viernes, 5 de abril de 2013

DON ANTONIO MIURA FERNÁNDEZ ( SEGUNDA PARTE )



El toro de Miura, que creó don Antonio era el más listo de los conocidos y el que tenía un cuerpo más a propósito para la dureza de la lidia. Largo como una soga ; fino como un coral ; recogido de vientre ; alto y fuerte de patas ; de recia complexión ; nervioso, sin adiposidades inútiles, con toda la elegante construcción del gamo y del galgo, lleno de vida, de dinamismo, de agilidad, bravo, poderoso y certero..... Los ingredientes no pudieron ser mejores.
En 1842 compra su padre don Juan Miura 220 vacas a Gil Herrera, vecino de la Rinconada.
A las cuales, don Antonio hace objeto de una selección tan rigurosa, que casi se queda sin ninguna, yendo el desecho a nutrir a los marineros de la escuadra inglesa, fondeada en Gibraltal. El cogollo conservado se refuerza con 200 vacas y 168 becerros adquiridos en 1849 a don José Luis Albareda, que tenía una parte en sociedad con don Pedro Echeverregaray, de la renombradísima vacada de los Gallardos del Puerto.
Cuando Albareda vende a Miura, su socio enajena su parte de la ganadería a don Antonio Sánchez.
Todos los toros que padrean en la ganadería de Miura hasta 1854 son sacados de aquellos becerros comprados a don José Luis Albareda. En 1850 adquieren 100 becerras escogidas de doña Jerónima Núñez de Prado, esposa que fue del prestigioso criador don José Rafael Cabrera de Angulo, vecino de Utrera. Dos años después, con ocasión del fallecimiento de dicha señora, se concierta con los testamentarios de la venta de gran parte de la ganadería, que sobrepasa el medio millar de cabezas, con cuya aportación, la vacada de Miura se compone ya de la friolera de 1200 cabezas.
En 1854, don Antonio sustituye a los sementales albarechos primitivos por dos comprados a Arias Saavedra, yerno de don Juan Domínguez Ortíz, el famoso Barbero de Utrera ( que se había quedado varios años antes con una parte de la famosísima ganadería del conde de Vistahermosa. )
En el transcurso de estos doce años ha quedado completamente terminada la formación de la ganadería.....¿ No falta nada ? Pues sí ; en efecto, falta colocar a aquella armónica Giralda el que va a ser su giraldillo. El Giraldillo se llama " Murciélago ". Es colorao, ojo de perdíz, bien puesto de cabeza, y pertenece a la ganadería de don Joaquín del Val, que antes fue de la Viuda de Pérez de Laborda. Este semental ha sido probado a conciencia, pues ha tomado 24 varas y ha sido toreado, y no en una plaza de tientas, en presencia de algunos amigos del ganadero, sino en el propio redondel de la plaza de Córdoba, ante un gran gentío, que ha pedido, y alcanzado, el indulto para tan bravo animal. Esto sucedió el 5 de octubre de 1879, y el toro a quien se le ha perdonado la vida va a la dehesa de Miura como un apreciado regalo de " Lagartijo ". Este hecho, curioso, capaz de inspirar los más diversos comentarios. Pero merece fijar la atención en dos. Navarra dice ser la cuna del toro de lidia y, por consiguiente, sus toros son los más bravos. Sevilla afirmá que el tal toro es un producto típico de Andalucia la Baja y que allí está siempre la cantera de los buenos sementales.
Pues bien ; el toro navarro, fecundando a las vacas andaluzas, es una acertadísima solución ecléctica, y  el cruce se convierte en un éxito, pues aunque se ha planteado en modestas proporciones - apartado 70 vacas para este fín -, se logra constituir lo que llaman los bodegueros un " pie de cuba ", y como resulta que el " ojo de perdiz " es dominante, ya para toda la vida se ha injertado este carácter en el frondoso árbol de la ganadería de Miura.
Hemos comentado que los toros de Miura eran listos. Muchas de las personas listas acaban siendo sabias.
La sabiduría necesita de las gafas, como sintoma de intelectualidad. Y los ojos de perdiz son los que llevan antiparras, porque está su vista cansada de leer la Tauromaquia de Montes. He aquí por qué es natural que entre los toros de Miura exista siempre el docto, culto y erudito colorao con el ojo ribeteado de rojo, como la perdiz....
¿ Es éste el único cruce esporádico que dispone don Antonio Miura ?
Podriamos contestar si o no...... y de ninguna manera acertaríamos.
Es curioso que don Antonio pensara lo mismo, y salvo este capricho del " Murciélago ", no echaría a sus vacas ningún toro de otra ganadería, ni aunque se tratara de la de Veragua, tan solicitada por los toreros.
Y cuando la ganadería está ya completamente constituida, quedando armonizadas y conjuntadas las diversas sangres, he aquí que la leyenda se posa sobre los miureños. La leyenda es un regalo de los dioses ; es como el aroma de una flor preciosa o el sabor de un hermoso fruto.
Los toreros miran con cierta prevención a los toros de Miura, casí sin saber por qué, y esta situación de ánimo, despierta la imaginación. Se dice que a los toros de esta ganadería los encierran uno a uno varias horas en un corral, en cuyo centro se encuentra un dominguillo.
Que para beber agua necesitan recorrer todos los días una legua de camino. Que sólo comen garbanzos negros. Que tienen una costilla, más que sus congéneres. Que los vaqueros les hostigan continuamente, tirándoles el sombrero a la cara, etc.
Todo esto era pura fábula, o , legítima leyenda.
El toro de don Antonio Miura no tiene una vocación especial para coger a los toreros. Su peligrosidad no es adjetiva, sino hija únicamente de lo bien dotados que están estos animales para la pelea. Es decir, que el torero tiene en ellos unos adversarios temibles, solamente por ser fuertes, valientes y listos.
Sucede en esto algo parecido a lo que les ocurre a las personas miedosas, que, cuando van a ver toros al campo, si alguno se arranca, o al menos se descara o trata de asustar, es precisamente a la persona prudente...., que encuentra así argumentos para su falta de valentía. Parece como que el toro se da cuenta de lo poco que vale la persona que tiene delante, como les sucede a los caballos de silla cuando los monta un mal jinete.
( Continuará )







viernes, 29 de marzo de 2013

DON ANTONIO MIURA FERNÁNDEZ

              
                                           Don Antonio Miura Fernández, por Joaquín Díez.


El Excmo. Sr. D. Antonio Miura Fernández, el famosísimo ganadero sevillano, uno de los trece ganaderos románticos, el romántico de verdad, el artífice indiscutible, el alma de la ganadería de Miura, el primer eslabón de una cadena de hermanos. Entre los dos había una diferencia de veinticuatro años. Don Eduardo Miura Fernández era aun un niño cuando perdió a sus padres, y don Antonio - que murió soltero - fue para él un hermano y un verdadero padre. Constantemente preocupado con la educación el adiestramiento y la administración de los bienes del hermano, que le respetaba profundamente, como lo prueba cuando pensaba contraer matrimonio, a los treinta y tantos años, se decidió, después de mucho pensarlo, a preguntar a su hermano, aludiendo a su propia posición :
- Antonio..., ¿ me puedo ya casar ?
Don Antonio en su larga vida de ganadero nació en 1826 y murió en 1893 coincide casi exactamente con el periodo más caracterizadamente romántico.
Vendió don Antonio exactamente : mil setecientos cinco toros con un promedio de cincuenta y cinco por temporada.
A nombre de su hermano Eduardo la friolera de cuatro mil ciento cincuenta y dos ; o sea a ciento sesenta y seis un año con otro.
Don Juan Miura Rodríguez, un acaudalado industrial de ascendencia vasca, tenía un taller artesano en la popular plaza de la Encarnación, de Sevilla, y el correspondiente despacho en la calle Sierpes, era el mejor sombrerero de Sevilla. Don Juan el día 15 de mayo de 1842, festividad de San Isidro compra 220 vacas a don Antonio Gil Herrera, procedentes de Gallardo y que lidiaban con divisa violeta y azul.
Don Juan tenía un hijo, Antonio que desde siempre siente una fuerte inclinación por el campo. Su padre tenía dos cortijos arrendados donde su hijo Antonio pasaba todo el tiempo que podía. Pero su padre desea que aprenda bien el oficio de sombrerero para en un futuro descargar en él la responsabilidad del negocio familiar. Don Juan no era hombre de campo en las dos fincas arrendadas mantenía ganado manso, bajo la dirección de su hijo Antonio.
Don Juan intentó sin éxito dedicar a su hijo Antonio a los estudios, pero los libros se le caían de las manos. Pero como era muy serio, muy laborioso y de férrea voluntad, le dijo a su hijo en más de una ocasión :
- No quiero a mi lado gentes inútiles. No te pienses que toda la vida vas a estar aquí comiendo la sopa boba....¡ Hay que aprender a ganarse la vida, en vez de burlarse de los padres !
Antonio, al fín, se atrevió un día a explicarle que no le gustaba estudiar, pero que no quería ser una carga familiar, por lo cual rogaba que su padre le dijese qué debía hacer :
- Quiero que aprendas el oficio que más te guste.
Como era lógico, al día siguiente entró de aprendiz en los talleres de su casa.
Al encargado le leyó el padre la cartilla.
Mi hijo no es un obrero como otro cualquiera. Ganará menos que ninguno y estará en los puestos menos apetecibles.
- Le pondremos en la caldera del pelo.
- Allá tú ; yo no quiero saber nada.
Y al cabo de un año, poco más o menos, el encargado de los talleres le dice a su principal.- "¿ Qué le parece a osté este zombrero ?"
Ante lo infrecuente de la pregunta, don Juan se pone en guardia y da varias vueltas a la prenda.
- No le encuentro ninguna falta
-"¡ Cómo que no la tiene ! Es una obra mu acabá del mejón de nuestros ofisiales."
- ¿ se llama...... ?
- Antonio Miura.
Y don Juan, que aunque castellano, nota que se le va pegando la gracia, dice :
- Pues mira... Habrá que ir pensando en despedir al niño...
- ¡ Hijo mio ! Estoy muy satisfecho de tí. Ya no es menester que se prolongue tu sacrificio..... ¿ Qué negocio te gustaría llevar ?
- A mí me tira el campo.
- Pues busca terreno y ganado de lidia..., que el pago corre de mi cuenta.
Antonio Miura, hábil sombrerero, es luego también hábil labrador, Convencido de que para poder mandar una cosa hay que saber hacerla, aprende el oficio y desafía a todos sus criados a trazar un surco derecho, etc. etc.
¿ Qué vaquero será capaz de hacer lo que hace Antonio Miura.?
En el acoso y derribo es el número uno.
¿ Quién aparta con más facilidad una corrida de toros que él ? ¿ Quién sabrá presentar mejor una yeguas en la feria ? Les decía a sus vaqueros :
- Dame tu caballo y toma el mío, que ya lo descambiaremos cuando le haya puesto a mi gusto. Era el número uno en domar potros.
Don Antonio fue el mejor de los garrochistas de su tiempo, y su jaca Condesa, durante quince años se mantuvo en primera línea, en competición con los mejores caballo de entonces.
Las vacas que compró don Antonio por orden de su padre las sometió a unas durísimas pruebas de selección, y con lo que sobrevive al desecho, en una silenciosa tarea, que tiene mucho de alquímia, haciendo mezclas y dosificaciones especiales, consigue un producto excelente, unos toros que tienen fisonomía propia, dotados de fuerte homogeneidad, y con una gran estampa.
Pero Miura sabe cuál es su meta y busca el camino más seguro para alcanzarla.
En la selección, su criterio es no ceder ni un ápice, apura tanto que deja para vida sólo un veinte por ciento en los tentaderos. Su padre le llama la atención.
- ¡ Hijo mio ! ¡ A este paso !
- ¡Qué le vamos a hacer !
Levanta la mano Antonio. Mira que así nunca juntarás una ganadería en serio.
- ¿ No quería usted que tuviésemos ganado bravo ? Pues a ezo voy..... Porque pa vacas mansas, bien estaban las que teníamos en las dos fincas arrendadas.
( Continuará... )




                                Don Eduardo Miura Fernández, por Joaquín Díez.
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miércoles, 20 de marzo de 2013

LA FERIA DE SEVILLA EN LA EDAD DE ORO DEL TOREO



En abril de 1919, la feria de Sevilla contaba con tres casetas de toreros. La de Rafael " El Gallo ", la de Joselito y la de Belmonte, casetas muy taurinas, cada una para los partidarios de estos tres diestros.
Estaban presididas por fotografías de gran tamaño visibles desde el paseo ferial.
A primera vista puede parecer raro que Rafael y José, hermanos, tuvieran casetas distintas. Pero como sus partidarios eran distintos, al tener cada uno distinto su toreo, se explica así lo de de las dos casetas.
Los partidarios de Rafael no eran partidarios de José. Los partidarios no tenían apellidos tenían estilo.
Rafael y Joselito no solo tenían casetas distintas en la feria de Sevilla, sino que, viajando en el mismo tren, cuando iban a torear, lo hacían en distinto coche. Joselito viajaba en coche-cama, Rafael no le gustaba el coche-cama decía le ahogaba como una tumba, le gustaba viajar en los departamentos de primera donde podía salir y entrar al pasillo hablando con los ocupantes de los departamentos, aireando el puro que no soltaba, pues lo renovaba de una caja, que por todo equipaje colocaba en una articulada mesita de cada departamento.
La caseta de partidarios de Rafael no era de aficionados, era de creyentes. Incluso les podían haber llamado penitentes de Santa Coleta, porque tenían más días de penitencia que de gloria.
Un día un famoso periodista entrevistó a uno de los penitentes de Rafael. Era un hombre alto, enjuto, muy andaluz en su porte y en los gestos, en el hablar incluso en las pausas.
Rafael por aquellos días había tenido una tarde desafortunada en Madrid, con un toro de Veragua.
Le preguntó el partidiario de Rafael al periodista :
-¿ Qué ha " pasao " en " Madrí " con " Rafaé " ?
- Pues.... que era un toro del duque, manso, del contraestilo de Rafael.... balbuceo el periodista a modo de disculpa, para consolarle e incluso como acompañandole en el sentimiento.
Hubo una pausa, de unos minutos de silencio.
Adelantó el partidario el labio inferior hasta montarle en el superior, soltó la esterilla con que liaba tabaco, se pasó la mano por la cara, ya un poco arrugada, y le dijo :
Ustedes le habéis " echao " un toro al corral.
Pero le sacaréis bajo palio.
Aquel hombre tenía cara de profeta.
A los pocos días de la conversación en la caseta de Rafael " El Gallo ", precisamente el 15 de mayo sacaban a Rafael bajo palio.
El público sacaba al torero en hombros, bajo las palmas del entusiasmo popular, que al fín y al cabo es el palio de los toreros, Y con un toro de Aleas.
La feria de Sevilla por la mañana tenía una tradición de campo. Era el campo vestido de limpio, estrenando traje de día de fiesta, pero todo al estilo del campo andaluz, que olia a toro bravo, y a rodeo de ganado, y a caballo sudoroso en el acoso, y a hierba pisoteada en el galope.
La Venta de Antequera, donde se exibían las corridas de la feria sevillana. Hacían los toros parada en el Cortijo del Cuarto. Ese nombre de cortijo y la ganadería de Miura tiene el mismo eco. Todos los días del año, con agua o con sol, venía don Eduardo, el ganadero, en su coche de mulas, al Cortijo del Cuarto. Aquí tenía los toros de saca y aquí apartaba sus famosas y temidas corridas. En el Cortijo del Cuarto, no pasaba la alambrada ningún hombre de chaqueta larga.
La víspera de la feria de Sevilla iban llegando las corridas conducidas por garrochistas que venían del Cortijo del Cuarto. ¡ Qué garrochistas aquellos !
Ni una garrocha mal cogida, ni un caballo mal llevado, ni un sombrero mal puesto.
Con la del Conde de Santa Coloma, venía a caballo el duque Mauricio Gort y doña Sol, nombre con que Sevilla reconocia con respetuoso cariño popular a la Duquesa de Santoña. Toros de aristocracia. Toros de frac y guante blanco.
Joselito mató seis en una corrida en la feria de San Miguel, y cortó la primera oreja que se concedió en Sevilla, al toro Cantinero del Conde Santa Coloma.
Cerraba la corrida de Miura, los hijos de don Eduardo, Antonio y Pepe, con Naranjito y Aurelio y otros garrochistas. - Buenas colleras.
Era un espectáculo ver entrar los toros, con las paradas de bueyes iguales, los capirotes de Santa Coloma, los berrendos de Miura, con sus cencerros sonoros, como para que no oyeran otro ruido los negros toros que arropaban en la carrera hasta la Venta de Antequera, que era la puerta taurina de Sevilla, y allí salía a recibirlos la ciudad de Sevilla.
El público se agolpaba y los miraba desde todos los ángulos. El ganadero se ha alejado ; sus afanes, sus desvelos, terminaron en la Venta de Antequera.
¡ Ahora qué Dios le dé suerte el día de la corrida !
Su preocupación por la lluvia, por el pienso, las enfermedades han quedado apartadas, disuelve su pena de apartarse de sus toros en una copa de vino, que viene a ser el agua de azahar de los hombres que tienen callo de la garrocha. Pero todo lo relacionan con los toros, con ser tan bonito, también tiene su reflejo triste, que afortunadamente el aficionado, no ve.
Cuando terminaban las corridas, el día estaba tardeando para irse, se enciende la feria. En las casetas de Rafael " El Gallo ". Joselito y Belmonte, se habla de toros, de la corrida de la tarde, se come y se bailan sevillanas. Con qué gusto cogen una silla los partidarios de uno y otro diestro, una copa de vino y ese taquito de jamón.
Las sevillanas se escuchan en las tres casetas, que grandeza la Edad de Oro del Toreo.
Las sevillanas son un diálogo ; tienen su pareja enfrente, se acarician con los brazos, con los ojos, se dicen cosas al oido al son de las castañuelas.
En las Ventas de Sevilla, se refujiaba el cante " jondo ", Donde se canta, y se toca y se baila de verdad.
¡ Venta de Eritaña ! Tu fama universal.
Te conocían en París, en Londres, y en América.
Te cantaron Chacón, Manuel Torres, Tomás, La Niña de los Peines.Te bailó la Macarroni y la Malena.
Se escuchaba ¡ Bravo ! y una gitana decir ¡ Ole ! ¡Viva el arte !