respetaba profundamente, como lo prueba el hecho de que, cuando pensaba contraer matrimonio, a los treinta y tantos años, se decidió, después de mucho pensarlo, a preguntar a su hermano :
- Antonio...... ¿ me puedo ya casar ?
El 25 de junio de 1893 se lidian en Madrid, por vez primera, los toros de Miura a nombre de don Eduardo.
Empezaba, probablemente, la época más gloriosa y , al mismo tiempo más difícil, de la ganadería. Pasó en pocos años de una aceptación sin límites por todos a una crítica feroz por parte de algunos, culminado con un rechazo total de algunas figuras de la época.
Don Eduardo era de estatura regular, más bien delgado, moreno y de piel curtida por el sol y el viento. La cara muy expresiva, con una permanente sonrisa, apenas esbozada.
Algunos ganaderos, como Pablo Romero, no tardaran en comenzar a darle grano a sus toros, ya no sólo hierba, multiplicando así sus costes de producción. Los otros ganaderos deberán seguir su ejemplo.
Para don Eduardo Miura, como lo había sido para su hermano Antonio, la venta de los toros es un negocio con todas las de la ley, no un divertimiento como para otros ganaderos, quienes siendo ricos propietarios, se contentan con no perder dinero al criar sus toros.
Será en Puebla del Río donde don Eduardo lleve a cabo su primera compra en 1899. Se trata del cortijo Margazuela que revenderá en 1908 para poder financiar otras adquisiciones, todas situadas al noroeste de Sevilla, entre Cantillana, Lora del Río y La Campana. Durante toda su vida, y sus hijos harán lo propio mientras puedan, don Eduardo conservará el cortijo de Cuarto, donde tantos recuerdos lo trenzan al pasado. Es ahí, desde que lo arrendaron en 1852, donde eran llevados los toros del año, a los que se saca a finales de septiembre de sus cercados en la marisma...... los de la Isla Menor, compuesto por " El Rincón de la Zarza ", " El Conde " y " El Conde Chico ".
Una trashumancia de unos diez kilómetros que se llevan a cabo durante el día por caminos aislados.
Los cabestros gigantes que provienen del hato iniciado por don Antonio en sus años mozos, abren la marcha para guiar el centenar de toros que van enmarcados por una decena de jinetes, con don Eduardo a la cabeza.
Cuando llegan al cortijo de Cuarto, los toros son dejados en manada, y allí llegan los compradores durante el invierno y hasta primavera, esperando timidamente que don Eduardo consienta en venderles una corrida. A lo que accede después de preguntar cuánto dinero le han traído. Y según la suma, entrando solo en el cercado en el que está toda la manada, con su garrocha separa uno a uno los toros que considera corresponde al precio pagado.
Don Eduardo conoce sus prioridades. Sabe que el futuro de su ganadería debe visualizarse a mayor altura, allá donde las tierras son mejores pero también más caras. Y durante 24 años, al final de cada temporada, don Eduardo va a vaciar en la mesa de su despacho, el contenido del cofre de madera en el cual a lo largo de todo el año, guarda el dinero de los toros que vende, y del que saca lo que necesita para pagar los gastos.
Por Navidades, el capital esparcido en la mesa representa los beneficios del año. Con el flujo de efectivo lo dedica a comprar sus cortijos, pacientemente, sin pedir prestado, sin jactarse de sus adquisiciones.
En 1901, compra El Tinajero, en Lora del Río, según la jurisprudencia Miura : los toros para los varones, las tierras para las mujeres.
Casí cuatro mil hectáreas en propiedad y más del doble en arrendamiento. Un pequeño imperio agrario en el que trabajaban centenares de jornaleros y una treintena de vaqueros.
Y con parecida naturalidad a la mostrada delante de sus toros se desenvolvía en todos los aspectos de la vida. Un buen día hablaba con esa misma sencillez a S.M. el rey Alfonso XIII, que, para premiar sus grandes méritos como ganadero y agricultor, le decía :
- Voy a concederle el título de marqués de Los Castellares.
- Muchas gracias, señor - contestó -, pero le ruego que desista de la idea...... Yo estoy muy conforme con llamarme Eduardo Miura Fernández.......
Don Antonio había llevado el nombre de Miura a lo más alto de los carteles, y sus toros se vendían más caros que todos los demás. Don Eduardo va a seguir sus pasos, con el mismo rigor, no cambia nada en la marcha de la ganadería, salvo el número de toros que van a lidiarse.
En veinticuatro años de 1893 a 1917, don Eduardo lidia 4152 toros, es decir un promedio de 173 al año, tres veces más que su hermano. En varias temporadas hierra 300 machos, y para que esto sea menos evidente, hierra la mitad en el costado derecho y la otra mitad en el izquierdo.
Pero no todo es positivo en el asunto de la superproducción. El público y la crítica cuando aparecen toros en el ruedo con presentación inferior a la categoría de la ganadería protestan y no satisface a ninguna de las dos partes.
En cuanto a los toreros, obligados a lidiarlos cada vez más a menudo, estan furiosos. Los toros de Miura son adversarios incómodos, duros, avisados, astutos, agotadores. Para las figuras de la época, resulta imposible evitarlos, ya que frente a ellos es donde deben demostrar la capacidad torera y donde se conquista la gloria.
El enojo aumenta en las cuadrillas y en ocasiones las reflexiones estallan :
Hasta el gran Guerrita exclama un día en que debe enfrentarse a una miurada difícil en el Puerto :   
"¡ Ojalá todas las vacas de Miura reventaran !
Pero el público adora los toros de Miura. Con ellos jamás se aburre uno. Y la terrible leyenda negra resurge :
( Continuará )





domingo, 12 de octubre de 2014

MANOLO BIENVENIDA ( CAPÍTULO II )



A pesar de estar en Madrid, sin anestesia, un médico cuyo nombre borró el torero de su recuerdo, le mandaron al hotel en una camilla. La noche fue muy mala.
- Siento que la vida se me va, Pepe.
Pero a la mañana siguiente vino el gran cirujano don Lázaro Pindado y ordenó que corrieran la cama al centro de la habitación
En el suelo había cuajarones de sangre y el colchón estaba calado. Nuevas curas. A los ocho días sacaron de la herida un trozo de taleguilla de casi cuatro dedos de ancho.
En las horribles operaciones, por no gritar, se partió los dientes.
Un mes y otra vez, lentamente la vida. Y al término de los treinta días, Sevilla. No se encontraba bien y llamó a don Gonzalo Blanco. Estudió la herida, su trayectoria.
- ¡ Qué crimen han hecho con esta criatura ! Tiene partido el nervio ciático y le han dejado inútil.
La pierna izquierda estaba inmóvil, de piedra hasta los dedos del pie. Las ilusiones... Pedía la muerte a gritos y quería dársela. El doctor Blanco llevó a Manuel a Barcelona y allí Bravo, ilustre médico, diagnosticó que para encontrar las fibras rotas y posiblemente muertas, tendría que abrir el miembro hasta el tobillo. Barraquer, especialista, le puso corrientes intensas que le quemaron la carne. Su opinión, muy pesimista. Bienvenida era un caso perdido. El doctor Blanco, Pepe y el amigo Alberto Robles que le acompañaron quedaron desolados.
Tenía fe, pedía a la Virgen de los Milagros, patrona de Bienvenida que le curara, ofreciéndole para su ermita una pierna de plata. En Cartagena le vió el doctor Maestre.
- Usted no podrá vestirse más el traje de luces.
Otra vez a Madrid; desaliento, la negrura ante las opiniones de los médicos más famosos.
Un picador Monerri, cierto día le dijo :
- ¿ Por qué no vas al doctor Decref ?
- ¿ Quién es ?
- Un tio que me ha curado un porrazo del que no me sanaba nadie.
Y fue a verle, contándole aquel calvario, indicándole que el doctor Maestre le recomendó un médico de Berlín.
- Ven mañana a las ocho en punto. Voy a ver si en España hay médicos que operen como los extranjeros.
Así comenzó la larga y penosa curación. Luchó con el torero por espacio de cinco meses y durante tanto tiempo ni un solo día dejó de verle.
En este momento apunta el idilio que ha sido la base de una vida y su fundamento sentimental.
Granado y maduro para el buen amor, con veinticinco años ya. Lo había tenido todo en su carrera, llegó el triunfo absoluto y en su cúspide, cae derribado, al parecer de un modo definitivo. Esos amigos, esos halagos del triunfador, se fueron con la sangre, a raudales también. Quedó solo, peor aún, acompañado por los que mentían y esperaban el fracaso.
El cuarto del hotel, lleno de gentes al vestir el traje grana y oro de la corrida de Trespalacios, apenas se sentía la huella de alguno, al que el torero importaba menos que el hombre.
En los minutos de pena y desaliento, conoció Manuel a la que debía ser su esposa. Tenía dieciseis años impregnados de la belleza más fina que pudiera concebir un alto soñador. Era hija de un tallista modesto, Carmen había nacido en Sevilla y vivía en Madrid  en la Cava Baja, 8. La belleza de la niña impresionó a Manuel y buscó su amistad en busca de su cariño.
-¿ Por qué es usted torero ?
Y la para Bienvenida insólita pregunta, sólo podía tener una contestación.
- ¿ Que quiere que sea ?
- Bueno.... Cualquier cosa menos torero.
Había en su modo de interpelar un dejillo de temor por el oficio.
Porque en sus esperanzas de volver a los ruedos, fundíase el miedo a no ser lo que fue. En la blandura del afecto femenino convalecía el espíritu, y en la energía del doctor Decref. Fueron novios y como al calor del corazón, latieron los tendidos. Una tarde al aplicarse las corrientes, pequeño movimiento en los dedos del pie, dió la señal de la convalecencia. El médico le abrazó emocionado.
- He triunfado, Manuel, pronto podrás torear de nuevo.
- ¿ Esta misma temporada, don Joaquín ?
- En abril.
Corrió a dar la noticia a la novia y la alegría de Manuel batió contra la tristeza de Carmen.
- ¡ En abril volveré a ser quien fuí !
Y lloró. Ella concebía su hogar de manera distinta.
Entre los aficionados el revuelo fue inmenso.
Ya ilusionado pidió quince mil pesetas a sus amigos los Pérez Tabernero, y con ellas comenzó a hilvanar realidades.
¡ El dinero de los toreros ! La leyenda era entonces m,enos cierta que ahora, aunque hoy sólo ganan para guardar lo suficiente una docena de profesionales.
Las cantidades son muchas, pero los gastos son más.
Después de muchos años de ganarlo, no tenía más que unos brillantes que fueron los que le salvaron de otras penas, en los primeros meses.
La casa de Sevilla era gastosa, su índole también. Y entonces herido, se encontró pobre, como lo fue al presentarse en Madrid, vistiéndose en la pensión de doña Maximiliana.
Para que toreara, Decref inventó un aparato que ocultaba el defecto a los ojos de los espectadores, porque, en aquella época, los dolores de los toreros se recataban al público. El aparato consistía en una bola alta con forma de zapatilla en su parte inferior y la media cosida a ella. La bota ceñía la pantorrilla y un fuerte muelle, entre las dos suelas de la planta, empujaba el pie hacia arriba al flexionar la pierna. Contrató los servicios de un cirujano joven. Necesitaba un médico para que le diera masaje y corrientes, y un cirujano por si tenía la desgracia de nueva cogida. Este buen doctor acepto la proposición de pagarle quince mil pesetas anuales y los gastos en los viajes.
Fue tanta su bondad que curó a los compañeros heridos en las corridas que Bienvenida toreó Juntos estuvieron hasta 1913.
En abril llegó la primera corrida en Barcelona. Se vió con una falta de facultades enorme, la pierna fallaba y varias veces estuvo a merced de su enemigo.
En San Sebastián cortó una oreja.
Habló Manuel a su madre, ya al borde del casorio. La madre, no quería y tuvo que traerla a Sevilla para que la conociera.
- Esta bien, dijo como comentario cuando la preguntó con ansia su opinión.
Se casaron el 17 de septiembre de aquel 1911, en la iglesia Catedral de San Isidro, de Madrid, rescindió la corrida que debía torear en Madrid la tarde de su boda.
Pensó que sería bonito casarse por la mañana y torear por la tarde. Pero por complacer a su esposa no lo hizo.
( Continuará )




viernes, 3 de octubre de 2014

MANOLO BIENVENIDA ( CAPÍTULO I )




Bienvenida, pueblo de la provincia de Badajoz es conocido por ser " cuna de una dinastía torera ", que adoptó el nombre de su pueblo, " los Bienvenida ", situado al este de Zafra, donde abundan las encinas, olivos, viñas y cereales, es un pueblo muy agrícola.

                                                     LA DINASTÍA BIENVENIDA :

BIENVENIDA 1 : Manuel Mejías Luján. Nacido en Bienvenida ( Badajoz ) el 23 de julio de 1844 y fallecido en Sevilla el 21 de marzo de 1908. Banderillero, novillero y otra vez banderillero. Fue auxiliador y maestro de su hijo Manuel. Formó parte de las más famosas cuadrillas y fue un torero sabio, elegante y largo. Casado con doña Teresa Rapela Camacho, tuvo cinco hijos : Teresa, José, Luisa, Manuel ( muerto a los dos años al torear a una cabra )  y Manuel. Es el fundador de la gloriosa dinastía.

BIENVENIDA II : José Mejías Rapela. Nacido en Bienvenida ( Badajoz ) el 1 de abril de 1880 y fallecido en Sevilla el 20 de diciembre de 1959, banderillero, matador de toros y de nuevo banderillero. Sabio y gracioso, no llegó debido a su carácter rebelde y aventurero. Casado con doña Rosa Ferrier, no tuvo hijos, Es el tío Pepe.

BIENVENIDA III : Manuel Mejías Rapela ( El Papa Negro ). Nacido en Bienvenida ( Badajoz ) el 12 de febrero de 1884 y fallecido en Madrid el 4 de octubre de 1964. Famoso matador de toros. Gran figura, casi inutilizado por una cornada cuando se encontraba en la cúspide del toreo. Genial artista y sabio maestro, guió a sus seis hijos siendo el patriarca de la dinastía. Casado con doña Carmen Jiménez Älvarez, tuvo nueve hijos : Manuel, José, Antonio ( fallecido a los 5 meses ), Rafael, Carmen ( fallecida a los catorce meses ), Antonio, Ängel Luis, Carmen Pilar, y Juan.

BIENVENIDA IV : Manuel Mejías Jiménez. Nacido en Dos Hermanas ( Sevilla ) el 21 de noviembre de 1912 ( aunque la partida diga el 23 ) y fallecido el 31 de agosto de 1938 en la clínica de San Ignacio, de San Sebastián, victima de una cruel enfermedad.
Torero cumbre de su época, de casta arrolladora, largo, artista y de garbo singular. No había cumplido aún los 26 años y había hecho nueve temporadas de matador de toros. Murió soltero.

BIENVENIDA V : José Mejías Jiménez. Nacido en Madrid el 4 de enero de 1914 y fallecido en Lima ( Perú ) el 3 de marzo de 1968. Gran maestro : sabio, largo. completo, seguro y excepcional banderillero. Casado con la actriz Pastora Peña, tuvo dos hijos : Pastora y Manuel.

BIENVENIDA VI : Rafael Mejías Jiménez. Nacido en Sevilla el 31 de agosto de 1917 y fallecido -- asesinado -- en Sevilla el 31 de marzo de 1933. Becerrista. Fino y gracioso. Dada su edad murió soltero.

BIENVENIDA VII : Antonio Mejías Jiménez. Nacido en Caracas ( Venezuela ) el 25 de junio de 1922 y fallecido en Madrid el 7 de octubre de 1975, a consecuencia de una cogida sufrida el día 4 en la finca " Puerta Verde " ( El Escorial ). Genial maestro, que ha toreado como nadie toreó nunca, fundiendo lo rondeño y lo sevillano en perfecta conjunción. Casado con doña María Luisa Gutiérrez Balbi, tuvo cuatro hijos : Maria Luisa, Antonio, Ángel Luis y Paloma.

BIENVENIDA VIII : Ángel Luis Mejías Jiménez. Nacido en Sevilla el 2 de agosto de 1924. Matador de toros. Fino, elegante y artista. Casado con doña María del Carmen Älvarez-Buylla Menéndez, tuvo cinco hijos : Rafael, Miguel, Carmen, Älvaro y Luis.

BIENVENIDA IX : Juan Mejías Jiménez. Nacido en Sevilla el 31 de julio de 1928. Matador de toros. Largo, completo, artista y gran banderillero, su carrera fue obstaculizada por muchas cogidas. Casado con doña Concepción Maraver Boyer, tuvo tres hijos : Juan, Concha y Julio ( fallecido al poco de nacer ). Murió Juan el 30 de mayo de 1999, en Madrid.

El último eslabón como torero de alternativa Ängel Luis Mejías Jiménez falleció en Madrid el 3 de febrero de 2007, en el toreo y en la vida representaba la elegancia absoluta. Sus amigos le llamaban El Inglés.

Comienza nuestro relato en la mañana del 10 de julio de 1910. Torea en Madrid, Manuel Mejías Rapela, ( Bienvenida III en la dinastía ) ( El Papa Negro ).
Era una mañana tranquila, hermosa, calma. Sin sueños, sin nervios, despertó el matador naturalmente de un breve descanso gozado después de la llegada del tren.
El cuarto del hotel pronto se llenó de amigos y aficionados y a media mañana llegó don José Uriarte, el mago de los sastres taurinos, con el precioso terno grana y oro. Era perfecto. Bonito y torero. Del color de las muletas la seda, oro de " entonces " en los bordados.
Rogó al sastre que a las cuatro y media y acompañado de su esposa viniera a recogerle, pues quería que le condujera en su coche a la plaza.
Entró en el patio de caballos, animadísimo, y tendió la mano a " Celita ", sobresaliente y al que Bienvenida le dió la alternativa algún tiempo pasado.
En su primero dió la vuelta al ruedo, En su segundo ocurrió lo mismo y la ovación trono en la plaza. Pero no era lo que Manuel quería.
- Tendrá que ser con mi tercero " Viajero ".
Salió como un huracán. Bravo, pronto, nervioso y noble. Era un toro de bandera. " El Papa Negro " en aquel momento más aficionado que torero, paladeaba la fiera e ideal arrancada.
Como en los anteriores tomó las banderillas en medio de una gran ovación.
Puso un par al quiebro y dos al cuarteo verdaderas filigranas.
Al clarinazo para matar, el trespalacios quedó entre los tercios, un poco hacía fuera. Iba Bienvenida
a poner en práctica su teoría de la estatua, seguro del éxito. Cruzó la plaza para citar con la mano izquierda. El público del tendido 5 al verle ir en aquella dirección, creyó que le brindaría la muerte y muchos espectadores se levantaron de sus asientos. Fue la llamada de la fatalidad. Debía no advertir el noble deseo del público, pero no se atrevió a defraudarle.
Y variando de propósito, continuó el camino para brindar como pedían. Estos minutos tan breves, cambiaron la suerte.
El toro al refrescarse volvió a su ímpetu, bravo y poderoso.
Se le arrancó muy de largo, en terrible embestida. Para aguantar así a un toro se necesita gran confianza en uno mismo. No es valor, es otra cosa distinta. Es la seguridad de que el sereno reflejo, medido al milímetro, desviará aquella masa ciega. Al verle llegar tan de largo, juntó los pies, esperándole erguido en posición natural. Seguro, movió ligeramente la muleta cuando el animal entró en el engaño. El toro se arrancó tan fuerte que no pudo torcer su ruta, doblar los centímetros necesarios para sesgar el cuerpo y seguir la tela, docil, hundió el pitón en la pierna de Manuel. Le alcanzó con el pitón izquierdo, y le hundió el cuerno hasta la cepa, por la fuerza del impulso. El pitón penetró hasta la ingle y al girar el cuerpo los destrozos fueron terribles. La punta salió seis centímetros por detrás del muslo, cerca de la corva. Le tuvo enganchado mucho tiempo y los peones que llegaron a hacer el quite se vieron embestidos dos veces por el toro, llevándole prendido. El mismo sacó el cuerno al inclinar la cabeza al peso del cuerpo, Le cogieron los " monos " y oyo la voz de su hermano, que lloraba :
- ¡ Barbaro ! Te has dejado matar.
Con la mano derecha se tapó el enorme boquete y con el brazo izquierdo se sujetaba al cuello de su hermano Pepe. Tenía destrozada la vena safena y el nervio ciático. La vida se iba con aquel torrente de sangre.- ¡ Me muero, Pepe, me muero !
( Continuará )



                                                         El Papa Negro con su familia