domingo, 22 de junio de 2014

ENCASTE VAZQUEÑO ( CAPÍTULO V )




El sueño de don Fernando se ha vuelto realidad. Muy pronto, gracias al prestigioso origen de sus toros y a su influencia, debuta en numerosas plazas de Andalucía, como las de Almería o Cabra.... Vende el semental Guitarrero a José Pereira Palha en 1875, el cual junta con las vacas que ha comprado a Dámaso Xavier Dos Santos, procedentes de la ganadería del Duque de Braganza, el Rey de Portugal, a quien su tio Fernando VII le había regalado 50 vacas y 2 sementales de su ganadería procedentes de don Vicente José Vázquez.
Once años despues de haber empezado su trayectoria ganadera, don Fernando de la Concha y Sierra se presenta `por fin en Madrid, el lunes 10 de abril de 1882, en la primera de abono de aquella temporada, y en presencia de S. M. el Rey, le matan su corrida nada menos que Lagartijo, Angel Pastor y Fernando " El Gallo " ( padre de Rafael y Joselito ).  Sus toros, dice la prensa, estan bien presentados, especialmente el primero y el quinto. Este primero de nombre " Mesonero ", es además bravo y de poder, tomando ocho varas para seis caidas y cinco caballos muertos. No lo aprovecha del todo Lagartijo. El quinto de nombre " Capirote ", coge a Angel Pastor en el segundo muletazo y le propiná una cornada grave.
No se lució mucho el padre de los dos futuros Gallos.
Al año siguiente el domingo 20 de mayo de 1883 vuelven a Madrid los toros de Concha y Sierra, también en presencia de sus Majestades.
El prestigio de los Concha y Sierra es innegable, Fernando de la Concha y Sierra fallece muy joven, el 25 de octubre de 1887. Su ganadería se divide entonces en dos partes : la más pequeña es vendida al Marqués de Villamarta y a su suegro el señor Garvey, mientras que los hijos del finado, Fernando y Concepción de la Concha y Sierra Fontfrede, heredan la parte más importante de la ganadería así como sus fincas. Su viuda, Celsa Fontfrede, tutora de los niños, recibe el usufructo.
Con el deceso de don Fernando, doña Celsa ha obtenido el usufructo legal, puesto que los herederos naturales de éste son sus dos hijos, entonces menores : Fernando de la Concha y Sierra Fontfrede, a quien le toca La Abundancia, y a su hija Concepción las demás tierras. Su viuda ha heredado, la carga de velar sobre la herencia de sus hijos, en la que también se incluye la casa sevillana de la calle O´donell. Visto de lejos, su situación parece más que envidiable. Sin embargo, no es nada segura : don Fernando ha fallecido antes de pagar totalmente el préstamo. De la cantidad inicial de 175000 pesetas, ha reembolsado 120000 con sus intereses. A su viuda le toca pagar las 55000 pesetas restantes, más los intereses. Y para salvar las tierras, doña Celsa va a demostrar su ingenío. En apenas tres años, el 12 de abril de 1890, consigue cancelar todas las deudas pendientes.
En vez de anunciar sus toros como los de la Viuda de Concha y Sierra, lo hace como los de Celsa Fontfrede, manifestando así su independencia, o su desafio, frente a las rígidas convenciones sociales de entonces.
Doña Celsa proclama que ahora es una ganadera rica, y nadie va a indicarle su deber. Además como todavía es joven y guapa, no tarda en buscarse la vida en el plano amoroso. Se trata de uno de los toreros más importantes y queridos de la época. Un día que había invitado a tentar a Manuel García Cuesta " El Espartero ", figura ya consagrada por su inmenso valor, o su temeridad, doña Celsa se enamora de aquel hombre algo más joven que ella y que, de mozo, hacía la luna con las vacas de don Fernando en la finca La Alegría. A pesar de estar casado y tener un hijo, " El Espartero " se enamora también y, de esta unión pasional, nace en 1890 una hija bautizada Pilar, ( doña Celsa era maña, y muy devota de la Virgen del Pilar ), desde entonces, " El Espartero " se convierte en el marido extraoficial de la ganadería.
El 17 de mayo de 1892, debuta doña Celsa en Madrid, seis toros, para Lagartijo, El Espartero, y Minuto, que confirmaba la alternativa. Los toros, excepto el primero, fueron pequeños, y con poca cara, sin mucha fuerza y el sexto impresentable. La corrida tuvo mucho morbo, al figurar en el cartel " El Espartero ", cuyo romance con la ganadera era un secreto a voces.
Blasco Ibáñez, se inspiró para crear los personajes de su novela " Sangre y Arena " en los amores de la Viuda ganadera con " El Espartero ". En la obra el torero Juan Gallardo le sonrie la vida : el chico pobre de Sevilla que se escapaba para torear en las ferias se ha consagrado como matador, despertando el entusiasmo del público. Y cuando lo tiene todo - fama, dinero, tierras, mujeres a sus pies y una esposa enamorada y comprensiva -, conoce a doña Sol, que se convierte en su amante, y todo cambia. Al igual que el torero de la novela, Manuel García, hijo de un espartero del barrio sevillano de la Alfalfa, soñaba todas las noches con ser torero.
Dicen que decidió ser matador después de visitar a su tio enfermo. Y saber que iba a morir porque no tenía medios económicos para curarse. Acto seguido, al pasar delante de la Maestranza, le dijo a su padre que iba a ser torero para que en su familia no se repitiera una tragedia así. Salió en la Plaza de Sevilla, como banderillero, e impresionó por su valor toreando " novillos " con seis o siete años por los pueblos colindantes a Sevilla, donde se ganó fama de torero " suicida ". Muy pronto fue aclamado como el verdadero " torero del pueblo ", recibiendo muchas cornadas que no mellaron su valor. El joven algo triste y reservado de los principios, se había convertido en un hombre abierto, temerario, pero también generoso con los necesitados.
Y " El Espartero ", ya figurón del toreo, se enamoró de doña Celsa y su vida cambio como cambió la de Juan Gallardo en la novela de Blasco Ibáñez, cuando entró en ella la terrible doña Sol. De esos amores marismeños nació, la pequeña Pilar, que el torero no dudo en reconocer y dar su apellido : Pilar García Aguiel de Fontfrede, quien años más tarde se casará con Joaquín Pareja Obregón Sartorius, hijo del VII Conde de la Camorra.
Para la Corrida Extraordinaria de Beneficencia del domingo 21 de mayo de 1893, en Madrid, " El Espartero " se mide una vez más con los toros de doña Celsa. Se lidian tres, con otros tantos de la viuda de Barrionuevo y tres de don Faustino Udaeta, con Mazzantini y Guerrita.
" El Espartero ", está rico, enamorado, y le cuesta más arrimarse ahora que antes. El 27 de mayo de 1894, antes de cumplir treinta años, está anunciado en Madrid nuevamente, y viaja en tren de Sevilla a la capital no sin parar en Córdoba, donde le espera su rival y amigo Guerrita. En el transcurso de la cena, a la quue asiste también el banquero - ganadero don Félix Urcola, Guerrita intenta disuadir a su compañero de torear la corrida del día siguiente. Es de Miura y sabe que Manuel no anda sobrado de sitio. Llega a decirle a su compañero : " No torees esa corrida ". Te puede matar un toro. Pero " El Espartero " le contesta : " Es un compromiso que he de cumplir. Iré.
El 27 de mayo de 1894 " El Espartero " empezó la corrida con enorme decisión y valentía. El público madrileño comprendió inmediatamente que venía dispuesto de afirmar su fama de valiente y de figura del toreo.
Minutos antes, camino de la plaza, la cuadrilla se lamentó a la vista de un cortejo fúnebre por la calle de Sevilla. " Mala pata ", exclamó Antolín un banderillero y el resto aseguraron que, al contrario, los muertos traían suerte. El matador movió la cabeza sin decir nada.
" Perdigón ", primero de la tarde, colorado, ojo de perdiz, fino y bien cortado, bien puesto de cuerna, se le vio tomar con cierta codicia una vara del picador. Un banderillero quiso darle un lance, del que salió apurado y entablerado, haciéndole el quite " El Espartero ". También Antonio Fuentes se embarulló algo con el capote y Manuel volvió a hacer un quite oportuno. El picador puso otra buena vara, rompiéndole el palo y muriendo el caballo. En total " Perdigón " recibió cinco puyazos, dio cuatro caídas y mató tres caballos.
( Continuará )



domingo, 15 de junio de 2014

ENCASTE VAZQUEÑO ( CAPÍTULO IV )





En 1833, Francisco Taviel de Andrade compra también una parte de lo de Vázquez a su testamentaría. Taviel de Andrade se ha asociado con José María Veger, pagador del ejército de Andalucía, y Antonio Sáez de Santa María, alguacil mayor de la Real Audencia de Sevilla. La presencia de Veger en la sociedad es fundamental, puesto que mantiene mucha relación con el Capitán General Vicente Genaro Quesada, quien hace de albacea. Los tres socios compran 370 cabezas, y en 1835, cuando disuelven su sociedad, se reparten, en partes iguales, 528 cabezas, antes que Taviel de Andrade les compre las partes respectivas a sus ex socios.
La ganadería pasta entonces en Carmona. Mas tarde, le añade reses de Juan Castrillón, de Vejer de la Frontera, que provienen también de lo de  don Vicente José Vázquez a traves del lote vendido a Antonio Mera en 1813. La ganadería de Castrillón será vendida por su parte a Rafael de Surga, Francisco Taviel de Andrade López Conesa, en Alcalá de Guadaira ( Sevilla ), prepara 4.000 hectáreas. En 1856, la ganadería cuenta con 929 cabezas, en diciembre vende la mayor parte a don Antonio Miura, quien se queda con 100 vacas, 105 erales y 4 cabestros.
Son años muy duros para la ganadería, años de gran sequía.
En 1858, en el inventario realizado a la muerte de su esposa, aparecen 238 cabezas. Taviel de Andrade muere en 1869 después de haber vendido parte de sus tierras, pero la ganadería ha aumentado : 522 cabezas, 192 vacas y 140 toros de más de 3 años.
En 1871, sus herederos venden la ganadería para saldar unas deudas a su casí vecino Fernando de Concha y Sierra, rico heredero del sustuoso cortijo de la Abundancia, sito en la marisma. No deja pasar la oportunidad de convertirse en ganadero de bravo, al haberse visto excluido en el reparto de la ganadería familiar fundada por su tio- abuelo Fernando de la Sierra, un armador gaditano ; vacada que ha pasado, de forma completa a manos de su primo Joaquín de la Concha y Sierra, probablemente porque él era demasiado joven en el momento del reparto.
Con divisa blanca, negra y plomo, se presenta don Fernando en Madrid, la tarde del 10 de abril de 1882, y para empezar abre plaza el toro " Mesonero " que estoquea Angel Pastor y toma nueve varas y deja cinco caballos para el arrastre.
Fernando de la Sierra empieza a comprar tierras como señal de prestigio y la crianza del toro bravo también, aunque una y otra fueran escasamente rentables frente a los pingües beneficios del comercio de ultramar.
Para los inversores, se abre en la marisma un campo de batalla para hacerse con las mejores tierras en las islas Mayor y Menor, pertenecientes hasta la fecha a las órdenes religiosas. Y cuando en 1820 surge la ocasión, Fernando de la Sierra, gracias a su influencia, compra las mejores tierras de la Isla Mayor. Un total de 1500 hectáreas. A las diez y seis primeras suertes las denomina La Prosperidad y a las 14 restantes que atendían por la Cartuja, La Abundancia. Hubo pleitos, por supuesto, pero Fernando de la Sierra gozaba de una gran fortuna. En estas tierras, Fernando de la Sierra encuentra ganado frailero, del mismo origen que aquellos toros que Vicente José Vázquez había mezclado en su ganadería treinta años antes.
Cuando Fernando de la Sierra fallece, lo hereda todo su sobrino, Joaquín de la Concha y Sierra y añade a la ganadería un lote adquirido al vecino Picavea de Lesaca.
En 1861. Joaquín de la Concha y Sierra fallece y heredan dos sobrinos, Joaquín Pérez de la Concha, y un menor de edad que estaba representado por su madre y tutora, doña Rosalía de la Sierra. Este menor se llama Fernando de la Concha y Sierra.
Joaquín Pérez de la Concha se queda con la Prosperidad y le cede La Abundancia a su primo Fernando de la Concha y Sierra, que en ese momento tiene alrededor de 20 años, quizás por ese motivo no recibió parte de la ganadería, y por su gran afición diez años más tarde compra los vazqueños de Taviel de Andrade y se hace ganadero.
La dehesa de La Abundancia se encontraba en la marisma sevillana entre la Isla Mínima en medio del cultivo del arroz, como un trasatlántico gigantesco encallado en las altas hierbas, el esqueleto de lo que fue el corazón de la marisma no late desde hace ya tiempo. Rodeada de extensos arrozales, se derrumba poco a poco. Cerca de los Gracilianos que Mauricio Escobar cría cerca en sus cercados fangosos de la Isla Mínima.
La Abundancia, fue durante casi un siglo sinónimo de bravura, aunque, sus toros salían más nobles que duros, algo que granjeó a las " viudas " que los criaron, la prensa taurina entonces torista las críticaba pues desde su punto de vista, colaboraban en exceso con los toreros. Atrincheradas en la Abundancia en medio de la inmensidad de la marisma, doña Celsa Fontfrede y su hija Concepción estaban envueltas por un halo casi mítico que se explica tanto por la fama de amazona indomable que se le atribuía a la primera, como por la reputación sulfurosa de los toros de la segunda, después de que mataran, nada más y nada menos, a cuatro toreros.
Algo que, probablemente, hubiera llenado de orgullo a Fernando de la Concha y Sierra, esposo de la primera y padre de la segunda.
Al oeste de La Abundancia se hallaban los Pablo Romero, al oeste, muy pegados, los de Pérez de la Concha ; un poco más hacia La Puebla y Coria, Los Miura y Villamarta ; y por el otro lado del rio, mirando hacia Sevilla, los Ybarra en la Cascajera, al este los Saltillo en la Compañía, y al noreste los Murube, cuyos dominios llegaban hasta el cortijo de Juan Gómez. La mayoría de los ganaderos asentados en Utrera obligaban a sus hatos a cruzar el río gracias a las inmensas gabarras que encallaban entre Coria y la Puebla.
Medio siglo antes, Gregorio Vázquez, poseía tres de estos barcos gabarras para dicho uso. Los toros vazqueños eran de los más numerosos, y por aquel entonces, el primo mayor de Fernando de la Concha y Sierra poseía ya, en el cortijo de la Vuelta del Cojo, que representaba sólo una parte de la Prosperidad, su ganadería fundada en 1823 con, supuestamente vacas y sementales de origen vazqueño, que Manuel de la Sierra había encontrado en estas tierras cuando las compró, añadiendo después sementales de Picavea de Lesaca, los cuales pastaban al lado. A la muerte de don Joaquín, en 1861, la ganadería había pasado a manos de su sobrino don Joaquín Pérez de la Concha y Álvarez, un primo de Fernando.
Heredero del suntuoso cortijo La Abundancia - el nombre lo dice todo - al sur de la Puebla del Rio, Fernando de la Concha y Sierra se contuvo durante muños años antes de dar rienda suelta a su deseo de convertirse en ganadero de bravo. Su afición, y también su situación económica, se lo permitían.
Diez años pasaron, sin que don Fernando pudiera llevar a cabo su proyecto pero, por fín, surgió la ocasión de hacerse con la mayor parte de la ganadería de Taviel de Andrade, que sus herederos ponían a la venta para pagar algunas deudas.
Ésta pastaba en las dehesas Rincón de la Zarza e Isla Amalia, en la Puebla del Río, cerca de lo de Pérez de la Concha. El ganado era el mismo que, desde hace años, el duque de Veragua criaba en los montes de Toledo, donde poseía la ganadería más prestigiosa del momento junto a la de Miura.
A su muerte, en 1869, Taviel de Andrade les deja 522 reses bravas a sus herederos, entre ellas 192 vacas madres y 140 toros de más de tres años, que son los que venden. Gracias a esta compra, Fernando de la Concha y Sierra entra en el mundo ganadero por la puerta grande, pero va a tardar casi diez años en imponerse del todo. Y no porque sus toros no fuera del agrado de la afición, sino por razones ajenas a esto. Era tanta la afición de Fernando de la Concha y Sierra que para disponer de un fondo ganadero a la altura de sus proyectos, ha comprado anteriormente una serie de fincas colindantes entre sí, regadas por el Guadimar, en un lugar donde confluían los terminos de Sanlúcar la Mayor, Olivares, Gerena y Aznalcóllar. Adquirió así el cortijo de Carcabosillo, en el término de Sanlúcar la Mayor, Casa de Vacas, Esparraguera y Cabos del Río, en el término de la antigua villa de Eliche, conjunto denominado La Alegría compradas con anterioridad y, por último, Las Mirandillas, en el término de Sanlúcar la Mayor. Al conjunto de unas 1000 hectáreas que sumaban La Abundancia y Juncal, se añaden, con destino a la cría del bravo, unas 500 hectáreas más.
( Continuará )




sábado, 7 de junio de 2014

SAN ISIDRO 2014.......... DESILUSIÓN




Termina San Isidro 2014, 26 tardes de festejos de a pie, incluídas novilladas, nos falta la del domingo de Miura, y lo hace con el denominador común de casí todas las tardes la desilución de los sufridos aficionados.
Recuerdo cuando se hicieron públicos los carteles, la totalidad de los medios de comunicación coincidían en que eran unos buenos carteles y muy rematados.
De que sirve hablar de carteles rematados, si nos falla el toro, el principal protagonista de la fiesta, sin él todo queda desdibujado y lo de corrida de decepción se cumple en casí todas las tardes.
La bravura sin casta es imposible, porque la bravura es consecuencia de la casta. La bravura es más importante para el público y el ganadero y la nobleza para el torero. La auténtica bravura es la respuesta del toro al caballo, aunque luego moleste al torero. Que reciba los tres puyazos. Ese galope fuerte es el que da emoción. Para nada importa al aficionado el toro con estilo, el estilo lo debe poner el torero. Sin ese toro encastado y con mucha acometividad el aficionado se aburre tarde tras tarde en el tendido.
El ganadero de bravo en su dehesa desde que ejerce su profesión conoce que el objetivo principal es el disfrute de su ganadería, los resultados económicos ni los persigue, ni los conseguirá, porque no existen.
Comercializa un producto de difícil valoración y oculto hasta la lidia ; la bravura, lo que unido al exceso de oferta determina un mercado de competencia imperfecta con precios cada vez más a la baja.
Es el disfrute de su propiedad el que actua como una venta compensando inversiones y costes, inmovilizando su capital, pero él solo persigue obtener una satisfacción personal, pero que muy pocos consiguen.
La vida del ganadero es de sufrimiento, desde que hierra al becerro hasta que es toro y se lidia ; sufre cuando las cosas le salen mal ; cuando se le muere un toro, más que por dejar de cobrarlo, por la ilusión que tenía depositadas y ver que daba de sí. Sufre cuando de sus vacas se muere la mejor, o una de las mejores, o cuando aparece una enfermedad que le causa bajas y se desconoce de momento. Pero hasta viendo lidiar sus toros sufre el ganadero.
El ganadero por tanto con el toro pone su gran amor, es su afición y su vida, no su negocio.
Pero el ganadero debe estudiar cientificamente la falta de fuerzas y la falta de bravura de sus toros, así como estamos, peligra el futuro de la Fiesta.
Pero también tiene que solucionar la suerte de varas, para no verla, como hoy, convertida en el espectáculo más denigrante de la fiesta. Si el toro no tiene fuerza a que viene someterlo a un puyazo falso, levantando el palo el picador, y dejando en ridiculo al toro, al ganadero, etc, etc.
La suerte de varas que por desgracia tampocas veces vemos ejecutar bien, tiene dos objetivos principales, quitar fuerza al toro y ahormar y atemperar la embestida, pero esos básicos principios se obvian constantemente.
La mejora del toro de lidia exige, por parte del ganadero, poseer inmensos conocimientos relativos al mecanismo de la herencia para saber fijar caracteres que son muy convenientes al toro que cría en su ganadería.
Las sensaciones en el toro son muy intensas, especialmente las del olfato y oído.
El menor ruido que se produce en la dehesa, pone en guardia a todas las reses de la misma, y lo demuestran expectantes con una gran inquietud.
Los colores corrientes en la naturaleza son los mejor tolerados por el toro. Las capas de los caballos le afectan de muy diversa manera, excitando su acometividad, en primer término, los blancos, después los negros, y por último los castaños y alazanes.
Los toros son animales bastante emotivos ; cualquier fenómeno les irrita, como sucede hasta con las moscas, que a veces les hace estar con la cabeza metida entre la hierba o salir corriendo ciegamente con el rabo erecto.
Cuando contemplan en corro los toros una pelea, comentan sus incidentes en forma de rumor o verraqueo que anima a los toros luchadores.
Cuando alguna víctima surge, la plebe, rodea al muerto dando muestras de horror y hasta incluso de complacencia.
Les hago este inciso, hablando del toro en el campo, pues con el toro en la dehesa, la misma, se convierte en un espectáculo único y recomendable de observar por el aficionado.
Y, aunque no son contradictorias bravura y nobleza sino complementarias, siempre con predominio de la bravura que da denominación y carácter a la raza - ganado bravo - parece que la fiesta se ve abocada a un callejón sin salida.
Y parece que nadie piensa en regenerar la cabaña brava española, fundamento del espectáculo, pues se enarbolan la dulzura, bondad y docilidad del toro con falsas banderas de gloria en ganaderías prestigiosas solicitadas en su totalidad por las figuras del toreo, hay se encuentra el verdadero cáncer que postra a la Fiesta.
Hace dos mil quinientos años, el pensador chino Confucio definió la doctrina universal de la rectificación, y afirmaba que para resolver y ordenar el caos había que situar las cosas en su lugar adecuado y había que comenzar llamandolas por sus nombre verdaderos.
Veinticinco siglos después, viene a decirnos con claridad que a las cosas hay que llamarlas por su nombre, sin mascaras ni añaganzas, para poder hacer frente a soluciones de los problemas que se planteen, si es que se quieren buscar soluciones. Curioso libro de Primavera y Otoño.
Para llamar las cosas por su nombre, hay que decir que el toro que exigen las figuras y sus apoderados, crían los ganaderos y contratan las empresas, apenas tiene nada que ver con ese toro  fiero, bravo, noble y encastado animal cuyo último destino es morir matando ; ese toro que infunde miedo en los asientos de los tendidos y hasta suspende el ánimo.
Pero la segunda parte es más lacerante ese toro requiere unos toreros bravos, como él,
Tenemos que abandonar el espectáculo actual desprovisto de pasión, emoción, sentimiento, y cambiarlo por el de crear belleza en la fiesta en los tres tercios de la misma.
La fiesta sigue con sus luces y sus sombras de siempre, pero teniendo en cuenta la importancia del toro en la misma, sin toro, lo acabamos de ver estos días se desmorona el mejor cartel, por rematado que sea, y mucho público se queda en el camino no volviendo a los tendidos, pues el nivel de satisfacción exigible a una corrida de toros apenas se consiguió en una veintena de toros del serial, en los demás, poco o nada. ¿ Que menos, que fueran cincuenta toros, al menos, dos por corrida.
Pero los espectadores de San Isidro 2014, no siguen los dictados del entendido tendido 7, cuando el 7 pita ellos aplauden, y piden las orejas a precio de saldo, olvidando que en la Plaza de las Ventas las orejas siempre han tenido un valor añadido, pero que en este San Isidro ha bajado alarmantemente su cotización.