jueves, 13 de marzo de 2014

FRANCISCO VEGA DE LOS REYES "GITANILLO DE TRIANA " CAPÍTULO II




La ocasión se le presentó inesperadamente. Un novillo de media casta se desmandó, no lejos de Triana, cuando iba camino del Matadero, y en un lugar denominado " Los Gordales " fué alcanzado por un grupo de entusiastas discipulos de Juan Belmonte - Belmonte era entonces el ídolo de los trianeros - que se volvieron locos repartiendo mantazos alrededor de los hocicos del animalejo. Entre los aspirantes a fenómenos iban Francisco Vega de los Reyes y Joaquín Rodríguez, dos zagalones que pocos años después - convertidos ya en " Gitanillo de Triana " y " Cagancho ", respectivamente - iban a encontrarse más de una vez en los ruedos disputándose noblemente el paso.
Parece ser que Curro se olvidó pronto de aquella travesura - todos los testimonios coínciden en que el futuro " Gitanillo " dió unos capotazos sin arte ni gracia - para enredarse en otra mayor : se enamoró. El hombre tomó el amor demasiado en serio y, por consejo de su novia, se apartó totalmente de su casi inédita afición.
- Los toros, Curro - decía la mocita -, no dan más que disgustos.
- Pero..... mujer, si no hacen na.
- ¿ Qué no, verdá ? ¡ Acuérdate de José !
Porque en aquellos días no se hablaba más que de eso : de la muerte de Joselito en Talavera.
Pero un día se acabó el noviazgo y Francisco pensó, esta vez con plena conciencia de su deseo, hacerse torero.
Le guiaba la misma ilusión que a todos : el triunfo, el dinero, el halago de los aplausos, la fama.
Y así fué como el futuro " Gitanillo de Triana " acudió una mañana - en el invierno de 1923 - a la finca de Barbacena, donde el ganadero don Narciso Darnaude hacía su tentadero.
La presencia de algunos aficionados de renombre no restó ánimos a Curro. Al contrario, crecido ante tan componente concurrencia, el gitano quedó muy bien. Mostró tan buenas maneras y, sobre todo, tanta intuición en el entendimiento del toreo - apesar de que la becerra que le echaron no era muy brava -, cuantos le vieron pronosticaron su seguro éxito si perseveraba en su afición.
Pocos días después, en el tentadero de los señores Moreno Santamaría, celebrado en la   "Marmoleja" , volvió Curro a torear....... Y otra vez le acompañó la suerte.
Tanto, que aquella misma noche no se hablaba de otra cosa en las tertulias taurinas de Sevilla   "Angelillo de Triana " y un banderillero, " El Sargento " - testigos de la hazaña de " Gitanillo " -, se encargaron en dar publicidad.
- ¡ Qué cosa ! - repetían uno y otro -, ¡ Cómo torea ese gitano que se llama Curro !.
Las alabanzas de " Angelillo " y de " El Sargento ", llegaron a oídos de un veterano y competente aficionado, Domingo Ruíz, que sintió la natural curiosidad.
- Pero...... bueno, ¿ es verdad - preguntó a " Angelillo ", apenas le vió - que ese muchacho torea tan bien ?
- Eso.... no se pregunta. Se ve cuando se quiera.
- Pues por mi no va a quedar. Dentro de unos días tienta don Antonio Flores sus vacas en la dehesa del Prado, en Aznalcóllar. Allí le espero.
Y a la dehesa del Prado, fué Curro Puya. Era el 22 de abril de 1924. En plena feria sevillana.
Con el ganadero estaba Juan Belmonte, Antonio Cañero y Domingo Ruíz.
El futuro " Gitanillo de Triana " estuvo colosal. A la vaca que le echaron la toreó con tanto arte y tanta gracia que se metió en el bolsillo a los invitados.
- Si, señor - decía Juan Belmonte - ; ahí hay un torero de ... una vez.
- Que sabe lo suyo con el capote.
- Lo dicho..... ¡ Sobresaliente !
De regreso a Sevilla, por el camino, Juan Belmonte recordaba sus primeros tiempos, cuando él también pasaba por esos exámenes, y los entendidos sentenciaban, con aire de suficiencia.
- No está mal ..... Pero ¡ codillea un poco !
A Domingo Ruíz le convenció plenamente el toreo del gitano. De aquel muchachito delgado como un junquillo y verdinegro como los héroes de los poemas de García Lorca, podía salir un gran torero. Su misma indolencia - esa dejadez innata entre los " calés " - podía ser la nota personalisima de su arte. Porque " lo demás " - el sentido del toreo - lo llevaba dentro " Gitanillo ".
No lo había aprendido, porque había ido muy pocas veces a los toros. Había nacido torero, como había nacido gitano.
Prometió Domingo ayudar a Curro. Este, a su vez, ofreció obediencia.
- Yo hago - decía Curro - lo que usted quiera, don Domingo. Pero.... a ver si me saca usted pronto.
- No hay que precipitarse, hombre. Que todo se andará.
Y se anduvo. Domingo Ruíz hizo gestiones entre sus numerosas amistades, y logro un hueco para   "Gitanillo " en el cartel de una novillada que iba a celebrarse en San Fernando.
-¿ Tú eres de los que llegan !
-¡ Si el que está arriba quiere !
Porque " Gitanillo ", como trianero cabal, era un buen creyente. Desde chico profesaba sincera devoción al " Cachorro " y a la Macarena.
La novillada sin picadores y con el " Cádiz " como compañero de cartel de Gitanillo se anunció para el 18 de mayo de 1924.
El gitano fué con sus amigos a casa de Manfredi para alquilar el traje de torero.
- ¿ Cual te gusta más ? le dijo el popular Antoñito.
- ¡ Cualquiera !
- ¿ Este ?
- Bueno es ..... Para empezar no está mal. Antes de tres meses vendré con la " tela " para hacerme uno nuevo.
- Tu...... no necesitas eso. Cuando quieras lo dices y .... ya está. Después lo pagas como puedas.
( Continuará ).




jueves, 6 de marzo de 2014

PRELUDIO DE PRIMAVERA



 Hemos consumido un tercio del mes de marzo 2014, un preludio de primavera invade Encina Hermosa, cubierta de una gran tapiz verde salpicado de flores de colores.
En el inicio de la mañana las cigüeñas pescan con mucha agilidad en las lagunas. Los pájaros interpretan todo tipo de cantos. Las garzas vigilan las ranas de las charcas, este año tenemos agua para dar y tomar y se encuentran a rebosar. Las encinas y los alcornoques después de un invierno colmado de precipitaciones prestan robustez y buen color incluso parece que alargan más su larga vida, a lo lejos el canto monótono del cuco llena la dehesa de misterio y encanto y para el perfecto colofón aparece una cigüeña negra, siempre escasas y solitarías que marca un nuevo matiz en tan preciosa mañana.
Ante la eminente temporada taurina 2014, comienzan las Fallas de Valencia,, nos invade a los aficionados una honda preocupación, por la cada vez más perdída personalidad del toro, y por tanto nos encontramos con una año más lleno de sombras que de luces.
Hemos pasado a un toro cada vez más docil, más manejable, y sin poder decir que inofensivo, pero tan tratable que esa fiereza indomable que siempre le caracterizó en los ruedos y durante tantos años, hoy nos lo presentan sin esa fuerte e incomparable " emoción " que dió a la Fiesta ese aspecto cruento, no asequible a espíritus delicados, y con una gran posibilidad de riesgo que siempre fue tan cotizado y estimada por los espectadores.
En el circo no se aplaude igual al trapecista que ejecuta su trabajo con red protectora que al que lo realiza sin ella.
Hoy, los toros tienen red, y de aquí esa falta de " emoción " que vivímos cada tarde en los tendidos..
El toro - él solo y por si solo - es un gran espectáculo. En la plaza se reunen los dos.
Incluso parece que sin la reunión de los dos no hay nada. Pero no es cierto. Si suprimimos al torero, y el toro solo interesa. Ahí está, la desencajonada, el apartado de las doce de la mañana, donde el público paga por ver al toro solo, sin torero, en los corrales.
Por eso el aficionado tiene puestas sus esperanzas año tras año en el toro.
Pero si en las Plazas nos quejamos de la falta de " emoción " y del toro bobalicón, en las dehesas es impresionante comprobar diariamente las peleas del toro bravo.
Es un espectáculo emocionante y dramático a la vez, por el terrible choque de sus afiladas astas y las casí trágicas consecuencias del combate, este es uno de los espectáculos de más bárbara belleza e incluso de más intensa y sugestiva grandiosidad que se puede comtemplar.
En el ruedo nunca se advierte en un toro, por bravo que nos parezca la imponente gallardía y esa fiereza terrorífica de que dan muestras en las dehesas.
Cuando a diario se pelean, por cambios de tiempo, viento, etc, retumban los cercados tras el rabioso bramido de los rivales y el seco golpe de sus hachazos, ciegos de coraje; babeando espumarajos, de sus irritados ojos brotan relámpagos de fuego, la tierra tiembla y se remueve, las pezuñas levantan nubes de polvo, mientras algunos toros curiosos asisten al desenlace del cornudo duelo.
Ese preludio del combate, ante toda la manada agachan tuercen la cabeza mirandose de reojo, empinan la cola, mugen excitados, es un duelo a muerte entre dos o más toros en el que siempre existe vencedor y vencido.
Una masa, soldadas sus cabezas, avanza y retrocede, se afianza en los sitios más llanos, resbalando en las laderas, corren y se pegan con tanta velocidad que si llegan a una pared de piedra la tiran al suelo.
Trenzados los puñales que siegan atrozmente los rizos de la frente y el drama, el espantoso drama continúa, sin cuartel, sin tregua de ningún tipo, sin un momento de respiro.
Las astas por un instante quedan libres, otras derrotan al aire o en la carne, el aliento hirviente de los toros en esos momentos es espantoso, rendidos, jadeantes cosidos a cornadas, cobarde incluso moribundo, abandonan la lucha, huyendo a la espesura del cercado perseguido por un grupo de toros, mientras que el vencedor pavonea su triunfo para que se entere toda la manada, que él es el toro mandón, el más poderoso, el que quiere y puede imponer sus caprichos a los demás.
Y lo manifiesta diariamente mandando en la manada, en los comederos del pienso que recorre uno a uno sin apenas probar bocado con el único fín de que se retiren de los mismo a su paso. A la hora de beber tiene que beber el primero y hasta que esto ocurre no deja que ningún toro se acerque al agua.
Es tal el odio que tiene la manda hacía el toro " mandón ", que lo soportan, pero un día, como si se reunieran en concilio, van por él varios toros de los más fuertes y en la pelea de tres o cuatro contra uno, gana la mayoría.
Normalmente el aficionado piensa y opina - si se pelean tanto pues que los aparten, pero ello trae inmediatas consecuencias. Si los toros apartados para una corrida, alguno no se puede lidiar por cojera, etc, resulta muy complicado unirlo a otro grupo porque al desconocerse, se pelean de nuevo.
Los toros saben " guardar " y " esperar " ; en una palabra saben vengarse.
Es la gran preocupación del ganadero, que le den la triste noticia : " Cornearon a fulano y mengano quedó cojo y con un pitón roto,
En cuanto al toro perdedor al " abochornado " se retira solitario y es muy peligroso acercarse a él, pues es el único toro que se arranca en campo abierto.
Me viene en mente el toro " Campasolo " del marqués de Salas, era un toro cárdeno y careto, que era un asesino. En cuatro años liquidó a cornadas cuatro toros de su camada, una vaca y dos becerros.
De ahí la paciencia extrema del ganadero al tener que enfrentarse diariamente al terrible drama de las peleas de los toros.


                            




sábado, 1 de marzo de 2014

FRANCISCO VEGA " GITANILLO DE TRIANA " ( CAPITULO I )




Los quince años que duró la " Edad de Plata " tiene varias características, la más dramática es el enorme censo de víctimas mortales del toreo. Algunas explicaciones pueden ofrecer algún tipo de aclaración a tan trágico fenómeno.
El modelo Joselito- Belmonte, era muy difícil de copiar y de seguir. Existía un gran número de profesionales en todas las categorías.
Muchos trataron de sacar la barbilla como Juan Belmonte, imitaban sus andares incluso la forma de ir al toro, otros se creían llamados a ocupar el puesto de Joselito por su parecida figura, su agilidad.
El gran Manolo Granero, fué el que más cerca estuvo de ocupar la sede vacante de José, hasta que el toro " Pocapena " lo mató en la plaza de Madrid.
Los diestros de la " Edad de Plata ", tenían dos salidas : esperar que llegara su toro ideal dejando pasar la mayoría sin hacer faena o arrimarse todas las tardes pasara lo que pasara. En la primera opción muy pocas figuras lo pudieron llevar a cabo, salvo los que caían en gracia a los públicos.
La segunda opción conducía directamente a la enfermería.
La " Edad de Plata " que empieza el 17 de mayo de 1920 termina el 17 de julio de 1936.
Otro factor, más sutil, más brutal explicaba la cifra tan alta de cornadas en aquellas décadas.
La situación social y politica de los años veinte- treinta estaba cargada de tensiones que a menudo estallaban en las plazas de toros.
Los curiosos por conocer los resultados de las corridas coincidían al atardecer de los domingos en el edificio de Teléfonos en la calle de Alcalá cerca de la Puerta del Sol. Apoderados, periodistas, simples aficionados. A Joselito le ha matado un toro en Talavera.
Parece que se viene abajo la fiesta : el torero más seguro que ha habido, el más competente ; quien conocía absoluntamente todos los defectos y cualidades de los toros, no puede dejarse morir de una cornada.
Belmonte recibió la noticia en su casa de Madrid, no toreaba hasta el día siguiente, estaba jugando al póquer con unos amigos, y los despidió y se quedó solo en la habitación se echó a llorar y se dijo : no vuelvo a torear en mi vida, porque si un toro ha matado a José, a mí me toca pasado mañana.
El 17 de mayo de 1920 comienza la " Edad de Plata ".
A Belmonte se le llama " el Fenómeno ", porque ya el público adivina que después va a ser casí imposible torear como él. Otros le llaman " el Galapago ", porque no sale del burladero más que a torear ; otros " Rigoletto " , pues es un poco chepudo y de estética deficiente, pero cuando está delante del toro se transfigura de forma inexplicable.
Su toreo resulta asombroso, apasionante ; pero en el fondo la afición de comienzos de la " Edad de Plata " ven que el toro puede apuntar hacía una cierta decadencia, cuando en el escalafon pretenden hacer algo parecido, sin ser, " Joselito " ni Belmonte.
Hoy les traigo la biografía de un torero de la " Edad de Plata ", Francisco Vega de los Reyes " Gitanillo de Triana ".
Francisco Vega de los Reyes " Gitanillo de Triana ", fué figura en una etapa difícil de la Fiesta de toros.
Se iba Juan Belmonte, tras la que se ha llamado su segunda época, y es verdad que los nombres de Marcial Lalanda, " Chicuelo ", " Litri ", Nicanor Villalta..... se prodigaban en los carteles, no es menos cierto que el legado belmontino parecía no tener continuadores. Juan había llevado a los ruedos un sentido de renovación. Y unos modos revolucionarios que venían a tirar por tierra muchas cosas. Su continuador y discípulo - puesto que alternaron juntos en muchas corridas - fué " Gitanillo de Triana.
.
La muerte de Francisco Vega de los Reyes en aquel turbulento verano de 1931 - entre huelgas revolucionarias, devolvió a la Fiesta de toros su más sentido trágico, tal vez un poco olvidado, en aquellos días. Hacía algo más de diez años que en Talavera de la Reina " Joselito " había caido victima de " Bailador ", después le había seguido Manolo Granero y " Varelito ". En 1926 en Málaga había muerto " El Litri ".... Pero, a pesar de tan cruento balance, la gente parecía no creer en ese mensaje mortal que cada toro - incluso el más aparentemente inofensivo - lleva sobre los cuernos. La cogida de Francisco Vega de los Reyes el 31 de mayo de 1931, y su muerte, tras larga agonía, el 14 de agosto de 1931, fueron como un clarinazo en el ambiente un tanto desinteresado de la Fiesta. Conmovió el suceso y tuvo auténtico e intenso eco popular. La figura lo merecía. Rodó el nombre de " Gitanillo de Triana " en  romances y coplas, y su rostro, silueteado en negro, se prodigó en una tarjetas, que servían para sobre el azul del cielo - tras una fija comtemplación del dibujo - la sombra de " Curro Puya ", como le llamaban los aficionados, el torero gitano que había nacido en una fragua.
Era gitano por los cuatro costados, la fragua es trabajo que - sin saber la razón - gustaba sobremanera a Curro.
" Curro Puya " nació y pasó los primeros años de su vida muy cerca de una fragua trianera. Su padre se dedicaba a ese duro trabajo en la casa nº 120 de la calle Pagés del Corro, en algunas reseñas se indica fué en la calle Rodrigo de Triana. El 23 de diciembre de 1904 vino al mundo Francisco Vega de los Reyes. La niñez de Francisco no se diferenció gran cosa que la de los demás chavales gitanos del barrio, aunque el chico, porque la fragua daba para ir tirando, no veía en su casa los graves apuros que otros compañeros de aventuras infantiles padecían. Bien pronto comenzo a trabajar Curro en la herrería. A veces, iba a cobrar facturas que el muchacho " redondeaba ", gastandose unos céntimos.
- Mi padre - explicaba años después " Gitanillo " - me quería mucho y me perdonaba esas licencias. Pero siempre intentaba averiguar en qué me había gastado el parné. Porque no toleraba que sus hijos se aficionasen al juego. Entonces frecuente entre los chavales. Yo prefería decir que me había gastado las perras en aguardiente. Y hasta procuraba beberme unas copas para hacer mejor el papel.
Nada de particular tiene que Curro se aficionase a los toros desde pequeño. Y que en unión de otros chicos simulara en cualquier corralillo, ante la improvisada cornamenta montada sobre un tablero, las más diversas suertes del arte de Cúchares.
Pero si fué así el comienzo de su afición, su vocación, en cambio, tardó en manifestarse algún tiempo. Porque hasta los quince años no se le ocurrió a Curro ponerse delante de un becerro.
( Continuará )