martes, 23 de julio de 2013

IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS ( CAPÍTULO XIIII )



La escritora había venido a España a dar una conferencia en la Universidad Internacional de Santander.
Sánchez Mejías toreó el 5 de Agosto de 1934 en el coso santanderino, Marcelle sin llamar la atención acudió a verle por primera vez en una corrida. Aquella tarde Ignacio realiazó una faena temeraria a un toro de Coquilla. Alternaron con él Victoriano de la Serna y Félix Colomo. Ignacio cortó 4 orejas y un rabo. Marcelle se hartó de aplaudir al torero, quíen, al final de la lidia, la descubrió en el momento de abandonar su localidad.
Por señas quiso Ignacio transmitirle su deseo de encontrarse con ella. De haberla visto antes le hubiera brindado un toro.
Marcelle debió de quedar muy afectada por la muerte del torero y volvió a Francia. Murió en 1.982.
Se ha dicho incesantemente que Ignacio era un hombre negado para hacer poesía. Se argumentaba, que admirase tan profundamente a quienes, ante una cuartilla en blanco, eran capaces de movilizar su inspiración y escribir un poema. Pero no es así. Su natural talento le permitía probar fortuna también en la parcela de la poesía. Es seguro que se perdieron muchos versos del fabuloso Ignacio que improvisaba en la servilleta de papel de una venta, sobre el mármol de una mesa de un café.Sólo se conserva una breve composición poética escrita al dorso de una fotografía suya, obtenida el día de su reaparición en Cádiz el 15 de julio de 1934, en la misma aparece el diestro, saludando al público, y a sus pies yace el toro derrumbado.
Según su hija, esa foto formaba parte de una colección. Fue su hija María Teresa ( Piruja ) como la llamaba Ignacio, la solicitante de un autógrafo. Ignacio tomó la pluma y , sin pensarlo mucho, improviso un verso a su hija que decía :
" Diez mil toros mataría
para labrarte un camino
de alegría.
Diez mil toros mataré
para que nunca sepas lo que sé.
Que en la vida Pirujita,
tan bonita,
se esconden por las esquinas
todas las malas partidas
de la vida,
y sería mi suerte mala
si no te entrego a los pies
como esta muerte matada,
tu tristeza, atravesada
por mi espada."

Por cierto Piruja, falleció en los primeros días de Noviembre de 2012 y fué enterrada en el panteón familiar junto a su padre, su madre, su hermano, su primo y tios. Descanse en paz.
Existe una anecdota, por conocida no es menos curiosa, y revela mucho del carácter de uno de los toreros más inteligentes que han pisado los ruedos del pasado siglo, su carácter, arrogante y retador, no le ayudó a granjearse las simpatias del público.
Murió en Manzanares de éso : de valor. Y valor tuvo Ignacio al brindar su primer toro en una Feria del Pilar :
Brindo por la Virgen, pero no por la del Pilar, sino por la Macarena, que es la mía.
En la plaza se armó la de San Quintín.
Ha menospreciado a la Pilarica, gritaba el público de Zaragoza, justamente enojado.
Antonio Conde, el fiel mozo de espadas de Ignacio, que acostumbraba contar a don Gregorio Corrochano las incidencias de la corrida, le puso al cronista de A.B.C. este telegrama : " Ya sabrá usted lo ocurrido en Zaragoza. Es que ya exponemos hasta en los brindis. "
Cuando Ignacio decide volver a los ruedos, en Cádiz tenía cuarenta y siete años. Llevaba más de seis apartado de los ruedos. Rafael Albertí, algunos años después decía que Ignacio no estaba en condiciones de asumir el riesgo de la lidia. Pero la llamada del toro en medio de la arena con sol tenía para él, seguramente, mucho más atractivo que las fingidas luces del teatro, al que había estregado con pasión los años de su retirada. Y hacia allá fue, derecho, fascinado, camino a aquellas cinco en punto de la tarde que le harían derramar su sangre para siempre.
Su amigo José Bello, afirmaba cuando le ví tan ilusionado le animé y le ayudé, fué más que un hermano para él, no pudo torear en la feria de Julio de Valencia por los entrenamientos agotadores quebrantaron la salud de Ignacio, motivo por el que comenzó en Cádiz.
Torea la corrida de Cádiz y la de San Sebastián, Santander, La Coruña y la de Huesca.
Y al terminar su actuación en Huesca le llama la empresa de la plaza de Manzanares, en el que le piden que vaya a tomar parte en la corrida del día siguiente, en sustitución de Domingo Ortega, el cual sufre una lesión en un pie a consecuencia de un accidente de automóvil. A Ignacio no le agrada la proposición. Hubiera querido descansar en esa día libre, entre el regreso del viaje a Huesca y el de la ida a Pontevedra donde tenía firmado su próximo contrato. Pero, por fín, se decide ir a Manzanares, y así lo comunica a la Empresa, a la que pide que Ortega envie su cuadrilla, con el fín de evitar la complicación que supone desplazar a su gente a Manzanares y luego hacerle ir a Pontevedra. Esto no es posible ponerlo en práctica porque la cuadrilla de Ortega sabiendo que en varios días no ha de torear anda dispersa. Y aquí empiezan ya las contrariedades de Ignacio en torno a la corrida de Manzanares.
El toreo sale de Huesca en automóvil con su apoderado y el mozo de estoques. El coche sufre una avería al llegar a Zaragoza y no pueden continuar el viaje por carretera.
El espada y su apoderado, esperan el paso del expreso de Barcelona a Madrid, para ir a Manzanares. Cuando llegan al punto de destino habla Ignacio con Simao da Veiga, que va a rejonear en esa corrida, para rogarle que haga su actuación en dos partes, antes y después de la lidia ordinaria, con el fín de que él, pueda salir a tiempo de la plaza para hacer el viaje en expreso a Pontevedra.
El rejoneador le impone la imposibilidad de acceder a esto, porque él también tiene que salir pronto de la plaza para embarcar sus caballos.
( Continuará )






domingo, 14 de julio de 2013

IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS ( CAPÍTULO XIII )


Ignacio Sánchez Mejías, acepto la presidencia provincial de la Cruz Roja sevillana, era hijo de médico y muchos colegas de su padre le incitaron a colaborar con una entidad benefactora que acogía a tantos sevillanos sin fortuna.
A poco de instalarse la República caducó el plazo de la oferta hecha por Ignacio al Estado para la venta de los terrenos de la finca de Hernán Cebolla, próxima a Pino Montano para hacer allí la 
" terminal " de los vuelos transoceánicos de los dirigibles.
Se había creado incluso la compañía explotadora de esa línea, en principio Sevilla- Buenos Aires, y para las finanzas de Ignacio aquella operación era un saneado y lícito ingreso.
En un momento difícil para la economía española, todo aquello de los dirigibles y de su base sevillana sonaba a despilfarro.
Don Indalecio Prieto, ministro de Hacienda, intervino :
Bueno, quizá haya algún señorito andaluz que pueda sentirse perjudicado. Esa finca pertenece a un torero, Ignacio Sánchez Mejías.
Se acordó no comprar el trozo de Hernán Cebolla.
Enterado Ignacio de lo del " señorito andaluz ", montó en cólera y le mandó una carta a don Indalencio Prieto que le contestó en unos días dandole las razones que habían obligado al Estado a renunciar a la adquisión de aquellos terrenos. Sánchez Mejías se dió por satisfecho.
Al morir en Madrid el poeta Fernando Villalón, y existiendo una buena amistad con Ignacio, acudió el mismo a dar el pésame a Concha Ramos, la compañera de Villalón para ofrecerse si necesitaba algo, en un testamento ológrafo, instituye como única heredera de toda su herencia a Conchita, que en esa hora triste sólo piensa en la pobreza que le aguarda. ¿ Qué hará ella con los libros y los cuadros de ¿ Murillo ? que llenan su piso de la avenida de Reina Victoria, último hogar madrileño del conde de Miraflores de los Ángeles. Ignacio, que acude a verla acompañado de la Argentinita, comprende la situación de la pobre mujer.
¿ Que puedo hacer por tí ? ¿ Que necesitas para salir de este trance, Concha ?
No sé, no sé.
¿ Te parecen bien sesenta mil pesetas ?
Bueno.
En aquel tiempo esa cantidad representaba una fortuna. Concha entrego al amigo la biblioteca entera de Fernando Villalón. Ignacio llevó todo al piso de la calle General Arrando, a casa de Encarnación López, de esta manera se salvó tan importante legado.
Ignacio conoció a Marcelle Auclair, era una escritora francesa, de origen chileno. En la revista parisina Marie Claire mantenía con renovados éxitos un consultorio sentimental. En sus años de dedicación a la literatura publicó dos biografías : una dedicada a Santa Teresa de Jesús, otra a Federico García Lorca, a quien conocio casí a la vez que a Ignacio. En los años treinta visitó varias veces España. Le atraía la fiesta de los toros.
Aunque nunca pensó, hasta conocer a Ignacio, que podría enamorarse de un torero. O de un extorero, porque por ese tiempo Ignacio " no ejercía ".
Marcelle contaba así su primer encuentro con el torero, en la primavera de 1933, en casa del poeta y profesor Jorge Guillén :
En Madrid, a punto de salir para Andalucia, en un viaje preparado por García Lorca, nos vimos por primera vez, Federico había colocado su nombre en una lista de gente que era preciso ver. Decía el poeta granadino que Ignacio era el andaluz por excelencia.
García Lorca les había regalado la lectura de su drama Bodas de sangre. De pronto, se abrió una puerta y entró un hombre muy moreno, macizo, con ojos como brasas. El grito fué unánime :
¡ Ignacio ! Saludó a sus amigos con grandes abrazos. Y explicó que estaba en Madrid, para comparecer como testigo en un proceso.
Cuando divisó a Marcelle se detuvo en seco y muy ceremonioso vino hacía ella. Después de la presentación se sentó a su lado.
Cuando estaba a punto de deshacerse la tertulia, el torero le dijo a Marcelle :
Una mujer como tú es lo que a mí me ha recomendado el médico " para todos los días de mi vida ".
Ella Federico e Ignacio anduvieron aquella noche por los itinerarios divertidos de Madrid.
La atracción relataba Marcelle era tan violenta que sentí miedo. No era una relación sencilla. Él estaba casado, y además rendido galán de una artista muy conocida, celosa, como una tigresa. Federico, cuando sospechó el secreto idilio comento : Si pasa alguna cosa entre Marcelle e Ignacio, Encarnación los matará a los dos.
Era lo que faltaba para componer " un cuadro español "
Marcelle, en un libro escrito treinta años después se ocupaba de Ignacio y de su mortal percance en Manzanares.
Escuchó la primera versión de la cogida y muerte del torero, de labios de los amigos de Ignacio, en Santillana del Mar, donde se hallaba aquel verano de 1934.
( Continuará )





viernes, 5 de julio de 2013

IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS ( CAPÍTULO XII )



A Ignacio le gustaba verla bailar, sus bulerías interpretadas a la luz de las velas, o las sevillanas emparejada con su sobrina la Niña Trini, eran inolvidables.
Cuando se retiraban los huéspedes, Lola con sus penas a solas, se metía en su amplio y frio lecho matrimonial, siempre dispuesta a defender cualquier llamada de su esposo, cuando Ignacio sentía el fuego de las rojas cicatrices de sus viejas heridas.
Dolores acudía, con los labios sellados por su íntimo dolor, y con caseros ungüentos le daba friegas, para el renacido malestar. Luego sin decir palabra se alejaba.
Conoció Ignacio a Encarnación López " La Argentinita ", cuando éste era banderillero en la cuadrilla de Joselito.
Era natural que en las ferias, Sevilla, Córdoba, Málaga, Valencia, San Sebastián, Bilbao, Madrid, concidieran los ases de la torería y las grandes estrellas del teatro. José posiblemente se fijo en Encarnación, sin darse cuenta quedó prendado del palmito de la bailarina, que estaba ya en el umbral de la fama. Era una mujer de rostro agraciado, de grandes ojos y encantadora sonrisa. Posiblemente ella fué sensible a la admiración suscitada por Joselito. Desde Lima, donde toreó en el invierno de 1919 - 1920, Joselito mandó una carta un tanto en clave al padre de Encarnación, donde le decía, sin especificar más, que estaba deseando volver a España para hablar con él de un asunto importante.
Pero la tragedia de Talavera acabó con la historia de Encarnación que se derrumbó,  abatida por la muerte del torero.
Pasado el momento de la depresión, decidió aceptar una propuesta de actuación llegada de Buenos Aires. Y hacia allá  se fue, estuvo en Chile, costa del Pacífico, Cuba, llegando hasta México, y allí se encontró con Ignacio.
El torero y la estrella descubrieron que eran como dos almas gemelas. En España no existía el divorcio.
Sin dejar del todo su casa en Pino Montano, Ignacio pasaba largas temporadas en Madrid.
Encarnación compró una casa señorial en la calle General Arrando, Ignacio mantenía su cuartel general en el Hotel Palace.
Entre los dos concibieron el espectáculo de las calles de Cádiz, el texto lo firmó Jiménez Chavarrí. La Argentinita creó una bella y original coreografía. La música, obras de Falla y de otros compositores.
La presentación en Madrid constituyo un éxito de público y de crítica. Los cuatro muleros, Anda jaleo, jaleo.... gustaron mucho al público, Encarnación actuaba con sus hermana Pilar, Ignacio se mostraba satisfecho por el éxito de las Calles de Cádiz, aún vive gente que lo recuerda, con brisas del mar de la bahía gaditana, como los versos de Rafael Albertí.
Encarnación bailaba desde niña, acompañada de la guitarra de su padre, dió lecciones con profesores de Sevilla y de Granada, le llamaban La Argentinita por haber nacido en Buenos Aires.
Sus poetas preferidos eran Blasco Ibáñez, Los Machado. Eduardo Marquina.
El amor de La Argentinita por Ignacio, un idilio de más de diez años, no pudo evitar la vuelta a los ruedos de éste, en 1934.
Intentó apoyar los argumentos que manejaban algunos amigos del torero. Para Encarnación se abrió, en aquella primavera, un capítulo de dolor, de angustias, que ella había creido desterradas para siempre.... Comprendía que a él le creciera en el pecho la nostalgia de los aplausos que ella, como artista, había sentido también, pero confiaba en que el torero desistiera de su propósito por sí solo, ante las primeras dificultades. Inteligentemente, si acaso, le hacía ver que tal vez podían fallarle las facultades físicas, al fín y al cabo tan indispensables para poder triunfar en los ruedos. Y así con la esperanza de que Ignacio abandonase la partida y diera por cerrado, por tercera vez, tan peligrosa aventura.
Al principio todos se toman en chanza lo que dice Ignacio. Pero enseguida aceptan como cierta esta resolución, pues se le ve en un constante ejercicio para adelgazar, preparándose para su vuelta a los ruedos.
Con la noticia que circula por todos los periódicos de España con recía tipografía, cunde el estupor en todas partes ; en los comentarios de los aficionados a los toros, y en los cenáculos literarios, y en las reuniones aristocráticas, y en los saloncillos de los teatros, y en los campos andaluces que tantas veces han visto pasar, jinete en un caballo, al señor de Pino Montano ; una sospresa y un interrogante en torno a Sánchez Mejías y en seguida, la otra noticia, complemento de la anterior, según la cual está enfermo Ignacio como consecuencia de su porfiado entrenamiento.
Para algunos, esta dolencia puede determinar la renuncia a intentar de nuevo el éxito en las Plazas de toros. Pero quienes tienen esa sospecha, saben muy poco de la voluntad recia del torero. Este ha dicho que vuelve a la profesión, y vuelve.
Son inútiles los ruegos de sus amigos para que desista de tal propósito. El día 15 de julio de 1934, la reaparición de Sánchez Mejías, alternando con el Niño de la Palma y con Pepe Gallardo, en la lidia de seis toros de Domecq, en la plaza de toros de Cádiz.
Pino Montano, se ha convertido en referencia obligada de la vida mundana de Sevilla. Tiene, entre manos, además, la venta de una parte de su finca de Hernan Cebolla ; allí va a levantarse el aeropuerto terminal de Europa, parada obligatoria para los dirigibles que vayan a América o vuelvan de allá.
Mientras tanto Ignacio va a ser elegido presidente del Real Betis Balompié, el torero, ¿ es betico ?, su hijo José que era del otro bando, del Sevilla, le dice Ignacio me ofrecen la presidencia del Betis, le contesta su hijo, y tú le habrás dicho que no. Que eres sevillista. Tú, niño, callate.
Después en los ruedos José, utilizaría el nombre compuesto de José Ignacio.
De cualquier forma. Ignacio se convirtió en un excelente presidente que puso al Betis en ascenso a primera división.
( Continuará )