sábado, 7 de junio de 2014

SAN ISIDRO 2014.......... DESILUSIÓN




Termina San Isidro 2014, 26 tardes de festejos de a pie, incluídas novilladas, nos falta la del domingo de Miura, y lo hace con el denominador común de casí todas las tardes la desilución de los sufridos aficionados.
Recuerdo cuando se hicieron públicos los carteles, la totalidad de los medios de comunicación coincidían en que eran unos buenos carteles y muy rematados.
De que sirve hablar de carteles rematados, si nos falla el toro, el principal protagonista de la fiesta, sin él todo queda desdibujado y lo de corrida de decepción se cumple en casí todas las tardes.
La bravura sin casta es imposible, porque la bravura es consecuencia de la casta. La bravura es más importante para el público y el ganadero y la nobleza para el torero. La auténtica bravura es la respuesta del toro al caballo, aunque luego moleste al torero. Que reciba los tres puyazos. Ese galope fuerte es el que da emoción. Para nada importa al aficionado el toro con estilo, el estilo lo debe poner el torero. Sin ese toro encastado y con mucha acometividad el aficionado se aburre tarde tras tarde en el tendido.
El ganadero de bravo en su dehesa desde que ejerce su profesión conoce que el objetivo principal es el disfrute de su ganadería, los resultados económicos ni los persigue, ni los conseguirá, porque no existen.
Comercializa un producto de difícil valoración y oculto hasta la lidia ; la bravura, lo que unido al exceso de oferta determina un mercado de competencia imperfecta con precios cada vez más a la baja.
Es el disfrute de su propiedad el que actua como una venta compensando inversiones y costes, inmovilizando su capital, pero él solo persigue obtener una satisfacción personal, pero que muy pocos consiguen.
La vida del ganadero es de sufrimiento, desde que hierra al becerro hasta que es toro y se lidia ; sufre cuando las cosas le salen mal ; cuando se le muere un toro, más que por dejar de cobrarlo, por la ilusión que tenía depositadas y ver que daba de sí. Sufre cuando de sus vacas se muere la mejor, o una de las mejores, o cuando aparece una enfermedad que le causa bajas y se desconoce de momento. Pero hasta viendo lidiar sus toros sufre el ganadero.
El ganadero por tanto con el toro pone su gran amor, es su afición y su vida, no su negocio.
Pero el ganadero debe estudiar cientificamente la falta de fuerzas y la falta de bravura de sus toros, así como estamos, peligra el futuro de la Fiesta.
Pero también tiene que solucionar la suerte de varas, para no verla, como hoy, convertida en el espectáculo más denigrante de la fiesta. Si el toro no tiene fuerza a que viene someterlo a un puyazo falso, levantando el palo el picador, y dejando en ridiculo al toro, al ganadero, etc, etc.
La suerte de varas que por desgracia tampocas veces vemos ejecutar bien, tiene dos objetivos principales, quitar fuerza al toro y ahormar y atemperar la embestida, pero esos básicos principios se obvian constantemente.
La mejora del toro de lidia exige, por parte del ganadero, poseer inmensos conocimientos relativos al mecanismo de la herencia para saber fijar caracteres que son muy convenientes al toro que cría en su ganadería.
Las sensaciones en el toro son muy intensas, especialmente las del olfato y oído.
El menor ruido que se produce en la dehesa, pone en guardia a todas las reses de la misma, y lo demuestran expectantes con una gran inquietud.
Los colores corrientes en la naturaleza son los mejor tolerados por el toro. Las capas de los caballos le afectan de muy diversa manera, excitando su acometividad, en primer término, los blancos, después los negros, y por último los castaños y alazanes.
Los toros son animales bastante emotivos ; cualquier fenómeno les irrita, como sucede hasta con las moscas, que a veces les hace estar con la cabeza metida entre la hierba o salir corriendo ciegamente con el rabo erecto.
Cuando contemplan en corro los toros una pelea, comentan sus incidentes en forma de rumor o verraqueo que anima a los toros luchadores.
Cuando alguna víctima surge, la plebe, rodea al muerto dando muestras de horror y hasta incluso de complacencia.
Les hago este inciso, hablando del toro en el campo, pues con el toro en la dehesa, la misma, se convierte en un espectáculo único y recomendable de observar por el aficionado.
Y, aunque no son contradictorias bravura y nobleza sino complementarias, siempre con predominio de la bravura que da denominación y carácter a la raza - ganado bravo - parece que la fiesta se ve abocada a un callejón sin salida.
Y parece que nadie piensa en regenerar la cabaña brava española, fundamento del espectáculo, pues se enarbolan la dulzura, bondad y docilidad del toro con falsas banderas de gloria en ganaderías prestigiosas solicitadas en su totalidad por las figuras del toreo, hay se encuentra el verdadero cáncer que postra a la Fiesta.
Hace dos mil quinientos años, el pensador chino Confucio definió la doctrina universal de la rectificación, y afirmaba que para resolver y ordenar el caos había que situar las cosas en su lugar adecuado y había que comenzar llamandolas por sus nombre verdaderos.
Veinticinco siglos después, viene a decirnos con claridad que a las cosas hay que llamarlas por su nombre, sin mascaras ni añaganzas, para poder hacer frente a soluciones de los problemas que se planteen, si es que se quieren buscar soluciones. Curioso libro de Primavera y Otoño.
Para llamar las cosas por su nombre, hay que decir que el toro que exigen las figuras y sus apoderados, crían los ganaderos y contratan las empresas, apenas tiene nada que ver con ese toro  fiero, bravo, noble y encastado animal cuyo último destino es morir matando ; ese toro que infunde miedo en los asientos de los tendidos y hasta suspende el ánimo.
Pero la segunda parte es más lacerante ese toro requiere unos toreros bravos, como él,
Tenemos que abandonar el espectáculo actual desprovisto de pasión, emoción, sentimiento, y cambiarlo por el de crear belleza en la fiesta en los tres tercios de la misma.
La fiesta sigue con sus luces y sus sombras de siempre, pero teniendo en cuenta la importancia del toro en la misma, sin toro, lo acabamos de ver estos días se desmorona el mejor cartel, por rematado que sea, y mucho público se queda en el camino no volviendo a los tendidos, pues el nivel de satisfacción exigible a una corrida de toros apenas se consiguió en una veintena de toros del serial, en los demás, poco o nada. ¿ Que menos, que fueran cincuenta toros, al menos, dos por corrida.
Pero los espectadores de San Isidro 2014, no siguen los dictados del entendido tendido 7, cuando el 7 pita ellos aplauden, y piden las orejas a precio de saldo, olvidando que en la Plaza de las Ventas las orejas siempre han tenido un valor añadido, pero que en este San Isidro ha bajado alarmantemente su cotización.




lunes, 2 de junio de 2014

RECORDANDO A JUAN BELMONTE GARCÍA




Nacido en Sevilla el 14 de abril de 1892.
Juan Belmonte García, a los dos años de edad, con la muerte de " El Espartero " mamó esa gran verdad que acertadamente expresara Pepe Luis Vázquez : la muerte acompaña a los toreros.
Pero uno de sus peores momentos y así lo relataba fue cuando a los siete años la vio con sus propios ojos en un hombre ahorcado.
Y con el corazón compugido, recordaba la tapia del convento de Santa Clara : un enorme paredón lleno de desconchones, que de niño, tenía que recorrer todos los días para llegar a su casa.
Y la mente, con su memoria que al estimularla a traves de los sentidos, le traslada en una fracción de segundos al lugar donde sintió por primera vez esta sensación Juan, que se percibe cuando el poder de la muerte te paraliza.
Comentaba que en ese funesto lugar alguien pintó una cruz con pintura roja
Aquella señal que de noche, iluminada por la amarilla y vaporosa luz de una farola, mantenía alejados del barrio a los chiquillos, que para llegar a sus casas les obligaba a dar una larga vuelta.
Pero Juan en el anochecer de una día que se sintió más hombre, hizo de tripas corazón, y pasó por delante mirándola con descaro.
El misterio de esa muerte a pesar del tiempo transcurrido seguía intrigando al subconsciente del gran maestro trianero.
¿ que podía haberle provocado tanta desesperación ?
¿ Estaría, quizás, en la más absoluta miseria..... ?
¿ Por qué se ahorcaría aquel desdichado ?
Finalmente Juan " da " con otra posibilidad más : ese hombre estaría enfermo y acabado.
En su mente atormentada, no cabía una relación causa - efecto más coherente.
Y a los ocho comtempló desde un rincón de su casa - pues no le dejaban acercarse - el perfil de su madre muerta, que las vecinas amortajaron con las trenzas sueltas y extendidas sobre la almohada.
Descubrió Juan que la sociedad, pretendía ignorar la muerte, mientras que los toreros conviven con ella, la presienten, incluso saben que esta cerca o agazapada en cualquier rincón, en definitiva, donde hay toro hay muerte. Y la Tauromaquia le recordaba el sino que al final del camino aguarda, y que cada lance - cada día - no es más que un paso doloroso, para llegar a ella.
Y el niño trianero - escogido para ser un gran maestro quiso ser partícipe de ella en la conjunción y en la soledad de la misma.
Juan Belmonte, en su sillón de Gómez Cardeña, a veces se lamentaba amargamente : " Tantos años de lucha, y me encuentro igual de solo y angustiado que aquel día..... Totá, pa ná.
Confesaba que " su principal vicio era la lectura ". Fue un hombre culto mantuvo amistad con Valle Inclán, Pio Baroja, Blasco Ibáñez, Azorín, Ortega y Gasset, Sebastián Miranda, Zuloaga, Pérez de Ayala,, Julio Camba, importantes literatos y artistas de la época.
Juan Belmonte fue el primer torero de la historia que se atrevio a " podar " su coleta. Una mañana entró en la famosa peluquería de Almeida, en la madrileña calle de Sevilla. Se sentó en un sillón y ordenó al figaro :
- Afeitar, cortar el pelo....¡ Y cortar la coleta !
Conmoción en el establecimiento. Clientes, peluqueros, el botones del local, consternados rodearon a Juan......A poco, para dar la gran noticia ( " Belmonte se ha cortado la coleta " ) corrían hacia los colmaos, cafés, tertulias, los que habían presenciado la escena y escuchado la orden belmontina. La coleta era el atributo máximo del lidiador y cortarse la coleta equivalía a retirarse de los ruedos.
Los belmontistas deprimidos, abatidos, lloraban - así, sin eufemismos -, la decisión del ídolo.
Afortunadamente todo fue una genialidad de " El Pasmo de Triana ". Media coleta fue a parar a la vitrina de don Natalio Rivas y la otra a manos de Antonio de la Villa, Juan al abandonar la peluquería metió los pilosos souvenirs en sendos sobres que más tarde repartió entre escritor y político.
Belmonte impuso desde su salida de la peluquería la falsa coleta.
Asistió Juan Belmonte al entierro de su amigo Julio Camba, en Madrid, que acabó en la cama de un hospital lleno de tubos y cables. En la Almudena Belmonte pasó por la sepultura de Gregorio Marañón y comentó, recordando la enfermedad y muerte del famoso doctor : " A mí no me pasará eso".  Juan vivía obsesionado con la muerte.
Frase enigmática que muchos comentaron sin conocer su alcance.
Como al fallecer Juan y no ser de muerte natural, tuvieron que hacerle la autopsia.
Los forenses encontraron al cumplir su macabra labor que Juan había sufrido meses antes un amago de infarto de miocardio, en su corazón figuraba la huella de un infarto ¡ ya cicatrizadas !
En su finca de Gómez Cardeña, celebraba sus fiestas para cumplir con sus compromisos, en aquella ocasión había toreado a pie en la plaza de la finca.
Como hacía más de dos años que no tocaba ni un capote ni una muleta, cuando pidió los trastos todos se quedaron como quien ve visiones.
Los intimos hacían conjeturas sobre el motivo que habría impulsado a Belmonte a torear a pie.
- Para mí - dijo uno- fue porque se lo pidió aquella sueca tan bonita. A Juan, aunque quiera disimularlo bajo ese aire de " inglés ", le gusta todavía lucirse delante de las mujeres.
Rafael " El Gallo ", contertulio con Belmonte en " Los Corales " un establecimiento mixto de café y freiduría andaluza, situado en la calle de Las Sierpes, de Sevilla.
Al comentarle a Rafael " El Gallo " que Juan, después de dos años sin torear había cogido los trastos, sentenció filosófico :
- ¡ No sean ustedes cándidos ! Lo que le pasa a " este " es que le anda trabajando mucho la idea de hacerse viejo !
El gesto de Hemingway matándose le quedó fijo.
Quince días antes de su muerte había hecho testamento.
El día antes de su muerte en la puerta de " Los Candiles ", pasó por allí el periodísta López Grasso, dirigiéndose a Juan dijo : " A ver cuando me da usted una buena noticia taurina para mí periódico, y Juan, le contesto : " Pue quizá mañana........
¿ Quiso despedirse de la vida enfrentándose a un toro en su finca, le faltaban unos días para cumplir 70 años ?
¿ Quería que el toro le matará ? pero desistió ante el temor de quedar sólo lastimado.
Ya anocheciendo en Gómez Cardeña, se encerró en su despacho, con el ronroneo del motor que daba luz al cortijo, Belmonte se pegó un tiro. Dejó carta al juez.
Juan Belmonte en los últimos años llevaba en la boca la tristeza de su muerte.
A muchos les pareció una cobardía, a otros un acto de entereza de Belmonte.
Juan cambiaba su semblante cuando hablaba de su cortijo.
Unos años antes le hablaba a un amigo de Gómez Cardeña y le dijo :
- Sí....., es un sitio ¡ como para morirse allí !
Y al igual que el niño trianero, pensó Juan una vez más, que cada día no es más que un paso doloroso, para llegar a ella, y así se marchó en su soledad de aquel atardecer de primavera del 8 de abril de 1962.






martes, 27 de mayo de 2014

NOVILLEROS




Ayer presenciamos la tercera y última novillada de San Isidro 2014.
Por las mismas han desfilado novilleros con mucho bagaje lo principal del escalafón como Román, Posada de Maravillas, Gonzalo Caballero, José Garrido, Lama de Góngora, Francisco José Espada y Mario Diéguez que era el menos placeado.
De siempre he sentido y siento una gran admiración por los novilleros y he tratado de aportarles en mis treinta años de ganadero, los medios a mi alcance, como eran los tentaderos, que si bien es verdad que a todos los ganaderos nos gusta realizarlos con matadores especializados, pero en mi caso siempre me volqué a favor de celebrar los mismos con las Escuelas de Tauromaquia, en Encina Hermosa se realizaron la selección de los actuantes en la Oportunidad de Vistalegre, por tentaderos pasaron Gonzalo Caballero y Mario Diéguez, de los que han actuado en San Isidro 2014.
Pero al juzgar a los novilleros se suele caer en la benevolencia, en la sensiblería, de que están empezando, que son novilleros. Pero no podemos olvidarnos que la benevolencia es peligrosa en cualquier profesión que nace, y sobre todo en la de torero mucho más : tengan en cuenta que el novillero tiene una edad tan crítica que si después no cuaja en el toreo, ¿ a qué se dedica ?
Por eso al novillero - hay que decirle lo que está bien y lo que está mal, no engañarle con promesas que en la mayoría de los casos no se cumplen, y no hacerlo a modo de censura pero si el de advertencia, no hacerlo significa crearle una confusión muy perjudicial que puede equivocar y torcer una vocación.
La faena de muleta nunca se debe de olvidar que además de su interés artístico, tiene una finalidad técnica, los novillero vienen a Madrid pensando que van a torear de salón, y traen una faena super concebida, que al salir el novillo al ruedo se disipa y todo queda en aguas de borrajas, al olvidar lo principal, la lidia.
Para ser torero son necesarias muchisimas cosas, es necesario querer, y sobre todo poder, después viene enormes dosis de ilusión, grandes deseos de superación, y tantas y tantas cosas más, que en eso estriba la grandeza y la gran dificultad de llegar a ser figura del toreo.
Que gran suerte la de Francisco José Espada en la novillada del 19 de mayo, con el 4º novillo del Montecillo, " Ilustrado " de nombre y herrado con el nº 13, novillo excepcional y con el que estuvo el novillero en torero.
Los novilleros son los estudiantes del toreo, a los estudiantes desde el principio hay que enseñarles a estudiar, a los novilleros hay que enseñarles muchisimas cosas : desde torear de salón, torear a las becerras y los añojos, pero sus profesores, sus apoderados tienen que vigilar la lidia, al picador que realice la suerte de varas que convenga al novillo, etc, etc.
Las tres novilladas han tenido, salvo el novillo mencionado, muchas dificultades, aspereza y si encima añadimos las molestias del viento que se apunta todas las tardes para presenciar los festejos de Las Ventas.
Pero novilleros si los novillos tienen dificultades, tienen incertidumbre, lo de menos es " ponerse bonito " : No es bonito aplicar la lidia y dar los pases necesarios, pero eso es el fundamento de la tauromaquia.
Para conseguir ligar las faenas hay que torear con mucho temple. La mayor parte de los enganchones de la tarde de ayer y los desarmes se hubieran suprimido aplicando el temple, y el tener que enmendarse, todo eso es debido a que falta el temple. Cuando la suerte no se carga, ni se remata en su sitio, es inevitable la enmienda, y al enmendarse, los pases son sueltos, no se ligan, porque cada pase es el comienzo de una faena que el novillero traía aprendida de antemano pero sin pensar para nada en el encaste con el que estaba anunciado en Las Ventas, esa faena que no se sigue, que se interrumpe, porque no se lleva al novillo toreado hasta donde debe ir, no derrota donde debe derrotar y la faena, aun sin querer, se corta.
Cuando los novillos torean a los novilleros, cuando no se acoplan, cuando no se entienden, es que tienen temple distinto, y permitirme el consejo del temple de Juan Belmonte. Todo el toreo de la vida de Juan Belmonte estuvo tejido con temple. Belmonte prodigó en tantos toros, y de una manera tan visible, que el temple se hizo muy palpable, y fue posible hacer pasar toros que antes de él no pasaban.
Hay que tener mucho temple en la mano ; mucho temple en el ánimo. Para torear hay que ser excesivamente templado.
Todos los novillos, por mansos que sean, tienen un empuje, una fuerza inicial, en la arrancada, todos los novillos embisten algo. Eso sí, lo difícil es aprovechar " ese algo " y dar el pase.
El toreo como todos sabemos tiene una finalidad, dominar al oponente. Y al novillo no se le domina nada más que cuando la muleta tiene mando en la mano del novillero.
Hemos visto novillos con muchos matices, unos que pasaban con facilidad y otros que pasaban obligados.
No es lo mismo " pasar ", " obligar a pasar ", " hacer pasar ", que " ver pasar ".
En los novillos " obligados a pasar " requiere por parte del novillero más técnica, más calidad y sobre todo más riesgo.
En el campo con las becerras se aprende a conocer las embestidas, la lidia, tan fundamental y tal olvidada en la plaza, dos conocimientos tan fundamentales sin los cuales no se puede ser torero. Con las becerras se ejercita todo, en la plaza es muy distinto, con la becerra mala se aprende mucho, pero también existen novilleros que con el más mínimo pretexto se quedan en el burladero alegando que se vicia su estilo toreando a esa clase de becerras, pero en la plaza también salen los novillos con dificultades como hemos podido comprobar en estas tres novilladas, y ante ellos hay que ponerse en torero, tener en cuenta que teneís la alternativa a la vuelta de la esquina y ¿ que os espera entonces ?, alternar con matadores de toros y torear al cinqueño que en estos momentos es lo que se lleva.
Y por último no se puede confundir el ponerse " bonito " con aplicar la técnica en las faenas, con ella se obtiene una faena llena de belleza y donde todo es grandioso si el novillo es toro y el novillero un hombre, dando pases envueltos en calidad y con el sello de su personalidad.