miércoles, 1 de mayo de 2013

UN PROBLEMA MÁS...... LA FALTA DE FUERZA



En los últimos años se escuchaba en los ambientes taurinos que las caídas del toro de lidia se habían superado y se daban por resueltas favorablemente.
Avanza la temporada 2013 y la " fuerza " en los toros y novillos lidiados en las plazas de primera, brilla por su ausencia. Valencia, Sevilla y las novilladas de Las Ventas lo confirman, por tanto, el problema sigue ahí, si cabe de forma más patente.
La Memoria de la Unión de Criadores de Toros de Lidia no deja lugar para la duda : la cabaña de bravo atraviesa una situación límite, que sólo desde la irresponsabilidad se puede obviar.
Aparte del problema económico grave, muy grave, se trata ante todo del normal desarrollo de las ganaderías que hoy se ve constreñido por un conjunto de circunstancias adversas que han venido a confluir todas a la vez.
En un principio se especuló que el motivo principal de las caídas eran congestiones y trombas en las venas que regulan el riego cerebral ; más adelante, la polémica estuvo en la consanguinidad con defensores acérrimos y detractores.
La Cátedra de Genética de Córdoba, tras multiples experiencias, dijo que  la " caída " no puede atribuirse a una degeneración de las castas por exceso de consanguinidad. José Luis de Pablo Romero allá por 1969, pugnaba por no cruzar. " Ser ganadero es no asomarse al exterior ".
Quizas el mal no se encuentre en una sola cosa, sino en la coincidencia de varias.
Lo cierto que ninguna es determinante, cuando considerabamos superado de nuevo vuelve y esta vez me atrevo a decir que con más fuerza.
Los ganaderos seleccionan sus toros buscando exclusivamente un tipo de conducta, una forma especifica en su carácter y comportamiento, una bravura noble, justa y precisa, olvidándose fatalmente, de las reglas de la Zooctenia, de que un ser vivo no puede ser un pedazo de plastilina que permite moldearse al antojo de cada cual.
El toro no es la excepción. Buscar bravura y nobleza lo más puras posibles sin tener en cuenta todos los valores biológicos del toro, que operan de forma equilibrada en todos los orgamismos, trajo como consecuencia la aparición de los más diversos desequilibrios bioquímicos, enzimáticos, que terminaron afectando al normal funcionamiento, entre otras, de las actividades neuro musculares, produciendose el tipo de caída - el más preocupante -, más frecuente en los toros más bravos, porque los mejores son más propicios para la " caída ".
La ausencia de casta lleva aparejada la carencia de fuerzas con la debilidad de sus extremidades, pues se fabrica un toro demasiado dulce para el torero.
En las retrasmisiones televisivas escuchamos que el toro tiene nobleza y bondad ¿ pero donde se encuentra la casta., la bravura, la raza, el principal atributo del toro ?
Los ganaderos de elite se empeñaron durante tanto tiempo en conseguir un toro tan dulce que llega a hastiar y aburrir a los tendidos, un toro que carece de emoción.
Si la falta de casta del toro actual es cantada hasta la saciedad, nadie ofrece vias de rectificación, ni solución de ningún tipo.
La falta de desarrollo muscular, el aumento de grasa interfibrilar o las alteraciones metabólicas son aspectos que pueden alterar el desarrollo normal de un toro de lidia, la " caída " está fundamentada en los strress metabólicos.
Mientras los ganaderos por medio de sus Asociaciones no tomen conciencia plena de la gravedad para la fiesta del sindrome de la " caída ", por mal que nos pese, seguiremos viendo toros que se quedan parados, sosos, que se fatigan, que sólo toman una vara, que tienen media arrancada, que flojean de remos o que se caen una y otra vez.
Tendrá su parte de culpa en las caídas la consanguinidad.
La consanguinidad sabemos que al exaltar al máximo los caracteres hereditarios, ha permitido en las ganaderías conseguir en sus toros la tipología que buscaban.
Pero la consanguinidad tiene ventajas e inconvenientes, pues eleva al máximo ciertos caracteres hereditarios buscados, también eleva al máximo aquellos otros que desgraciadamente no vemos ni nos proponemos obtener y que por tratarse de factores patológicos, degenerativos, puede llegar tal degeneración a provocar serios desequilibrios hasta en la " placa motriz "
Una teoría las " caídas " pueden ser motivadas por un fallo enzimático a nivel de la "placa motriz".
Pero la realidad es que todo esto queda, desgraciadamente como un catálogo de ideas, pero el síndrome sigue haciendo de las suyas sin que nadie lo pueda frenar.





lunes, 22 de abril de 2013

CUANDO ANTONIO MONTES ERA MALETILLA



En el cortijo sevillano " El Cuarto " donde pastaban los toros del afamado ganadero don Antonio Miura, mayoral y vaqueros se disponen a iniciar los preparativos de un día del mes de Enero en la ganadería.
La mañana fría hace que las reses estén inquietas.
Los vaqueros vigilan los movimientos de las reses, para evitar que se desmanden pues ven sintomas que durante la noche se han peleado con ganas.
Como todas las mañanas el zeñó José, mayoral de la ganadería, garrocha al hombro recorre el cortijo inspeccionando el ganado, montado en su caballo " Centella ", negro como el azabache y veloz como el viento......
Repasa los añojos, los erales, los utreros, los cuatreños, y por último los cinqueños.

Don Antonio Miura, tiene apartadas ocho corridas de toros, para Sevilla, Valencia, Barcelona, Bilbao, Zaragoza, San Sebastián y Santander. Son ocho corridones que don Antonio tiene comprometidas para ser lidiadas en dichas plazas.
La corrida que sobresale es la que se ha de jugar en la feria abrileña en la Maestranza sevillana.
Los seis toros preciosos, pero llama la atención el toro de nombre " Catalán ", un colorao ojo de perdiz, que por su hermosa estampa y trapío gusta a cuantos lo ven, y del que está orgulloso don Antonio, lo mismo que el mayoral, pues adivinan en el " Catalán " un toro de bandera.
El zeñó José, al llegar al cercado de los cinqueños, ve con sospresa que el toro " Catalán " no está entre ellos. A grandes voces, llama a los vaqueros y dá órdenes para que se busque a la desmandada res por todas partes.
Los vaqueros salen en todas las direcciones, mientras que el zeñó José se dirige al cortijo " El Cuarto"
 a informar de la noticia al " zeñó amo ".
La mañana cada vez más fría debido a la espesa niebla.
Bien pronto circuló por Sevilla, entre los aficionados, la noticia de la desaparición del toro  "Catalán" , sobre todo en el Barrio de Triana.
Un grupo de chavales trianeros de unos quince años y que sentían en su sangre hervir la afición del toreo comentan de la desaparición del toro miureño.....
El que llevaba la voz cantante, era un chiquillo delgado, de tez verdosa, tipo monaguillo y rostro inexpresivo, como el de casi todos los sordos, pues lo era, y que se llamaba Antonio Montes.
Este, dirigiéndose a sus compañeros, les dijo con voz muy seria :
- ¿ Quiéren ustés que erta noche vayamos a buscá a eze bicho de Miura y si lo encontramos lo atoreamos ? ........
Si ustés no me quieren acompañá, iré yo solo.......
- Pués yo no te acompaño - respondió un chaval.
- Ni yo - replicó otro.
- ¿ Y ustés queréis ze toreros ?.... No zoy má que unos fantasiosos......
¡ Ertá bié ! Los que quieran de ustés vení, a las dies les espero en er puente con los avíos de atorear.
El reloj de la Giralda daba las diez campanadas.....
En el Puente de Triana, Antonio Montes espera impaciente la llegada de algunos de sus compañeros. ¡ Hace frío ! Dos sombras se acercan al impaciente torerillo. Van envueltos en sus capotillos desteñidos de tanto uso. Uno de ellos le dice :
- Güena noche, Antonio. Cuando quieras.......
Y silenciosos atraviesan el puente. Y andan y andan, sin temor a la fría noche sevillana, caminaban eso sí, llenos de " ilusión ".....
En el cortijo " El Cuarto " los vaqueros duermen, el zeñó José, no puede conciliar el sueño, piensa en el toro desmandado, que era su orgullo y el de su amo........
En el campo, silba el viento, los cencerros de los bueyes suena y suenan.
Antonio Montes y sus dos compañeros llegan en plena noche al cortijo " El Cuarto ", van llenos de frío, pero su fuerte ilusión de ver al toro les hace olvidarlo por completo. Al cruzar una vereda, un bulto, se interpone entre los torerillos. Es " Catalán " el toro desmandado.........
Antonio Montes, sin temor ninguno al animal, se prepara a la lucha.
Sus dos compañeros huyen a refugiarse en unos matorrales.....
Arráncase el toro, y el torerillo, quieto, adelanta su capotillo, aguanta la acometida del Miura, cargando la suerte, y , dejándolo llegar, le da una verónica lenta, pausada....: otra otra y muchas más..... El toro, acomete y Antonio Montes, siempre quieto y con mucha serenidad mueve el engaño, hasta rendir al toro.....
Pocos testigos oculares tenía Antonio Montes, los dos chavales que le daban gritos jaleando la faena del compañero, y la luna llena sevillana que comtemplaba extasiada la figura del chavalillo y al toro " Catalán " rendido a sus pies.......
Les muestro ahora la biografía de Antonio Montes Vico, matador de toros, nacido en Sevilla en el barrio de Triana, el 20 de diciembre de 1876. En su niñez cultivó en Santa Ana el latín del monaguillo. Más tarde...... " ¿ Por qué fuí torero ? " - dijo él mismo -. Yo era oficial de carpintero. En mi oficio había llegado, teniendo 18 años, hasta donde se puede llegar. Había ido con muchachos a tentaderos y capeas. El aprendizaje no fué grano de anís. Tomó la alternativa en Sevilla de manos de Antonio Fuentes.
Como Juan Belmonte, tuvo una figura poco apuesta.
Era cargado de espaldas, muy sordo, el rostro opaco y triste y con la expresión vaga y ausente, atontada, de los hombres que no oyen. En los años de decadencia y de sangre, que van de la retirada del Guerra a la aparición de Joselito, Antonio Montes representa la convulsión sincera, el secreto relámpago rebelde del temperamento. Es el suyo, como el de Belmonte, un triunfo nervioso y genialoide. Sobre Antonio Montes se proyectó tambien la desdicha. En 1906 marchó con Fuentes y Bombita a México donde contaba con muchos admiradores.
Tres toros españoles de Saltillo y tres aztecas de Tepeyahualco, en el sorteo correspondió a Montes el toro " Matajacas ", pero no se inmutó por su mala suerte, era un toro agalgao, astifíno y cornidelantero con un pescuezo muy largo.
Se lidió en segundo lugar, en unas verónicas muy ceñidas y al rematar con un farol resultó cogido Montes.
Y en la faena de muleta Fuentes le dijo que lo matara sin lucimientos, no hizo caso y ejecutó un volapié recto recreandose en la suerte, fué cogido y levantado, sufriendo una horrible cornada.
Murió a los siete días, el 17 de enero de 1907, trasladado a España. En la capilla ardiente se produjo un macabro incendio con las flores marchitas de las coronas y las cintas funerarias y los cuatro blandones. El cadáver de Montes quedó carbonizado, la piel del cuero cabelludo enrolladas, las cuencas de los ojos vacías....
Tal fué la suerte adversa de Montes, perseguido hasta su paz mortuoria por una fatalidad extraña e implacable.
El toreo de Antonio Montes andando el tiempo, había de ser canon del toreo paradísimo que marcaba una orientación que había de prevalecer años más tarde en Juan Belmonte. Es curioso, Juan Belmonte, no vió nunca torear a Montes.
Por tanto Antonio Montes, representa un paso más hacia el toreo parado, regido por los brazos de Juan Belmonte. Se le ha señalado como profeta y precursor, y posiblemente lo fué aunque su arte tenso y emocional no estuviese sublimado por la frenética estilización del otro trianero, Juan Belmonte.





sábado, 13 de abril de 2013

DON ANTONIO MIURA FERNÁNDEZ ( TERCERA Y ÚLTIMA PARTE )



En conclusión, don Antonio Miura consiguió un tipo de toro sumamente idóneo para el objeto a que se le destina ; esqueleto fuerte ; duro de patas ; largo de tronco ; gamuno de vientre ; degollado de pescuezo , ágil ; todo fibra ; todo músculo ; piel muy fina ; temperamento nervioso y dando siempre más peso que el aparente.
Para dar una idea de lo que pensaban los grandes toreros de entonces de los toros de Miura les cuento la siguiente anécdota.
Se trata de un breve diálogo entre Frascuelo y don Vicente Martínez, en Zaragoza. El empresario, señor Ostalé, para celebrarlo, invita a Frascuelo a tomar en su propia casa una copa de champagne.
El matador ocupa el sitio preferente, y junto a él se sienta el ganadero. El torero le dice a don Vicente con sencillez y franqueza :
- Yo mato con más gusto cien miuras que un retinto de Martínez.
- Contesta don Vicente, con su seriedad caracteristíca :
- Eso es porque a usted le gusta ver llegar a los toros.
- ¿ Cree usted que a un espada de vergüenza le gustaría verlos ir ?
- Pues yo estoy criando seis toros de respeto, que van a llegar.... hasta la taleguilla.
- En este caso, a nadie cedo el placer de matar de una sentada a los seis.
Esto prueba que, en aquella época, los mejores toreros no tenían verdadero miedo a los toros de Miura. El miedo, fabricado a base de prejuicios y superticiones, vino después, y conociendo su origen que expliqué ( en la segunda parte ) y que por tanto era infundado totalmente.
Don Antonio saboreó sus grandes triunfos sin la amargura de las injusticias que iban a sobrevenir después, princiupalmente en la época de su hermano don Eduardo.
Las empresas se disputan estos toros ; el nombre de Miura es baza obligada en los carteles de las buenas ferias.
Don Antonio Miura ha conseguido una obra perfecta.
Quizás por lo mismo, no le gusta vender sementales, aunque no le faltan compradores.
En la tauromaquia de " Guerrita " se dan el nombre y señas de cuatro utreros cedidos a don Faustino Udaeta con tal fin : Sombrerero, Choricero, Carcelero y Tortolillo, hay que tener en cuenta la gran amistad de don Faustino con don Antonio, éste le autorizaba a menudo, como favor especial, para que echase a las vacas toros de los destinados a la lidia en la plaza de Madrid ( y, por tanto, de muy buena nota ), cuyos toros permanecían en Manzanares el Real, acompañados de las hembras, hasta que llegaba el momento de su lidia. Después de muerto don Antonio, así ocurrió con el toro Perdigón, desechado por chico en los finales de la temporada de 1893, y el cual, durante un invierno entero, estuvo en las fincas de don Faustino Udaeta. El último toro que lidió don Faustino se anunció como hijo de este famoso toro Perdigón.
Estos cuatro utreros, que, si no se vendieron, se utilizaron para padrear, se sabe que don Antonio vendió en noviembre de 1865 a don Andrés Fontecilla un toro llamado Borriquero y dos vacas con rastra, escogidas por su conocedor, que antes fué vaquero en la casa de don Antonio.
Los pelos más frecuentes en la ganadería de don Antonio eran el negro, cárdeno oscuro y colorado amelocotonado, propios de la casta Vistahermosa, por un lado : y por otro, los berrendos en negro y en castaño y aun los sardos, que pregonaban la ascendencia de Cabrera, sin que dejara de verse algún caprichoso salinero, sin olvidarnos de los clásicos coloraos ojos de perdiz y los chorreados en verdugo.
Discuten don Antonio Miura y Veragua acerca del sistema más adecuado para hacer los tentaderos.
¿ En campo abierto ? ¿ O mejor en plazas de tienta ?
Don Antonio recomendaba la tienta a campo abierto, o por acoso y derribo. El Duque cede a las alegaciones de Miura - otra gran muestra de la amistad entre ambos - y en la primavera de 1879 aparta 25 becerros para ser acosados, y al año siguiente lo es la camada entera.
Sin embargo, después de esta prueba, Veragua sigue tentando en plaza de tientas a la camada entera de machos, quizás por no tener correderos en sus fincas adecuados, ni la gente saber acosar, ni tiene preparativos para ello.
¿ Como era don Antonio Miura ? Por las referencias de la época, su estatura no pasaba de regular ; era enjuto y derecho de cuerpo ; de cara alargada ; y piel curtida par el sol y el viento de levante.
Su figura adquiría elegante esbeltez cuando cabalgaba sobre su silla vaquera.
Su espíritu estaba dotado de excelentes cualidades y en gran número, las cuales venían a integrar su carácter de primera fuerza, al servicio de un alma de excepcional temple, de cristiana caridad ; de su generosidad espontánea ; del rumbo señoril ; del desprendimiento sin afectación ; de la bondad sencilla y de la modestia ejemplar, su formalidad sin claudicaciones ; su inquebrantable honradez ; su firmeza de la convicción ; la acción siempre perseverante ; la laboriosidad sin descanso ; la serenidad equilibrada ; el juicio bueno y certero sobre todas las cosas, propio de las personas  verdaderamente inteligentes.
Dentro de su personalidad taurina, destacaremos, cuatro grandes facetas o virtudes ganaderas : su gran competencia, su extraordinaria valentía, su rara habilidad, y su perfecta consecuencia.
Sus grandes merecimientos como ganadero, hacen que en aquellos años cuando algún amigo compra una ganadería, dejando a un lado las notas que le entrega el vendedor, lo primero que hace es avisar a don Antonio, a fin de que, sentado juanto a él en el palco de la plaza de tientas, sea asesor constante.
Conocía don Antonio a fondo los gustos de los públicos de cada plaza y la psicología de los empresarios. Y como el " Corijo de Cuarto " se lo sabía palmo a palmo, sin titubeos, tenía varios sitios , designados de antemano, para enseñar sus toros a las Empresas.
Y mientras unos los veían empozados, los ponía embalconados para los otros. A veces los comtemplaban a contraluz, y en ocasiones, dándoles el sol de plano.
Sacaba el máximo partido de los factores imponderables sobre el tamaño del toro. Los compradores tenían una gran satisfacción en tratar con don Antonio, por su formalidad, su simpatía y por lo mucho que se aprendía a su lado.
El 31 de marzo de 1893, la afición se pone de luto por la muerte del Excmo. Sr. D. Antonio Miura Fernández, caballero de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.
Sevilla entera acompaña al cadaver, camino del cementerio de San Fernando.
En el " Cortijo de Cuarto " el campo revive, gracias a la llegada de la primavera.
Y la plaza de la Maestranza abre sus puertas rechinantes, para la inaguración de la temporada. Don Eduardo Miura se pone al frente de la ganadería, que le pertenece por herencia.