sábado, 6 de noviembre de 2010

EL CORAZON DEL TORO... EN LA LIDIA


La totalidad de las suertes que constituyen la lidia, juntamente con el público y la música forman un síndrome de dureza e irritabilidad muy dificil de comprender y que afecta profundamente al fisiologismo del toro. No sin razón se ha afirmado, de que el toro es un animal preparado exclusivamente para un espectáculo de veinte minutos.
Son momentos de corta duración, pero de una auténtica dureza orgánica que afecta a la totalidad del fisiologismo del toro. La fisiología es la ciencia biológica que estudia los procesos y funciones de los animales.
En la lidia el corazón del toro precisa de un gran aporte sanguíneo para que pueda mantener ritmo y tensión cuando existe un gasto considerable, es preciso que llegue la sangre en cantidad suficiente a la correspondiente aurícula. Tal es el plazo corto de las faenas.
El caso más frecuente suele ser el del esfuerzo muscular ante una situación de emergencia. Los poderosos músculos esqueléticos que realicen el esfuerzo pueden consumir enormes cantidades de sangre que en este momento tienen importancia vital, puesto que del esfuerzo muscular depende a veces la brillantez de las distintas suertes de la lidia; los otros órganos se sacrifican durante este tiempo necesario a favor del toro en todos sus ímpetus.
El corazón, la circulación periférica, los vasos coronarios y los pulmones forman desde el punto de vista funcional, un todo armónico, sujeto a múltiples regulaciones mutuas durante la lidia.
Por todo el árbol vascular, corre determinada masa de sangre, a la velocidad más conveniente para asegurar las necesidades nutritivas de los tejidos. Aparte la circulante, existe la almacenada en los órganos de depósito, bazo, territorio abdominal, plexo subpapilar de la piel, que representa una masa susceptible de ser movilizada si las circunstancias lo exigen.
Lo más frecuente es que los signos de fatiga inmediata sean enmascarados por una respuesta rápida, utilizando un mecanismo nervioso reflejo, cuyo elemento esencial es la liberación masiva de adrenalina.
Es el período de fatiga compensada primaria latente en el que sin trastornos de la volemia, que es el volumen total de sangre, la presión se mantiene dentro de limites discretos.
Pero a veces, el organismo del toro claudica, abandona la lucha, haciendo su aparición la fase descompensada, caracterizada por graves trastornos de la volemia.
Si la reacción es armoniosa, el organismo recobra su equilibrio a través de pequeñas oscilaciones que conducen a la normalidad. Si la reacción es desarmónica se entra en la fase de agotamiento. El toro no embiste.
Cuando la cantidad de sangre que pasa por el corazón durante la lidia " volumen minuto ", desciende por debajo del 60 % de la normal, la tensión arterial cae, el mecanismo de regulación del retorno venoso claudica y la anoxia determina lesiones irreversibles.
La anoxia puede ser debida a la oxigenación insuficiente de la sangre en los pulmones.
La anoxia es de tipo anémico en las grandes hemorragias, de tipo vascular cuando la hemoglobina no puede ser transportada a través de un sistema circulatorio insuficiente.
El ph ácido en la sangre de los toros durante la lidia demuestra un estado de acidosis metabólica que se puede considerar de grave. Un ph sanguíneo bajo significa que la sangre contiene demasiado ácido, lo que es perjudicial para las células del organismo.
El origen de este estado patológico hay que buscarlo en el sobre esfuerzo que supone la lidia.
Un toro tiene como termino medio 38 litros de sangre, en la suerte de varas bien realizada, lo normal es que perdiera un 10%, con la suerte mal realizada, se pierde un 18% de sangre.
La corteza adrenal produce una serie de hormonas la más destacada durante el estrés del toro es el cortisol. La médula adrenal produce adrenalina.
La glándula tiroides juega una función importante durante el estrés de origen físico estimula a la producción de tiroxina de la glándula tiroidea. Esta hormona aumenta la tasa metabólica de los tejidos del cuerpo. Tales cambios afectan, la energía, la irritabilidad nerviosa y el nivel de alerta mental. El flujo sanguíneo aumenta notablemente, lo que ocasiona un aumento en la presión sanguínea.
El cortisol es el principal regulador de las respuestas adaptativas al estrés.
La duración de las faenas de muleta va en aumento situándose en torno a los 17 minutos.
El público paga por ver torear, sobre todo con la muleta, castiga la suerte de varas prolongadas y premia con los máximos trofeos las faenas de muleta de largo metraje, incluso cuando sobrepasan los 10 minutos que establece el Reglamento.
Todo esto nos tiene que hacer reflexionar, que en muchos de los toros lidiados no se cuida debidamente al toro en la lidia. Hay que dosificar la lidia de los toros otorgando al mismo algún momento de aliento. Hay veces y eso lo hemos visto todos en muchos festejos, el torero le gusta un toro de salida y decide cuidarlo al extremo que apenas deja intervenir a sus subalternos, ese toro debido al ahorro de capotazos tanto en el tercio de varas, como en el de banderillas, llega a la muleta en muy buenas condiciones y permite el triunfo al torero, disfruta el público y triunfa la fiesta. ¿Y si esa formula se generalizara?.
Es cierto que los ganaderos tenemos que seguir evolucionando en favor del comportamiento del toro en la lidia, pero a su vez tienen que hacerlo, los que intervienen en la lidia como picadores y banderilleros. Los picadores para que realicen la suerte cada vez mejor, puesto que saben hacerlo, son excelentes profesionales y los banderilleros concentrándose en la lidia y no malgastando un capotazo, evitando los encontronazos con los burladeros y banderilleando como ellos saben para que al final de la suerte se tengan que desmonterar. Todo ese conjunto de cosas aplaudibles en un festejo, hacen que la corrida entre en una fase de superación entre todos los intervinientes en la misma. Los detractores se eliminarían solos.
Me viene a la mente el recuerdo de esas faenas memorables de Antoñete y Manolo Vázquez, en su última etapa, en que ambos daban al toro en las faenas, las pausas que a su vez necesitaban ellos, y por tanto por mucho que alargaran las faenas el toro aguantaba perfectamente, en todo su esplendor.
Si en la próxima temporada 2011, todo esto se tuviera en cuenta, estoy seguro que la Fiesta saldría muy reforzada y el público que tarde tras tarde acude a las plazas, al finalizar el festejo abandonaría la plaza más contento que lo hace ahora, se crearía más afición, que a la postre es, de lo que estamos faltos.






                   

martes, 2 de noviembre de 2010

EL ADIESTRAMIENTO MUSCULAR EN EL GANADO DE LIDIA



Los becerros jugando ejercitan sus músculos y consolidan la osamenta en sus diferentes articulaciones. La osamenta es el conjunto de huesos de que se compone el esqueleto. El becerro es todavía un animal sin ajustar, se perfecciona moviéndose, y se mueve con violencia, corriendo, retozando y traveseando, cabe preguntarse. ¿ Con qué finalidad ?.
En primer lugar sacando conclusiones, observaremos que los juegos de los becerros están sujetos a una cierta evolución que se verifica al mismo tiempo con la edad.
De becerros muestran una exigencia difusa; conocer el medio que le rodea, la curiosidad instintiva en cuanto se halla establecida en el becerro, funciona automáticamente de forma inconsciente. El conocimiento supone experiencia propia, el becerro corretea, husmea y aprende pronto a utilizar los resultados de estas excursiones. Al principio predominan los retozos, con gran aparato de movimientos inútiles, esfuerzos no aprovechables, en los cuales se derrocha ciertamente un exceso de energía muscular ; los animales jóvenes se mueven con fuerte desarmonía y extrañas contracciones musculares por la intensidad del instinto motor global, que es tanto como ignorancia, torpeza muscular, precisamente en relación con la fuerza del músculo.
La actividad relativa a los juegos de los animales disminuye a medida que aumenta la edad de los mismos. El animal maduro es más fuerte y más diestro, cuenta con más resistencia, y, sin embargo, no juega; ha perdido el impulso motor global a cambio de adquirir movimientos coordinados, especializados y adaptados perfectamente a las necesidades vitales. Estos movimientos en los animales siempre entorno al mismo fin, la conquista del alimento diario, así como la hembra si llega a ser semental.
Durante el desarrollo de los juegos se comprueban en los becerros dos instintos motores de fácil discriminación: el instinto motor global que sirve a los becerros a la curiosidad innata, revelado por contracciones violentas, saltos, retozos, comunes a los animales jóvenes y un instinto peculiar, privativo de la raza de lidia  " la arrancada ".
Los becerros se arrancan a los pocos días, y a medida que el animal crece pierde vitalidad el instinto global y adquiere fijeza. No quiere decir esto que los dos no subsistan simultáneamente; el instinto motor global que lo exteriorizan espontáneamente, el animal juega como una necesidad orgánica  en cambio, el otro instinto motor peculiar necesita de excitaciones especiales.
Así el becerro se arranca con torpeza y sin ningún tipo de coordinación ; en cambio, la arrancada de un toro es más rápida y segura en su mecanismo muscular.
El juego de los becerros se reduce a considerar los juegos como la expresión del aumento del músculo, se fortifican las articulaciones ; con el juego se ejercita el sistema motor, y la repetición del ejercicio economiza el esfuerzo, adquiere brío y perfecciona el efecto.
La repetición del ejercicio no sólo adiestra al músculo, también regula la actividad nerviosa, y el movimiento repetido acaba por ser automático en cuanto lo hace con coordinación.
El toro tiene más poder y sabe más. Primero en los juegos y en sus luchas después aprendió a combatir, y sabe tirar derrotes y se defiende mejor, tiene su experiencia adquirida en sus cuatro años de vida. Así el mecanismo dinámico o motriz del toro es más perfecto, consigue con menos esfuerzo efectos más seguros. Los juegos no modifican el temperamento y menos despiertan intenciones e ideas incompatibles con su heroísmo rudimentario ; el toro es una máquina más perfecta, su lidia más peligrosa por el vigor, por la técnica, pero falto de intención y de malicia que en realidad existe desde su nacimiento en relación directa con la defensa de la vida.
En las luchas de los toros hay también mucho de juego, hay igualmente motivos de competición.
El toro se rige por el mando el más fuerte y astuto de la camada y que éste pierde el mando cuando otro le pega y pierde el combate.
Juegos y luchas son ejercicios naturales del toro, son fenómenos vitales, como la rumiación y el sueño.
El toro se prepara para la lucha mediante estos ejercicios y su triunfo depende principalmente de la fuerza y agilidad muscular y de técnica desarrollada en los golpes de ataque y defensa.
En relación con la utilidad práctica de los juegos de los becerros, podemos decir que los juegos son acciones preparatorias para su vida adulta de toro.
No hay en el juego un carácter especial, el animal solo emplea el exceso de su energía, y al mismo tiempo solo encuentra límite en la energía muscular, se cansa, no se aburre.
El animal tiene una tendencia muy marcada a jugar ejercitando los órganos en desarrollo muy avanzado.







viernes, 29 de octubre de 2010

LA POESIA EN LOS TOROS (5)


Hoy les traigo del llanto por Ignacio Sánchez Mejías, escrito por su gran amigo Federico García Lorca, la II parte del mismo, para mí la más bonita, titulada LA SANGRE DERRAMADA.

Antes les hago una biografía breve de Ignacio Sánchez Mejías, pues pienso que de esta forma se identificarán después más con la mencionada poesía.
Ignacio Sánchez Mejías, nació en Sevilla el 6 de Junio de 1891. Pertenecía a una familia distinguida y con medios de fortuna más que decorosos. Su padre era médico y quiso dedicar a su hijo Ignacio como lo había hecho con otro hijo José a lo mismo.
No conoció, pues Ignacio en su infancia necesidad que explicara su vocación por una profesión de riesgo como la de torero.
Desde niño, prefiere las compañías de torerillos y juega con ellos en la calle y acude cuando puede al campo a torear.
Conoció a Joselito cuatro años menos que él. Empieza a estudiar el Bachillerato con idea de seguir con Medicina.
Pero no terminó el Bachillerato y por miedo a la represión paterna, desaparece de su casa en 1909, embarca en Cádiz sin dinero ni pasaje con destino a Nueva York. Lo descubren en el barco y no le dejan desembarcar las autoridades, acudiendo Ignacio a su hermano Aurelio, establecido en México, y este garantiza su persona y logra lo trasladen a Veracruz.
Regresa a España en 1911, y torea de banderillero con Fermín Muñoz "Corchaito". Marcha a México con el misma matador, de regreso a España fue de banderillero a las órdenes de Cocherito de Bilbao, con Machaquito y toreó en las cuadrillas de Juan Belmonte y Rafael el Gallo, tomó prestigio y Joselito lo llevó de primero en su cuadrilla.
El 16 de Marzo de 1919, Joselito en Barcelona le cede la muerte del toro Buñolero, de la ganadería de Martínez, cortó la oreja en su alternativa y salió a hombros.
Confirma en Madrid en 1920, con Joselito, Belmonte y Valerito, confirmó con el toro Presumido de Vicente Martínez, dio la vuelta al ruedo.
Toreó en Talavera la fatídica tarde del 16 de Mayo de 1920, con Joselito, el dio muerte a Bailador, de la Viuda de Ortega, toro que causó la muerte de Joselito. Toreó con éxito en España y México en 1922 torea cuarenta y tres corridas. En 1923 permanece retirado, vuelve al año siguiente en la feria de hogueras de Alicante con más arrestos que al principio. En 1925 torea 61 corridas y sigue siendo la figura más atractiva de los carteles. En 1926 torea treinta y siete corridas.
Ignacio tenía afición literaria en 1928 estrena en Madrid, su drama Sinrazón y su comedía Zayas, en Santander.
Vuelve a los ruedos en 1934. Falto de agilidad y sobrado de peso, se sometió a tan riguroso entrenamiento que llegó a caer rendido por una ciática, que le retuvo en cama, consumido de impaciencia. El 15 de Julio hizo su aparición en Cádiz, con 6 toros de Domecq, acompañándole Niño de la Palma y Pepe Gallardo. El 22 de Julio torea en San Sebastián y el 5 de Agosto en Santander. El 6 en la Coruña y el 10 en Huesca. El 11 de Agosto acude a Manzanares para satisfacer a la Empresa, por un accidente de automóvil de Domingo Ortega, le llaman para que lo sustituya, en el primer toro de lidia ordinaria, llamado Granadino, de la Viuda de Ayala, con el nº 16, negro bragado, inició la faena de muleta con un pase sentado en el estribo de la barrera al repetirlo de la misma forma, fue prendido por la ingle derecha y horriblemente volteado. La herida de 12 centímetros de profundidad y calificada de grave. No se le operó en Manzanares por empeño del diestro, que con gran ánimo, decidió trasladarse a Madrid, llevando la herida taponada.
A la una de la madrugada llegaba a Madrid, pasó el día siguiente muy decaído, le hicieron una transfusión de sangre a la que se prestó el matador de toros Pepe Bienvenida.
Pasó la noche muy inquieto y declarada la gangrena, falleció a las nueve cuarenta y cinco de la mañana del lunes 13 de Agosto de 1934. Se condujo el cadáver a Sevilla y fue inhumado en la misma sepultura de su cuñada. Joselito, se había casado el 27 de Diciembre de 1915 con Dolores Gómez Ortega hermana de Rafael el Gallo y Joselito.


LA SANGRE DERRAMADA.


¡ Qué no quiero verla !
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡ Qué no quiero verla !

La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.
¡ Qué no quiero verla !
Que mi recuerdo se quema.
¡ Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña !

¡ Qué no quiero verla !

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos,
hartos de pisar la tierra.
No.

¡Qué no quiero verla !

Por las gradas sube Ignacio,
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta
¡ No me digáis que la vea !
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza ;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡ Quién me grita que me asome !
¡ No me digáis que la vea !
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.

No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡ Qué gran torero en la plaza !
¡ Qué buen serrano en la sierra !
¡ Qué blando con las espigas !
¡ Qué duro con las espuelas
¡ Qué tierno con el rocío !
¡ Qué deslumbrante en la feria !
¡ Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla !

Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando,
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡ Oh blanco muro de España !
¡ Oh negro toro de pena !
¡ Oh sangre dura de Ignacio !
¡ Oh ruiseñor de sus venas !
No.
¡ Qué no quiero verla !

Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡ Yo no quiero verla !